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Marina Conejero, la médica con 'huesos de cristal' que sueña ser pediatra: "No me iba a rendir por medir 1,25"

2026-02-11 - 06:15

El 11 de febrero se celebran el Día de la Mujer médica, y lo hace en honor a Elizabeth Blackwell, la primera en el mundo en recibir el título de Medicina. Dos siglos después, las mujeres, al menos en occidente, no se encuentran con barreras para dedicarse a la medicina, y tampoco lo deberían hacer las mujeres con discapacidad, como Marina Conejero, que con 24 años ya ha terminado la carrera y está a la espera de saber el resultado de MIR. Su sueño es convertirse en pediatra, como los que le acompañaron a lo largo de toda su infancia, pues, debido a la osteogénesis imperfecta con la que nació, las visitas al hospital era más que frecuentes. La osteogénisis imperfecta es un trastorno genético poco frecuente que se caracteriza porque los huesos se deforman y fracturan con facilidad, aunque también puede afectar a los músculos, la vista o el oído. Por suerte, Marina no ha tenido muchas fracturas, lo que le ha permitido llevar una vida bastante normal, y, sobre todo, poder cumplir su sueño de convertirse en médica, “a mis padres les dijeron que mi patología no tenía solución, que me iban a tener que tener entre algodones siempre, pero ellos no se rindieron, buscaron una alternativa, contactaron con mis médicos en Madrid y aquí estoy”, dice orgullosa. Marina creció en un pueblo muy pequeño en Baños de la encina (Jaén). Algo que tiene, según lo percibe ella sus pros y sus contras, “por un lado, es muy bueno porque todo el mundo te conoce, y eso te ayuda a adaptarte más porque todo el mundo sabe lo que te pasa, pero, por otra parte, no todas las personas con las que me he cruzado en mi pueblo me han aceptado de la misma forma. En el colegio, aunque me tratasen igual que a todo el mundo, yo necesitaba una silla especial, una mesa para no darme golpes... otros niños decían que me favorecían y me subían las notas...”, recuerda, “además de que todos esos apoyos mis padres tuvieron que pelearlos mucho sobre todo para conseguir que una persona pudiese estar conmigo durante todas las horas lectivas, porque no querían desde la Junta”. Me estaban ayudando a mí, y yo quería devolver eso en el futuro con mi trabajo A pesar de que se encontró con algunos obstáculos, desde niña tuvo claro que quería dedicarse a la medicina, “durante 16 años tuve que acudir al hospital de Madrid muy frecuentemente, varias veces cada mes. El hecho de haberme casi criado, por así decirlo, dentro de un hospital, despertó mi vocación. Me estaban ayudando a mí, y yo quería devolver eso en el futuro con mi trabajo, quería ayudar a los demás”, asegura. Su familia siempre le apoyó, nunca la han sobreprotegido, aunque su madre, como bromea Marina, no entendía cómo le quedaban ganas de trabajar en un hospital después de hacerse pasado gran parte de su infancia entre sus paredes, “me decía, ‘cambia un poco de entorno, hija’”. En la universidad de Universidad de Castilla-La Mancha, donde decidió estudiar, también la apoyaron, la ayudaron a busca una residencia y, al poco tiempo, se fue a un piso a vivir sola, “mis padres siempre han confiado mucho en mí porque he sido siempre muy responsable. Entonces, aunque tuviesen miedo, porque siempre lo van a tener, me tenían que dejar hacer mi vida”, asegura agradecida. El hecho de haberme casi 'criado' dentro de un hospital despertó mi vocación Cada persona con osteogénesis imperfecta es distinta, y, además de su fuerza de voluntad, reconoce que la enfermedad, que no le ha provocado demasiadas facturas, le ha permitido poder llevar una vida bastante normal, “he tenido muy pocas fracturas comparado con otras personas con la enfermedad, y eso ha contribuido a que tenga mejor calidad de vida, y a que pueda estudiar, pues no he tenido que estar más tiempo del necesario ingresada ni inmovilizarla en el hospital”. Tampoco ha necesitado muchas adaptaciones, y en la carrera ha hecho lo mismo que sus compañeros, "solo necesitaba, al tener una talla baja, en los quirófanos, en las prácticas de disección, un taburete para poder subirme, pero nada más y arreglarme el pijama, que mido 1,25 metros", bromea. Una pediatra con tablas y empatía A la espera de saber si la nota del MIR, Marina ya sueña con la pediatra que será, “tengo claro que quiero Pediatría. Si no me da la nota este año, lo intentaré de nuevo el año que viene. La pediatría es muy amplia, y, aunque también me gusta la pediatría hospitalaria, creo que por mi forma de ser, sería más feliz en el ámbito de la atención primaria”. Su sueño: poder acompañar a los pacientes, como hicieron con ella, “necesito estar en contacto con las familias, que es lo que me gusta de la pediatría y de la medicina. No estar en contacto solo con un niño que viene enfermo al hospital, sino seguirlo durante toda su infancia, como a mí me han seguido, desde que nací hasta que me dieron en alta en Pediatría”. En este ámbito cree que puede aportar mucho, pues “haber vivido desde tan pequeña lo que es estar en un hospital como paciente y ver a mis padres creo que me puede dar un plus de empatía de decir, porque yo ya he estado en ese lugar”. La discapacidad no nos define. Yo voy a ser Marina, tenga discapacidad o no En cuanto a si animaría a más chicas con discapacidad a estudiar medicina u otra carrera relacionada con la ciencia, no lo duda, y las invita a no permitir que sean otros los que les pongan límites, “tú mismo eres es que te impones tus propios límites. Aunque la sociedad está llena de barreras y una discapacidad te pone más barreras aún, tienes que luchar por conseguir lo que quieres. Por supuesto, siendo realistas con lo que pueden hacer. Por ejemplo, en mi caso, aunque quisiese ser cirujana al tener talla baja, no podría, tendría muy mala calidad de vida”, pero ajustando las expectativas, “yo no me iba a rendir por el hecho de medir 1,25 metros, o en otros casos, por tener otro tipo de discapacidad, porque creo que eso no te define. Yo voy a ser Marina, tenga discapacidad o no”. Para acabar, quiere reivindicar la importancia de la investigación, tanto en enfermedades raras como la suya como el cualquier otra, “el dinero que se destina es ínfimo, sobre todo teniendo en cuenta que la investigación salva vidas”.

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