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'Maite', de Fernando Aramburu, cruel asesinato de ETA

2026-03-03 - 12:43

Muchos españoles recordamos aquellos días de julio de 1997, cuando estuvimos pendientes de la radio y el televisor, a la espera de que ETA desistiese de cumplir su amenaza, y dejara libre a Miguel Ángel Blanco , el joven concejal del PP de Ermua, que a la edad de 29 años fue secuestrado por la banda, exigiendo a cambio de su liberación un imposible. Ni siquiera la más grande manifestación que se conoce en Bilbao y cientos de ellas en toda España, en la víspera del asesinato, el día 13 de julio, sirvieron para que la banda se apiadase. Un tiro en la cabeza perpetró un asesinato que mostró a todo el mundo la deriva de una cruel sinrazón. Manos blancas de jóvenes y mayores iniciaron el que se conoció como espíritu de Ermua, hoy casi olvidado. Para que tal cosa no ocurra hay novelistas como Fernando Aramburu , vasco comprometido con su tierra y la libertad, quien ha escrito como pocos han logrado hacerlo una literatura soberbia sobre aquellos años de plomo. Llegó a ser conocido Aramburu, que en esta novela acentúa su simpatía por sus raíces, por el clamoroso y justo éxito de 'Patria' , anticipada por los cuentos reunidos en 'Los peces de la amargura', y continuada con la grotesca parodia 'Hijos de la fábula'. Sin embargo, no ha alcanzado la novela 'Maite' la altura literaria de las precedentes. Queda clara la condena, sí, y es seguida en una novela ajustada en sus sucesos a los cuatro días del secuestro, pero no siempre los temas grandes logran la obra literaria que mida su altura. Hay dos problemas literarios que lo impiden. El primero es de estructura de atención. 'Maite' termina siendo la historia de los matrimonios de dos hermanas: la que da título a la novela, y Elene, casadas la primera con Andoni y la segunda con Johnny, un americano de Providence (Rhode Island). La historia del secuestro de Miguel Ángel Blanco actúa como fondo, pero termina siendo un contexto de las historias familiares de las dos hermanas y su madre, con el lejano recuerdo del fallecido aita. Esta predominancia de la vida familiar y de casos matrimoniales saca al lector continuamente del suceso trágico perpetrado por ETA , que termina por ser lateral, cuando hubiera merecido ser el centro. Por decirlo en términos técnicos, la catarsis se origina en el caso de Elene para con la violencia de su marido, pero se evita la catarsis posible para con el asesinato de Ermua. El segundo problema literario es que Aramburu, por evitar quizá el melodramatismo, convierte la vivencia del caso en un cronómetro de quienes están pendientes de él, pero el lector no entra literariamente en tal tragedia. Tan solo ocurre una vez, cuando Maite imagina la conversación que tendría con los padres del joven etarra a quien tocaría perpetrar el disparo. Esa pauta de exterioridad , sometida a lo que las noticias van diciendo, evita por eso mismo la interioridad, es decir aquel recurso que la literatura habría podido aportar y en el que es arte insustituible. Con relación a la historia principal, la de las relaciones conyugales de las dos hermanas, Aramburu vuelve a dar muestras de su gran oficio de buen narrador , pues oculta mucho y lo va desvelando poco a poco. Lo que concierne a Elene, silenciosa víctima de malos tratos de su marido (epítome de violencia), termina saliendo a la luz (si bien el personaje Leandro resulta algo inverosímil). Lo que concierne a Maite y Andoni queda como pista que se deja a las conclusiones del lector, quien llega a imaginar un iceberg oculto.

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