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Marga, Amparo y Sandra, tres trabajadoras con discapacidad con mucho que aportar y reivindicar: "Tenemos derechos"

2026-03-08 - 12:03

Cuando se habla de mujeres con discapacidad siempre se pone énfasis en que sufren una doble discriminación: por ser mujer y por tener discapacidad. Esto se refleja en todos los ámbitos de la vida, sobre todo en el laboral, en el que, aunque es cierto que en los últimos años ha mejorado la situación, hay una realidad palpable: las mujeres con discapacidad tienen menos acceso al trabajo, y cuando lo hacen ganan menos, tanto en comparación con los hombres con discapacidad como con el resto de las mujeres, pero, sobre todo, con los hombres sin discapacidad. Según datos de 2024, la tasa de empleo de las mujeres con discapacidad apenas alcanza el 29,8%, muy alejada del 47% registrado por el conjunto de mujeres en España; y su tasa de paro se eleva hasta el 17,9%, casi 8 puntos más que la población general. En el sueldo, la brecha también se agranda, pues cobran un 27% menos que los hombres, un 7% menos que los que tienen discapacidad y su salario es un 13% menor que el del resto de trabajadoras. Mujeres como Marga, Amparo y Sandra no solo quieren dar la vuelta a esas estadísticas, sino que, de hecho, ya lo están haciendo, gracias a su esfuerzo, a su trabajo y, sobre todo, a que alguien les dio la oportunidad de demostrarlo. Según datos de la Fundación Randstad, las mujeres han sido desde 2024 el principal motor del empleo dentro del colectivo de la discapacidad, ya que la ocupación femenina creció un 5,4%, mientras que la de los hombres descendió un 2,3%. Asimismo, la tasa de empleo femenino superó ligeramente a la masculina (29,8% frente a 28,2%), consolidando una tendencia positiva que se ha intensificado en la última década. Aun así, no se nos puede olvidar que 546.600 mujeres con discapacidad permanecen inactivas. "La brecha existe y el empleo es la mejor herramienta para reducirla. Las mujeres con discapacidad tienen mayores dificultades para acceder a puestos estables, algo que afecta a su independencia económica y a su participación plena en la sociedad", asegura Albert Campabadal Blanco, presidente de CONACEE, la Confederación Nacional de Centros Especiales de Empleo, donde casi el 49% de los trabajadores con discapacidad son mujeres, un porcentaje superior a la media de las empresas. Marga, Amparo y Sandra han conseguido estabilidad laboral gracias a la labor de centros especiales de empleo como el Grupo Sifu y los de la Fundación Juan XXIII, pero aún queda mucho por hacer en la empresa ordinaria. Porque el trabajo no es solo un medio de vida, es, sobre todo, una de las fuentes de inclusión más potentes que existen, "una herramienta real de autonomía y participación social". Las mujeres con discapacidad tienen mayores dificultades para acceder a puestos estables La importancia de la primera oportunidad Amparo trabaja como encargada de una línea de montaje en un centro del Grupo Sifu, en un entorno industrial donde la presencia femenina es minoritaria. Convive con una enfermedad degenerativa que afecta a su movilidad y que, en otro contexto laboral, habría dificultado su continuidad profesional. De hecho, se reincorporó al mercado laboral tras un periodo de inactividad por motivos de salud, gracias a un puesto adaptado. "He precisado ayuda y han sido momentos duros", reconoce. Sin embargo, más duro hubiera sido para ella quedarse en casa, según ella misma admite: "Me preocupaba mucho verme todo el día en casa tirada en el sofá pensando en el dolor que sentía en mi cuerpo". Sandra, de 34 años y con discapacidad intelectual, lleva desde 2012 trabajando como ayudante de cocina gracias a la oportunidad que le dieron en la Fundación Juan XXIII. "Mi familia y yo conocimos la Fundación a través de una noticia en el periódico, me puse en contacto con ellos, tuve una entrevista en Catering, y terminaron contratándome. Mi trabajo consiste en hacer pedidos para los corner, preparo alimentos como cortar embutido y me encargo de servir la comida en el comedor a los compañeros. Además, hago tareas de limpieza del espacio donde trabajo y del menaje utilizado", explica. Marga, por su parte, se incorporó en 2013 a un centro especial de empleo (CEE) en Sevilla con un contrato eventual y a media jornada como operaria de limpieza. Tiene una discapacidad física reconocida, dos hijos a su cargo, y no disponía de ningún apoyo familiar ni formación previa. En menos de un año pasó a contrato indefinido y comenzó un itinerario de formación interna en competencias digitales, gestión y coordinación. Al final, es cuestión de voluntad, pues con ajustes ergonómicos -en caso de tener una discapacidad física-, pausas organizadas y acompañamiento, todas ellas consiguen realizar su trabajo tan bien como cualquier otro trabajador. Lo primero es generar oportunidades reales de empleo, algo en lo que son expertos los centros especiales de empleo, "diseñados para eliminar barreras y ofrecer entornos laborales adaptados, con unidades de apoyo que acompañan a las personas trabajadoras en su desarrollo profesional", destaca Campabadal. Mucho más que un sueldo Para todas las mujeres, trabajar no es solo un sueldo imprescindible para llegar a final de mes. Trabajar supone autonomía, inclusión, participación y dignidad. Por eso, para Marga, Amparo y