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Manuel Vilas lega en la Caja de las Letras sus diarios de joven, nunca leídos, tres cartas de amor a Ana Merino y la foto de su boda

2026-02-04 - 16:45

En la caja 1.611 del Instituto Cervantes, en tiempos llena de dinero y de joyas, ahora duermen poesía, amor y nostalgias. Manuel Vilas (1962), poeta, ensayista y autor de novelas como Ordesa y Los besos, ha dejado dentro de esa especie de cofre de las herencias un testimonio muy personal, que no se podrá abrir de nuevo hasta 2051, a elección del donante. Testigos de este acto casi solemne han sido, entre otros, su mujer, la escritora Ana Merino, y el director del Instituto Cervantes, Luis García Montero, con el que compartió sus comienzos de poeta. "Somos tiempo y la poesía. Antonio Machado acertó de una manera extraordinaria y casi filosófica y definitiva cuando dijo que la poesía es palabra en el tiempo. A lo que cabe añadir otra reflexión muy inquietante de mi amado Franz Kafka que decía que el el conocimiento más terrible que puede tener un ser humano es saber la fecha de su muerte. No sabemos cuándo moriremos. Y sin embargo ese día ronda, nos ronda desde que aparecimos, desde que aparecimos en el mundo". Vilas, próximo a publicar su nueva novela, Islandia (Destino) ha depositado un "tesoro emocional", como lo ha calificado él, ecléctico y secreto. En el lote cerrado a partir de ahora a cal y canto (una llave la tiene el autor y la otra el Cervantes) están tres cartas de amor a Ana Merino en los inicios de su relación, una foto de su boda en 2015 en Iowa (EE UU), las de ambos vestidos de pioneros americanos, retratos de un Vilas joven y, quizás lo más literario: 20 cuadernos o diarios escritos de joven, que nunca nadie ha leído porque son "muy descarnados y extremadamente íntimos. Me han acompañado en las distintas mudanzas y en los distintos avatares que ha habido en mi vida de carácter sentimental, de carácter geográfico, de carácter profesional". Para evitar "la tentación de destruirlos", asegura que "la manera de salvarlos era sacarlos de mi responsabilidad y darlos al Instituto Cervantes". ¿Por qué volver a abrazarlos 25 años después? "Pienso que no estaré, y si estoy habrá otro mundo allá fuera. ¿Quién estará? ¿Estará la cultura tal y como la conocemos hoy?", se ha preguntado. El escritor ha reflexionado sobre ese mundo nuevo, en el que "quizás ya no esté", lo que le produce "una sensación de enorme belleza y terror". Además, Vilas ha amontonado en ese botín emocional dos discos duros que usaba en los 90, cuando comenzaba a informatizar su obra, una edición de su libro Ordesa traducido al chino por lo exótico que le resulta ver en ese idioma incomprensible el nombre de su pueblo "insignificante", Barbastro, el eje vital de la novela. También unos posavasos con la cara de Fakfa, su gran referente literario en todos los siglos y un manual para viajantes de comercio que perteneció a su padre, del que leyó entre emocionado y risueño, unos párrafos. También hay en la caja 1611 un CD de Lou Reed (su ídolo musical) y una postal enviada por su mujer que avivaba sus gustos por Johnny Cash. "Ella consiguió tres sellos", admitió satisfecho. Vilas terminó su explicación antes de introducir todos esos objetos en su caja, con un deseo: "Encapsulo todo esto para el futuro con el ánimo de que de que el futuro sea benevolente, sea compasivo con con este presente histórico en el que estamos y que en 2051 siga siga habiendo amor, poesía y libertad en el mundo". García Montero ha ofrecido a Ana Merino depositar su legado en la cámara acorazada de la institución, y que incluya "algunas de las cartas de respuesta que le mandaste a Manuel Vilas, porque será muy interesante entonces comprobar la ida y vuelta del amor, de la poesía, del tiempo, esa ida y vuelta que nosotros intentamos custodiar aquí".

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