TheSpaineTime

Música creada por IA, entre el atractivo y la laguna jurídica: "Deberían pagar un cánon a los artistas por entrenar a los algoritmos"

2026-03-01 - 08:53

"Le tiras una idea así borrador y te hace un track de puta madre como quieras", dice convencido un productor que prefiere no revelar su identidad, al que vamos a llamar Miguel. Compagina encargos para grupos y grandes artistas con su proyecto personal propio y música para publicidad. La herramienta a la que se refiere es Suno, probablemente la plataforma de generación musical con IA más conocida ahora mismo. Aunque él no la use ni tiene intención de hacerlo, ha trasteado con ella para ver qué es lo que ofrece. Basta con introducir un prompt -estilo, instrumento, una canción parecida, incluso una letra- para que el sistema entregue una canción casi completa en cuestión de segundos. "Está con bastante hype", explica. Estas plataformas ya no generan simples bocetos, sino temas sorprendentemente acabados, listos para maqueta. Otra de las herramientas que ha investigado es ACE Studio, un "simulador de cantantes", como él lo define. Introduces melodía y letra, eliges idioma y tipo de voz, y el sistema canta. "No está mal, pero es un poco chustilla, tienes que tirarte un buen rato para que suene algo más o menos realista", matiza. Frente al abanico cada vez más amplio de posibilidades y de softwares que se desarrollan a pasos agigantados, la música vive uno de sus momentos más transformadores desde la llegada de la producción digital y el streaming. La inteligencia artificial ya no es una herramienta futurista, sino un recurso que interviene en la composición, la producción, la mezcla e incluso en la interpretación. La música tal y como la concebimos hoy deja paso a la ventana de oportunidades que representa la IA. La línea que separa la creación humana de la generación algorítmica ya no es nítida, y muchas de estas canciones ya ocupan un lugar en las plataformas. Casos como las bandas The Velvet Sundown o Breaking Rust lo ilustran fácilmente. Ambos grupos irrumpieron en Spotify con álbumes publicados, portadas cuidadas y una supuesta identidad. Pero tras esa fachada no hay músicos ni trayectoria vital, las canciones, las voces y las imágenes promocionales han sido producidas por sistemas de inteligencia artificial. Los artistas pasan a compartir el mismo espacio que estos perfiles y se oponen al mérito que parece que las corporaciones les atribuyen. Algo que genera un conflicto de derechos y abre un debate jurídico difícil de tratar. Breaking Rust acumula millones de reproducciones. The Velvet Sundown también parece ser una banda lista para competir en el mercado digital. ¿Una herramienta de creación? Maria Arnal, considerada una de las voces más innovadoras de la escena musical contemporánea en España, es una de las artistas que más ha explorado activamente este territorio, incorporando estos sistemas en procesos creativos que dialogan con la memoria, la voz y la tradición oral. Durante los últimos años ha explorado los límites de la voz humana y el potencial artístico de la clonación de voz. Parte de este trabajo lo desarrolló gracias a una residencia becada en el Barcelona Supercomputing Center. Allí pudo investigar sobre computación avanzada y experimentación sonora. Arnal no es la primera vez que se adelanta. A lo largo de su carrera ha demostrado una inclinación constante por experimentar con nuevas tecnologías. Su nuevo álbum, AMA, que se estrenó el pasado viernes, integra estas herramientas como un elemento central del concepto: "Me he clonado la voz como 60 veces", explicaba la semana pasada en el podcast Algó Cambió... de Jenesaispop y la Fundación SGAE. "Nuestra máxima referente es Maria Arnal, ella ha estado investigando muchísimo", destaca Carlota Flanêur, desde la escena pop independiente. La artista barcelonesa afirma que, aunque no le atraiga ni le despierte curiosidad jugar con la IA, "se le puede dar un uso muy creativo". Para ella, la posibilidad de que su voz pueda ser clonada mediante inteligencia artificial no es motivo de alarma, intenta menoscabar su impacto y asegura que no le da "tanto miedo" que puedan replicar su timbre de forma digital. Porque hay algo que la IA no podrá reproducir: la experiencia del directo. "No se podrá clonar un concierto mío donde yo soy yo misma", subraya, poniendo el acento en la dimensión irrepetible que es la conexión humana genuina. "La experiencia humana nadie nos la puede quitar, hay que preservar los conciertos". Ahí es un terreno donde la máquina nunca podrá llegar. Existen muchos y diferentes conceptos de IA aplicada a la música. Al principio, Uri, vocalista y guitarra del grupo indie-rock catalán VITTARA, se llevó una buena impresión. En 2019, recuerda ver un vídeo del productor y youtuber Jaime Altozano. "Él hablaba de un software que te permitiría separar por pistas de varios instrumentos un mix ya hecho, cosa que realmente era muy revolucionaria", admite. "Imaginaba herramientas y utilidades brutales para expandir la creatividad pero de la idea brillante e inofensiva ha ido derivando en algo más oscuro, una herramienta para eliminar la creatividad en manos del capital y la eficiencia", asevera. Muchos de los programas de producción como Logic Pro, ya incorporan herramientas de inteligencia artificial entre sus funcionalidades. "No es malo en sí mismo, siempre y cuando estén pensadas para mejorar o ayudar a mejorar el proceso creativo de un artista", apunta Uri. "Evidentemente, cuanto más pequeño eres y menos presupuesto tienes, más probable es que tengas que apoyarte en estas herramientas que aceleran y facilitan los procesos", reconoce. Por un lado está la que funciona como herramienta técnica, limpiar