Sandra, trabajar es mucho más que un lugar al que van cada día a cambio de un salario. "Para mí es crecimiento personal y una oportunidad única que a día de hoy sigo aprovechando. Pude conocer a muchos compañeros y cómo es el mundo laboral. Además, me supone ilusión. Vengo todos los días contenta y me gusta el trabajo que hago y los compañeros con los que comparto el día a día", asegura Sandra. Para Amparo, trabajar supuso "volver a sentirme valorada tras la enfermedad". De hecho, haber podido trabajar con la enfermedad le ha permitido "crecer en paralelo a ella, sentirme fuerte y sentirme valorada". Me preocupaba mucho verme todo el día en casa tirada en el sofá pensando en el dolor que sentía en mi cuerpo La autoestima es, de hecho, una de los valores más importantes que aporta el trabajo a la mujeres con discapacidad, pues como señala Macarena Pérez, directora de Personas y Cultura de Fundación Juan XXIII, "muchas han crecido en entornos donde se han cuestionado sus capacidades, lo que puede hacer que duden de sus posibilidades en un entorno laboral ordinario. Las personas con discapacidad tienen que demostrar el doble en cualquier ámbito, y eso influye en su autoestima", destaca. Marga, por su parte, quiere destacar el papel del acompañamiento recibido, especialmente en sus primeros pasos. "Hay varias opciones de acompañamiento, por medio de un enclave laboral o bajo la metodología de Empleo con Apoyo (ECA), donde se acompaña a la empresa y a la persona para adaptar el puesto y las tareas a través de la figura del Preparador Laboral", explica Macarena. Ya no basta con trabajar A las mujeres con discapacidad no les basta con trabajar, quieren oportunidades de crecer en sus trabajos, y esas oportunidades no se dan si no se apuesta por su formación. Sandra, por ejemplo, consiguió su trabajo tras recibir una formación adecuada a sus necesidades y capacidades. Marga, por su parte, inició su trayectoria con un contrato eventual ni formación previa, y una década después, ocupa un puesto de responsabilidad en gestión de servicios tras un proceso continuo de formación y acompañamiento. Su evolución profesional demuestra que la inclusión no es asistencialismo, sino desarrollo real de talento. En 2024, coincidiendo con su décimo aniversario en la empresa, la delegación le rindió un homenaje por su trayectoria y compromiso, reconociendo no solo su crecimiento profesional, sino también su papel en el equipo, lo que impactó de manera muy positiva en su autoestima, porque si algo tienen que tener claro las empresas, como destacan desde Juan XXIII, es que "contar con personas con discapacidad en plantilla enriquece a nivel laboral y personal al equipo. Ayuda a entender y acercarse más a la persona antes que a la discapacidad". No podemos culpar a las empresas, porque no es falta de intención, sino puro desconocimiento A Amparo le ha sucedido algo parecido, pues empezó como operaria y hoy coordina tareas y equipos, asumiendo responsabilidades operativas en un sector tradicionalmente masculinizado. "Liderar el equipo de Fuerza ha sido como darle la vuelta a todo", celebra. El objetivo es que el empleo no sea solo una puerta de entrada, sino una oportunidad de estabilidad y crecimiento. Como insiste Albert Campabadal, "no es solo un contrato, sino un proceso de desarrollo personal y profesional. Por eso los centros especiales de empleo trabajan con itinerarios de formación, acompañamiento y apoyo individualizado que permiten que muchas mujeres con discapacidad puedan incorporarse al mercado laboral y desarrollar su carrera". En un país donde el desempleo de mujeres con discapacidad se sitúa en el 17,9%, no solo es importante el trabajo en sí, también la continuidad y promoción interna. Mucho que reivindicar Marga, Amparo y Sandra representan tres casos de éxito en la inserción laboral de las mujeres con discapacidad, pero también son conscientes de lo que queda por hacer. La igualdad, como reivindica Amparo con motivo del Día Internacional de la Mujer, "debe imperar dentro y fuera del ámbito de la discapacidad, y más si se trata de liderar un equipo donde predomina el género masculino". Reivindicar es necesario, pero hace falta la colaboración de todos, por eso, Sandra insiste en la necesidad que las mujeres con discapacidad tengan la oportunidad de trabajar: "Tenemos derechos y nos merecemos ser tratadas de la misma forma que cualquier persona", declara e invita a todas las mujeres "a luchar por sus derechos y que no se vengan abajo. Si todos ponemos un granito de arena, se puede conseguir". Como dicen en Levante, la tierra de Amparo, "forta, capaç i orgullosa de ser dona (fuerte, capaz y orgullosa de ser mujer)". Historias como las de Amparo, Sandra y Marga lo muestran muy bien: "cuando existe una oportunidad real, el talento aparece. Y eso es algo que el mercado laboral en su conjunto no debería desaprovechar. A las empresas les diría que miren el talento antes que la discapacidad, porque muchas veces las barreras no están en las capacidades de las mujeres con discapacidad, sino en los prejuicios o en la falta de conocimiento". "No podemos culpar a las empresas porque no es falta de intención, sino puro desconocimiento", añade Macarena Pérez, "porque la realidad es que, cuando las empresas conocen las posibilidades de contratar mujeres con discapacidad, repiten".

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