Masculinidad pop
2026-02-20 - 05:33
Este lunes estuve en la gala de los Premios Iris de la Academia de la Televisión y confirmé algo que ya intuía: la alfombra roja impone. Y más si es en el Teatro Real. No por vanidad, sino porque la imagen, también es discurso. Lo que vistes, cómo posas, qué proyectas... todo comunica. Incluso el bajo de un pantalón. ¡Bendito sea mi Fachon, mi estilista! Durante años, la masculinidad pública ha sido muy sencilla: traje oscuro, gesto serio, emoción contenida... Ser hombre consistía en parecer duro. En no salirse del molde. En no mostrar demasiado. Por fortuna, algo está cambiando. Basta mirar a Jonathan Bailey, actor supertaquillero, galán clásico, abiertamente gay y sin necesidad de esconder ni exagerar. O a Harry Styles, que convirtió las uñas pintadas, los volantes y los crop tops en una identidad. Ni se disfraza, ni pide permiso. Pero amplía el marco. Ser hombre ya no va de ser un básico inexpresivo. Va de vivir la estética sin miedo al juicio. De entender que la ropa no tiene género y que la sensibilidad no resta autoridad. Pero tampoco olvidemos el contexto: En el fiestón de Netflix inspirado en un baile de máscaras de Los Bridgerton, el dress code era exceso romántico. La gente fue acorde. Y no era una mamarrachada; era coherencia estética. Pero si en un photocall te piden ir de gala, no puedes presentarte con vaqueros y jersey como si bajaras a por el pan. Y al revés: si te convocan a un circo barroco, no debes ir "normal". Romper códigos es interesante; ignorarlos es ego, una falta de respeto y no entender el juego. Tampoco todo gesto es activismo. Hay una fina línea que separa la diversidad real del marketing. Pero incluso cuando todo está calculado: cada referente que ocupa el foco, abre espacio a otros. No necesitamos sustituir un modelo por otro. Se trata de multiplicarlos. De transitar hacia una masculinidad abierta donde lo importante no es parecer, es estar cómodo.