Mario, exsicario: "Me encargaron matar a un alcalde que votó en contra de una recalificación de terrenos, pero no lo hice"
2026-03-16 - 13:23
El crimen organizado en nuestro país tiene su base de operaciones en lugares como Toledo, Valencia, Marbella y la desembocadura del Guadalquivir. Por ello, este lunes, Espejo Público ha mostrado la entrevista que ha podido hacer a Mario, un hombre que ha matado por encargo. "Yo he matado a gente. Era drogadicto, toxicómano y necesitaba dinero. Me lo ofreció un chico cuando yo no tenía dinero para pincharme y me dijo que era dinero fácil", ha comenzado explicando Mario en su conversación con el matinal. Tal como ha señalado Mario, los encargos le llegaban a través de un intermediario: "Yo quedaba con la persona que me pagaba, era un chico de 30 años que se dedicaba al tráfico de drogas. Me explicaba los detalles y me daba una foto de la persona a la que había que ejecutar. Yo lo seguía durante unos días, veía sus movimientos y, entonces, veía la escalera donde él vivía. "Cuando entraba en su escalera, entraba con él haciéndome el loco, le ponía una pistola debajo de la axila y ahí le pegaba dos tiros". Pese a su adicción a las drogas, Mario dudó la primera vez que tuvo que matar a alguien: "Vomité por la noche. Tuve muchas dudas de hacerlo. Muchas dudas y mucho miedo. Yo creo que era más miedo que dudas". Después, tras el primer encargo, la culpa llegó: "Me sentí fatal, con ansiedad. A partir de la tercera vez, me lo tomé como un trabajo". "Llegué a matar a trece personas. Todos eran maltratadores, pedófilos, violadores... Una vez dijo que no a matar a un alcalde de España que había votado en contra de una recalificación de terrenos. Lo único que había hecho ese hombre era echarse atrás en una votación", ha agregado Mario. En cuanto al precio, el exsicario ha sido claro: "En España, una vida vale entre 10.000 y 16.000 euros. Con el alcalde eran 50.000 euros". Así, tras varios encargos, el hombre logró recaudar "más de 100.000 euros": "En España se paga mucho menos por matar. Ahora contratan a una persona que viene desde Latinoamérica, mata y se va y lo hace por poco más de 1.000 euros". "Me siguen llegando encargos, pero no los hago... A no ser que toquen a mi familia", ha destacado Mario que, además, ha apuntado: "Claro que me arrepiento. Para eso está la Justicia, para hacer justicia, no yo". Asimismo, el hombre ha explicado cuáles son las consecuencias que arrastra: "Tengo dos lágrimas tatuadas, una por mi padre y otra por los que se marcharon. Las tengo en mi mente. Yo me tengo que tomar 17 pastillas. 17 pastillas diarias. Antes tomaba 30. Ansiolíticos, antipsicóticos... La gente se cree que no, pero esto te corroe por dentro, te machaca". "No recuerdo los nombres de las personas que maté, pero las caras, casi todas. Alguno se ha llegado a girar cuando le he puesto la pistola. Se ha girado y me ha mirado con cara de pánico. Esa cara no se olvida", ha señalado Mario, "No me reconozco como un asesino que mata por placer o gusto. Mi mujer me llamaba asesino y me enfadaba mucho con ella. Cuando mi familia se enteró, mi hija me dejó de hablar. Tengo miedo a morirme sin ver casarse a mis hijos y tener nietos", ha sentenciado el exsicario.