silencios de una pista, detectar el tempo, sugerir acordes. "No veo motivo ninguno para no aprovecharse de ellos e incluirlos en tu workflow", añade Miguel. Son utilidades que aceleran el trabajo, pero no lo sustituyen. Otra cosa, matiza, son los generadores tipo Suno. "Lógicamente para eso es mejor que paguen la aplicación y lo hagan ellos. Imagínate, quedo con el cliente, grabamos una idea, la pongo allí y en dos minutos toda la producción por la que me estás pagando ya está hecha... qué poca vergüenza". Las rendijas legales Si el debate creativo es complejo, el jurídico lo es aún más. Para David Moreno, abogado de propiedad intelectual especializado en el sector digital y fundador de CopyrightStudio, la irrupción de la IA supone un desafío que sí que es comparable a otras grandes revoluciones tecnológicas, desde la imprenta de Gutenberg hasta Napster. Sin embargo, introduce un elemento cualitativamente distinto: "Por definición legal, una obra es el resultado de una creación intelectual humana original. Con la IA aparecen obras producidas con intervención humana mínima o indirecta. Y ese cuestionamiento de la autoría humana no existía con tecnologías anteriores". Miguel cree que en un futuro podría llegar "un papel lejanamente similar a un productor". Cuenta que en publicidad de Instagram le han salido muchos productores promocionando Suno y que para él pierden "toda la credibilidad como gente que quiere dedicarse a la música". "Me estás vendiendo que eres productor y que me ayudas a plasmar ideas para mi canción pero no lo haces tú sino lo hace un software?", espeta. En uno de sus encargos de jingles publicitarios, le pidieron arreglar una canción que estaba hecha con IA. "Técnicamente estaba muy lograda, era como una salsa con acordes sencillos y una melodía pegadiza", empieza. Aun así, la rigidez y el exceso de perfección delataron a la pista. Lo que evidencia que estas creaciones son artificiales, según lo que ha visto, son "las voces, que no se acaban de notar naturales", o la misma imperfección humana: "Les pasa que suenan demasiado en su sitio exacto y no hay movimiento dinámico ni de tempo, que es lo que nos pasa a los humanos". Moreno advierte que cuando un modelo de IA se entrena con catálogos musicales protegidos sin consentimiento de los autores, puede ser objeto de infracción. Si un sistema se alimenta de catálogos con derechos sin autorización, ¿estamos ante una infracción? El problema es la prueba. Aunque sospeches que tu obra ha sido utilizada, demostrarlo técnicamente es complejo. "Nos encontramos frente a un problema grave de carga de la prueba, el artista no tiene acceso al modelo ni a los datasets de entrenamiento", subraya. La inquietud de los artistas es que el sistema pueda hacerlo a partir de obras protegidas sin que ellos tengan forma de comprobarlo ni de defenderse. El problema nace de la opacidad, del desconocimiento. "Los modelos de IA pueden entrenarse con catálogos protegidos por derechos, pero ahora mismo no hay manera de darnos cuenta de eso. No lo podemos saber, no estamos protegidos frente a ello y no sé cómo podríamos estarlo", lamenta Flâneur. Si se sospecha que su música se ha usado sin permiso persiguiendo este fin, el artista debe reunir indicios que respalden esa sospecha; pedir acceso judicial a información del desarrollador y ejercer acciones por infracción si esta se confirma. "La ley europea ofrece mecanismos para forzar revelar información cuando hay sospecha fundada", asegura Moreno. En un entorno en el que todo se consume y crea a una velocidad cada vez más alta, el uso de estas herramientas puede mercantilizar más la creación, tratada como un simple intercambio. Miguel, acostumbrado a trabajar en plazos inmediatos, cree que "ahora mismo, el enemigo a batir más que la IA son las librerías de sonido. Pagas una mensualidad, como 12 euros y puedes coger las canciones ya hechas por humanos que quieras y del estilo que quieras para tus anuncios". Eso sí, el cliente ahorrará mucho dinero, pero la canción no estará hecha a medida del anuncio y cualquier otra marca podría utilizarla. "Intervención humana significativa" La clave, explica Moreno, no está tanto en cómo suena una canción, sino en cómo se ha creado. "La legislación no distingue por el resultado, sino por el origen jurídico de la obra". Es decir, por el grado de intervención humana en el proceso creativo. Para él, lo esencial está en el control creativo. Una intervención humana es jurídicamente relevante cuando "el artista decide la estructura musical, la melodía, la armonía, los arreglos y la forma final de la canción", explica. Es decir, cuando existen "elecciones libres y no determinadas por la tecnología" y una verdadera "aportación expresiva personal": un estilo propio, una intencionalidad artística, decisiones estéticas reconocibles. "En resumen, cuando la canción tiene alma". En realidad, cuando hablamos de este término, en realidad nos estamos preguntando si existen decisiones creativas humanas reconocibles en el resultado final. El concepto de "intervención humana significativa" (o aportación humana suficiente), asegura el letrado, es el central en el debate sobre IA y derecho de autor, "pero se trata de una construcción doctrinal e interpretativa que deriva de los criterios clásicos de autoría y originalidad, y no es un término jurídico codificado en una ley concreta en España o en la UE". Solo las personas se consideran con capacidad creativa suficiente para ser creadoras. Grandes plataformas como Spotify, Amazon Music, Youtube, Apple Music permiten música generada con IA. También Deezer y Tidal. En sí mismo, no supone una ilegalidad, es una decisión empresarial. La única que ha vetado

Share this post: