Mario Daza exalta a los cofrades sin complejos en la Candelaria
2026-03-26 - 22:40
Cantando a la inminencia de la Semana Santa comenzaba Mario Daza su Pregón del Cofrade en la hermandad de la Candelaria a muy pocas horas de que Sevilla se adentrase en el Viernes de Dolores. «Ahora que el tiempo aguarda / lo que el alma ya esperaba / cuando la tarde se empeña / en vencer las madrugadas» eran los primeros versos de un anuncio, el de los días grandes de Sevilla, que en San Nicolás de Bari siempre se reciben con las puertas abiertas de par en par. La cuadragésimo cuarta edición de este acto literario del jueves de Pasión contó con las hondas palabras del periodista y redactor de ABC, que se deshizo en elogios para la corporación del Martes Santo despertando las emociones de los impacientes presentes a tan poco de ver los primeros nazarenos en la calle. Tras una profunda presentación a cargo de Antonio Muñoz Maestre, pregonero del año pasado, sonó la marcha 'Candelaria', con la que Marvizón obsequió a Carlos Herrera hace veinticinco años antecedió a Daza, como es costumbre. Una vez terminaron los icónicos sones por parte de la Cruz Roja, que previamente había interpretado la atemporal 'Pasan los Campanilleros' por petición expresa del pregonero, este no tardó en avivar los nervios de todos los presentes en la iglesia cercana a la Alfalfa al recordar la cercanía de la Semana Santa a la que nos ha conducido esta frenética Cuaresma. No en vano, 'En tan sólo cinco días' era el nombre con el que bautizó el texto. Acto seguido se afanó en poner los puntos sobre las íes respecto a la situación actual de los cofrades y de la buena salud de la Semana Santa a pesar del ruido y de todo lo accesorio, que a veces nos hace perder el sentido de lo verdaderamente importante: « Ser cofrade , por tanto, no es una etiqueta, ni una moda, ni un teatro en cuya función participamos, es algo más pegado a la creencia, unido irrenunciablemente a la fe. Una experiencia que ni se copia, ni es igual a la del resto, pero que se comparte y se imita en el ejemplo siempre acertado de nuestros mayores». El cofrade, representado en la figura del nazareno , tan importante como muchas veces silenciada, maltratada y desapercibida, fue uno de los grandes protagonistas del acto: «Son ellos los que soportan con ahínco los parones de cada año, a quienes pedimos el esfuerzo de estirar y contraer para que los tramos no sufran esos cortes tan inoportunos. Y ahí siempre el nazareno está dando la cara por su hermandad, a veces predicando en el desierto de esa soledad que supone contemplar capirotes hacia un lado y capirotes hacia otro, en esa penitencia de ver sólo al Señor y a la Virgen antes de salir del templo o cuando vienen de vuelta y toda Sevilla ha podido rezarles cara a cara». El pregonero se mantuvo también firme en la idea de que los cofrades deben serlo sin complejos y dejar a un lado los debates banales, las modas y los cabreos. Reconoció que el tiempo y la intensidad de la agenda le hicieron perderse en la cotidianidad de las cofradías, y que gracias a su hija Macarena, presente en el templo junto a su madre, ahora es capaz de ver cosas que antes pasaban pero que sus ojos no veían. De ahí la importancia de cuidar a las nuevas generaciones, a los niños cofrades que mantendrán más viva que nunca la fe de siglos. Una fe sin ataduras, como señaló Daza antes de mirar de frente al Señor de la Salud , puesto que el pregón combinó en un equilibrio perfecto la reflexión certera y una cuidada lírica. El Nazareno lucía entronizado en su paso listo para el Martes Santo. «Hoy mi voz hecha poema / estas vísperas de abril / hacen púlpito este atril / para zurcir el teorema. / Sólo Dios, gracia suprema / alza el vuelo en tu virtud / y todo porque eres tú / sin importar cómo y cuándo / pues de nuevo el Martes Santo / me alcanzará tu Salud». Nombres conocidos como Pepe el Planeta o Rafa Serna, y otros anónimos como los de Marta y Carolina y sus historias con la Virgen fueron apareciendo durante el pregón, que hundió sus palabras en la hermandad de la Candelaria y en la acogida que la misma ofreció al exaltador con un pañuelo de la Virgen que le acompañó en el atril. El clímax del acto llegó cuando Mario Daza habló sobre la dolorosa identificándola con la primavera a través de un escenario tan emblemático como son los Jardines de Murillo y su exuberante flora. Un romance dedicado a la que es patrona de los Parques y Jardines de Sevilla que decía de la siguiente manera al hablar del punto más característico del recorrido de la cofradía: «allí la pinta Murillo/ y García Ramos la sueña, / y Juan Tenorio se asoma / por si de lejos la viera, / y hasta Zorrilla le escribe / piropos en los poemas / que la cerámica envuelve/ en fuentes de madreperla. / Siempre que llega la Virgen / y que su palio atraviesa / los cielos que ya presagian / que nace otra luna llena, / queda en el aire el aroma / la fragancia de flor fresca / que deja la Candelaria / allá por donde navega». Con casa poesía levantó en aplausos al público, entregado al pregonero y a la Semana Santa en el momento preferido de los sevillanos: la víspera, estado permanente de una ciudad que en San Nicolás despedía la Cuaresma por todo lo alto. Al término de la celebrada exaltación, ofrendado por la hermandad con dos dibujos del Señor de la Salud y la Virgen de la Candelaria —«la Virgen por la que estalla de gozo la primavera», como la denominó Mario Daza—, salidos de la mano de Pepillo Gutiérrez Aragón, acabó el acto con el dulce regusto de los cofrades de la Candelaria y de buena parte de la Sevilla codradiera. Qué mejor antesala para la gloria que nos espera.