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Más de 2.000 instalaciones sanitarias han sido dañadas en Ucrania en cuatro años de guerra: "Entre bombardeos la vida es imposible"

2026-02-24 - 05:03

Desde el 24 de febrero de 2022, más de una instalación sanitaria al día —más de 2.000 en total— ha sido dañada o destruida en Ucrania por los bombardeos. A ello se suman los continuos ataques contra la red energética, que han recrudecido las condiciones de millones de ciudadanos, que se han acostumbrado ya a vivir con cortes recurrentes del servicio eléctrico, calefacción y agua caliente. La situación, tras cuatro años de guerra, es especialmente crítica en hospitales y centros de salud y ha agravado además los problemas médicos que ya padecían muchos ciudadanos. Así lo advierte la organización Médicos sin Fronteras (MSF), que lleva en el país desde 1999 y ha incrementado sus labores desde el estallido de la invasión rusa. "La situación actual es terrible. Ataques contra las infraestructuras energéticas, temperaturas que este invierno han caído hasta los -20 grados, falta de agua y electricidad. Hay muchos problemas y, entre bombardeos, la vida es imposible", cuenta a 20minutos James Kwerwan, uno de los supervisores de las clínicas móviles con las que MSF se desplaza a las zonas más golpeadas por el conflicto. Tras cuatro años de guerra, cuenta, los ucranianos siguen teniendo "una impresionante fortaleza y espíritu para seguir cada día", pero también reconoce que ha sido testigo del degaste que han ido sufriendo: "Están cansados, cansados de guerra, de tanto sufrimiento..., pero a pesar de todo ello siguen aguantando". Muchos de ellos han visto como las instalaciones sanitarias en donde les atendían han quedado reducidas a cenizas, pero tienen que seguir haciendo frente a las enfermedades crónicas que padecen como diabetes, hipertensión u otras patologías. Pese a ello, lo cierto es que muchas estructuras médicas, especialmente de la zona este del país, han quedado totalmente destruidas. "Hay muchos hospitales que no funcionan por la guerra y que han sido atacados por drones. Nosotros mismos hemos tenido que salir de algunos centros que luego han sido destruidos por los ataques. También han quedado abandonadas muchas clínicas de salud porque sus trabajadores han tenido que huir. La gente se ha quedado sin recursos médicos y sin farmacias", detalla este responsable de MSF. Ante este escenario, una de las grandes consecuencias han sido los desplazamientos de población. Se calcula que seis millones de personas han abandonado el país y otros cuatro millones se han desplazado de forma interna desde las zonas más fronterizas con Rusia a otras donde, en teoría, la seguridad es mayor. Pero lo cierto es que ningún lugar es seguro, tal y como expone Kwerwan: "Hay lugares más peligrosos que otros, pero lo cierto es que la sensación de inseguridad está en el aire tanto en el este, como en cualquier parte del país. Hay ataques en todas partes y los cohetes y drones pueden llegar en cualquier momento". De todos estos desplazados, una gran mayoría se han visto obligados a abandonar sus casas, pero han decidido, de hecho, no quedarse muy lejos de la línea del frente. Tienen, como explica este responsable, la esperanza de poder volver a sus hogares algún día: "Muchos van de casa en casa y realmente no tienen nada, no tienen un hogar, no tienen comida, no tienen ropa, poco dinero..., la mayoría son personas que ya eran pobres, ancianos con pocos recursos o gente con problemas de movilidad. Es muy difícil volver a establecerse y buscarse otra vida, un nuevo hogar que probablemente nunca encontrarán...". A temperaturas de -20oC y sin suministro eléctrico La guerra en Ucrania no solo la han padecido en estos cuatro años quienes han tenido que emigrar o han perdido su casa en las zonas más bombardeadas. Aunque muchos ciudadanos hayan tenido la suerte de poder seguir viviendo en sus hogares, lo cierto es que los ataques rusos contra infraestructuras energéticas han agravado las condiciones de todo el país. "En muchos hogares solo se cuenta con tres o cuatro horas de suministro eléctrico. Es el tiempo que tienen los ciudadanos para poder hacer todas sus necesidades, poder cocinar, poder lavar la casa...". Este invierno, además, se ha convertido en el peor de los últimos diez años con termómetros que han llegado hasta los -20oC grados, lo que ha agravado aún más las vulnerabilidades ya profundas de personas mayores que viven solas, de pacientes con enfermedades crónicas y de familias desplazadas que sobreviven en alojamientos precarios. En algunas zonas, las más próximas al frente, hay además comunidades enteras que pasan días o