Mary Wollstonecraft, filósofa: "La cámara convierte a las mujeres en objetos antes incluso de que hablen"
2026-02-22 - 07:53
En el año 1972, la filósofa Mary Wollstonecraft publicó el ensayo filosófico y político Vindicación de los derechos de la mujer, en un contexto en el que la educación femenina estaba orientada casi exclusivamente a agradar. Su análisis no se centraba solo en la desigualdad, sino en la forma en que la mirada condiciona el discurso. Para Wollstonecraft, cuando una mujer es educada para ser observada y valorada por su apariencia, su pensamiento queda relegado a un segundo plano. No hablaba de cámaras ni de pantallas, pero sí de un mecanismo que, hoy en día, sigue estando muy presente. La imagen se adelanta a las palabras y las contamina antes de que lleguen a expresarse. La jerarquía entre imagen y pensamiento En el ensayo, Wollstonecraft denuncia que la sociedad empuja a las mujeres a definirse desde la apariencia física. La atención constante sobre su cuerpo, sus gestos o su comportamiento no es algo neutro. Actúa como un filtro que limita su autoridad intelectual. Cuando todo pasa por la apariencia, la palabra pierde peso. Esta idea conecta con una realidad que hoy resulta familiar. Antes de que una mujer exponga una idea, su imagen ya ha sido evaluada. La cámara no inventa esta dinámica, pero la hace visible y permanente. Wollstonecraft entendió que ese orden —primero observar, después escuchar— no es casual, sino una forma de jerarquía. El derecho a ser escuchadas La filósofa defendía una educación basada en la razón, no como privilegio, sino como condición para la libertad. Su reflexión apuntaba a que solo cuando las mujeres dejan de ser tratadas como algo que se observa pueden convertirse en personas con pensamiento y decisión, con capacidad real de ser escuchadas. Leída hoy, su obra se convierte en un recordatorio incómodo de hasta qué punto seguimos viviendo en una cultura que prioriza la imagen sobre la palabra. Wollstonecraft no pedía visibilidad, sino el derecho a hablar sin ser juzgadas antes por la imagen. Una reivindicación que, más de dos siglos después, sigue planteando la pregunta de qué lugar ocupa realmente la voz de las mujeres cuando la mirada continúa marcando el punto de partida de cualquier discurso.