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María Eugenia y su lucha por la discapacidad desde Cáceres: "¿Tiene más derechos un niño de ciudad que uno del rural?"

2026-02-07 - 07:55

Marcos tiene 7 años y no habla. En febrero de 2020 sus padres lo llevaron al médico porque algo no encajaba. Empezaron las evaluaciones y llegó el covid. Ya nadie hacía caso a Marcos. Su madre, María Eugenia Búrdalo Nogales, no aceptó ese parón pandémico y siguió buscando respuestas. Esta familia es de Cáceres y María Eugenia acabó contactando con un médico de Badajoz. El médico le pidió que le enviara unos vídeos: uno haciendo ruido detrás del niño y otro delante de él cantando. Así lo hicieron. Al verlos, el médico estuvo casi seguro de que Marcos necesitaba una operación urgente de oído. Pero Marcos seguía sin tener hueco en la sanidad pública. Todo estaba parado por el covid. María Eugenia no entendía nada; “yo estaba desesperada, ¿cómo no pueden aceptar a mi niño?”. Con ayuda del médico de Badajoz consiguieron que lo operaran allí, en la privada, en mayo de 2020. La familia se saltó el confinamiento y se enfrentó a la guardia civil, que la quiso denunciar cuando los pillaron yendo de camino a la operación. Marcos tiene hipoacusia bilateral sensorial y trastorno del desarrollo, “una evolución más lenta”, explica su madre. Aquella fue la primera de las cuatro operaciones que ha tenido y es muy probable que le esperen más. En la tercera casi murió. “Fue allí cuando me cambió el planteamiento”, recuerda su madre. “Hasta entonces solo pensaba quiero que mi hijo hable, hasta que pasé a no puedo pretender cambiar a mi hijo, lo que tengo es que cambiar el mundo por él, la mirada de las personas. Me dijeron que estaba loca”. María Eugenia siempre había vivido en Cáceres. Trabajó durante años en administración y comercio exterior. En 2016 su vida cambió cuando decidió hacerse cargo de unas fincas que tenían sus padres en Almoharín. Allí plantó higueras y se convirtió en agricultora. Forma parte de la cooperativa de la zona y vende toda producción a Cataluña, donde la envasan y la venden. Económicamente le iba (y le va) bien. María Eugenia no lleva bien que se valore tan poco el producto local. “Por envasarlo en Cataluña ya tienen derecho a poner en la marca que es de allí. Lo mismo pasa con el aceite español, que los italianos lo compran a granel y lo venden allí como si fuera de Italia. Me da pena que no valoremos nuestros productos”, cuenta. La discapacidad de su hijo y la necesidad de defender el producto local le llevaron a fundar en 2023 Huecoex en Aldea del Cano, un pequeño pueblo cerca de Cáceres. Toda la familia se trasladó a vivir allí. “Marcos vive rodeado de animales y eso le viene muy bien, tiene una sensibilidad especial para los animales”, cuenta su madre. Esos animales son las gallinas camperas que ponen los huevos que venden en Huecoex. Los huevos se venden en distintos lugares de Extremadura y también en algunos supermercados de Carrefour en Madrid. Como María Eugenia no es dueña del producto final con los higos secos de sus higueras, decidió montar Huecoex para visibilizar la discapacidad de su hijo y apoyar otras discapacidades. “En la caja de una docena de huevos hay un pergamino con la historia de Marcos. Por cada docena que vendo, destino diez céntimos a ayudar a un niño o niña con necesidades especiales del rural. La ayuda la doy a través de Fademur, una federación de mujeres rurales. Por poco que aporte, algo es y para mí es importante hacerlo porque en el medio rural tenemos que luchar más”, defiende. “El colegio de Aldea del Cano acepta a mi hijo, pero no le ponen los recursos que necesita. ¿Por qué? Esa es mi pregunta. ¿Tiene mas derechos un niño o una niña de ciudad que uno del rural? Marcos va una escuela pública ordinaria de Cáceres. Me costó que entrara y me cuesta retenerlo allí (donde no recibe todos los apoyos que necesita) porque en Cáceres hay un colegio especial y quieren que Marcos vaya allí porque en su colegio es el único niño con discapacidad. Yo no quiero que vaya al colegio especial donde van todos los niños con discapacidad, la inclusión no es eso. Mucho hablar de inclusión, pero no hay inclusión real. Marcos es un niño igual que los demás con diferentes capacidades. Sientes mucha soledad en el sistema educativo. Me duele ver que hay cosas que no cambian. Por tener una discapacidad no quiere decir que las personas no sean capaces, lo que yo pregunto es ¿le estáis dando la oportunidad de que avance? Además, la discapacidad nos enriquece, a mí me ha hecho mejor persona y eso que al principio me vine abajo”, cuenta María Eugenia. Marcos también tiene que ir a Cáceres a logopedia y terapia ocupacional porque no hay nada en su pueblo. María Eugenia está luchando con la mancomunidad para que ofrezcan ese servicios en los pueblos de la zona. “También se habla mucho de la despoblación del rural, pero es difícil que la gente venga si no les das lo que necesitan”, protesta. La familia no necesitaba el dinero que les reporta Huecoex, a María Eugenia le va bien con sus higueras y su marido es funcionario. “Monto esta empresa cuando el silencio de mi hijo se ha tenido que convertir en una lucha”, cuenta. Si la empresa crece, María Eugenia tiene claro lo que hará: “Me encantaría hacer un centro de envasado donde trabajaran personas con discapacidad, pero con todo tipo de discapacidades porque a ellos no se les dan las mismas oportunidades”, concluye.

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