incluso semanas sin servicios básico. "Los ataques han sido extremadamente difíciles para los ciudadanos ucranianos y en muchos puntos hace tanto frío en la calle como dentro de las casas", detalla Kwerwan. Un buen ejemplo de lo que vive el pueblo ucraniano es Damir, un bebe de tan solo dos meses que, como explican desde MSF, solo se ha bañado dos veces desde que nació, una en el hospital y otra en su hogar en una ocasión en la que tuvieron luz para calentarse. "Ahora usamos toallitas porque hace mucho frío. La habitación no llega a calentarse a tiempo para bañarlo y tengo miedo de que mi hijo se resfríe", cuenta su madre, una de las miles de personas atendidas por la organización. Los pacientes de MSF se han duplicado en tan solo un año Las clínicas móviles que coordina Kwerwan es solo uno de los proyectos con los que cuenta MSF en Ucrania. Atienden a todo tipo de personas vulnerables y sin recursos y también a todos los heridos que dejan los innumerables ataques rusos. Entre 2022 y 2025, estas clínicas han llevado a cabo más de 370.000 consultas en zonas con acceso limitado o inexistente a la atención sanitaria. En cuanto a pacientes atendidos, el número se ha duplicado en tan solo un año, pasando de 4.327 en 2024 a 9.50 en 2025. La organización también emprende labores de apoyo en hospitales, donde sobre todo atienden las áreas de urgencias y de cirugía. Otro de sus proyectos en el país es el despliegue de ambulancias que se encargan de transportar a los heridos hasta centros para poder recibir la atención médica que necesiten. Según números de la organización, solo en 2025 sus ambulancias han realizado 10.722 traslados de pacientes, de los que el el 60% han estado relacionados por heridas relacionadas con el conflicto. Un impacto profundo en la salud mental La guerra también está teniendo consecuencias graves en la salud mental de muchos de los ucranianos. Así lo certifican también los médicos presentes en el lugar, quienes alertan de que su impacto es menos visible, pero igualmente profundo. Solo en 2025 desde MSF han realizado más de 55.000 consultas psicológicas. "La mitad de los pacientes atendidos por MSF en el centro de salud mental ha recibido un diagnóstico de trastorno de estrés postraumático o depresión", explica Elena Butta, excoordinadora médica de MSF en la ciudad de Vínnytsia: "Cuando una proporción tan elevada de la población vive con las secuelas del trauma, se resiente el propio tejido social. No es solo sufrimiento individual: se ven afectadas las relaciones familiares, la capacidad de trabajar y la confianza en el futuro". También alerta de ello Jorge Castro Aremijo, el actual coordinador de este proyecto: "Hablamos de altos niveles de sufrimiento psicológico debido a la exposición prolongada a la violencia, al desplazamiento y a la pérdida. Estamos hablando de condiciones de salud mental que van desde depresión, desde ansiedad hasta ya diagnósticos complejos como el trastorno de estrés postraumático". Dentro de este último, Aremijo destaca que tras cuatro años muchos ciudadanos siguen teniendo aún recuerdos intrusivos sobre las experiencias traumáticas relativas a bombardeos o ataques que han experimentado. Unas "revivencias" que van más allá del simple recuerdo y que hacen que lo vivido vuelva a sentirse como si fuera la primera vez: "El sistema de alarma se activa y por mucho que muchos hayan huido a zonas que sean relativamente más seguras, siguen estando siempre expuestos a un ambiente de alerta y a la posibilidad de volver a experimentar la situación traumática que les genera su malestar". "Estos síntomas pueden afectar gravemente a la vida cotidiana y al proceso de recuperación, especialmente en personas que ya enfrentan también otro tipo de lesiones relacionadas con la guerra o de secuelas relacionadas con el desplazamiento", añade Aremijo. En el centro en el que trabaja se ofrece así ayuda o apoyo psicológico a todas aquellas personas que puedan verse afectadas por esta situación. Muchos son civiles que han sufrido traumas, pérdidas o estrés prolongado, pero también entre ellos se encuentran veteranos de guerra, desplazados internos o supervivientes de cautiverio. Las cicatrices de todos estos años de asedio se dejan ver en sus testimonios personales. Zinaida Babisheva, de 67 años, es una mujer ucraniana que ha tenido que abandonar su hogar y refugiarse en Dnipro, donde evoca el jardín de su casa y cómo era la vida antes de la guerra y de que el trauma llegar a sus vidas: "Teníamos manzanas, ciruelas, cerezas, peras y melocotones. Muchas rosas y lirios. Ahora mi hija cultiva flores, pero yo ya no tengo ganas de hacer nada".

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