Maris Stella, la "iglesia rota" de Usera que fue bombardeada en la Guerra Civil y conserva el gallo que lleva un siglo vigilando Pradolongo
2026-03-14 - 07:23
A orillas del estanque del parque de Pradolongo, en el distrito madrileño de Usera, una pequeña iglesia de cúpula gris coronada con una veleta en forma de gallo observa el paso del tiempo desde hace más de un siglo. Aunque podría parecer que sigue funcionando como templo, su capilla ahora está llena de paneles explicativos que narran su historia desde los años 20 hasta convertirse en Centro de Interpretación Medioambiental. Pese a que ya está rehabilitada, sigue siendo conocida por los vecinos la llaman la "iglesia rota", un sobrenombre que resume su historia: un edificio marcado por la Guerra Civil, el abandono y, finalmente, la recuperación impulsada por el propio barrio. Su nombre oficial es Maris Stella, fue construida entre 1920 y 1930 y es el único edificio con valor patrimonial histórico del distrito de Usera. Su historia está estrechamente ligada al nacimiento del barrio de Orcasitas. Cuando comenzaron a poblarse estos terrenos, a mediados del siglo XX, la zona apenas contaba con algunos servicios aislados: un basurero, un quemadero de residuos y esta iglesia, acompañada de una pequeña escuela infantil y algunas viviendas dispersas. Aquellos primeros vecinos habían llegado desde Extremadura, Castilla-La Mancha y Andalucía siendo parte del gran éxodo rural que llevó a miles de personas a abandonar el campo para buscar trabajo en las ciudades en plena industrialización. Muchos levantaron chabolas y chamizos en los terrenos de Orcasitas y la iglesia cercana se convirtió en el primer núcleo social del asentamiento, un punto de encuentro para los recién llegados. Resistió a los bombardeos, pero no al deterioro del entorno Durante la Guerra Civil, el edificio sufrió bombardeos que dañaron seriamente su cúpula de pizarra. Aunque parte de la estructura resistió, las heridas del conflicto quedaron grabadas en su arquitectura y de ahí nació el apodo de la iglesia rota. A pesar de los daños, el templo continuó en pie y siguió siendo un referente para la zona durante décadas. Sin embargo, en 1980 el edificio quedó progresivamente abandonado tras el cierre de la escuela y el deterioro del entorno que obligó a que los chabolistas se moviesen a otros lugares de Madrid. Con la urbanización del parque de Pradolongo inaugurada oficialmente en 1983 por Enrique Tierno Galván y la creación de su lago, la antigua iglesia pasó de ser un edificio abandonado a convertirse en un hito paisajístico visible desde la orilla del estanque. Ese valor simbólico y ambiental llevó al Ayuntamiento de Madrid a, en 2009, incluir el edificio en el catálogo de elementos protegidos, "por su singularidad arquitectónica y por su peso en la memoria del distrito". Un futuro consensuado con todos los vecinos del barrio El futuro del edificio comenzó a definirse en 2016 mediante un proceso participativo en el que participaron asociaciones, colectivos y escolares del distrito. Durante tres meses se celebraron 22 talleres y jornadas para decidir el uso del espacio. La conclusión fue clara: transformar la antigua iglesia en un Centro de Interpretación Medioambiental vinculado al parque de Pradolongo. El proyecto fue desarrollado por la Empresa Municipal de la Vivienda y Suelo (EMVS) junto con la Junta Municipal de Usera y se estructuró en cuatro grandes líneas de actuación: restaurar la iglesia, construir aulas para educación ambiental, levantar un nuevo edificio para el club de piragüismo y crear una plaza ajardinada para actividades al aire libre.Tres años de obras Las obras comenzaron en febrero de 2019 y finalizaron en junio de 2021. La intervención permitió restaurar los valores estéticos del edificio, consolidar su estructura y adaptarlo a nuevos usos culturales y educativos. El entorno también se transformó. Donde antes había ruinas y solares degradados se construyó un pabellón de aulas y talleres, un nuevo edificio deportivo para el piragüismo —con vestuarios, almacén de embarcaciones y cafetería— y una gran plaza central destinada a actividades públicas. El ahora Centro de Educación Ambiental incluye actividades de formación medioambiental orientada al empleo juvenil, rutas interpretativas por el parque, exposiciones, talleres, biblioteca especializada y programas educativos para colegios. En el exterior, la plaza ajardinada funciona como lugar de encuentro para el vecindario y escenario para clases al aire libre, mercados ecológicos o actividades culturales. Muchos cambios desde su construcción, pero algo que se conserva intacto es el viejo gallo de hierro que sigue marcando el viento en su cúpula. Desde ahí arriba verá cosas muy distintas a las que veía hace cien años.