Menos alumnos por clase, mismos resultados: la inutilidad de la medida estrella del Gobierno
2026-03-04 - 03:43
La reducción del tamaño de clase es una de las políticas educativas más populares entre familias, docentes y gobiernos. De hecho, el Ministerio de Educación aprobó en noviembre un anteproyecto por el que las ratios máximas en Primaria pasan de 25 a 22 y, en Secundaria, de 30 a 25 . Sin embargo, según un estudio de Esade, sus efectos sobre el aprendizaje de los estudiantes son, por lo general, pequeños o nulos. Además, es una política muy costosa ya que exige contratar más profesorado (el 70-80% del gasto educativo se destina a salarios), y disponer de más aulas. El informe plantea si este es el mejor uso del presupuesto, ante un escenario de presión fiscal creciente y caída de la natalidad. Hay que tener en cuenta, además, que los tamaños del grupo en España se encuentran de media entre 20-30 alumnos por clase. Esta vieja reivindicación de los sindicatos docentes se explica porque los verdaderos beneficiarios de las clases más pequeñas son precisamente ellos, los profesores. Según este estudio, reducir cinco alumnos por aula incrementa el bienestar docente en torno al 5% de una desviación estándar. Pero, además de los maestros, la bajada de las ratios también favorece ligeramente a las familias , cuya satisfacción mejora en un 2,5% de una desviación estándar. Sin embargo, decíamos, los menos beneficiados son los alumnos. La reducción del tamaño de la clase no se traduce, según Esade, en ganancias de aprendizaje. No han identificado mejores resultados en las pruebas estandarizadas, pero tampoco en el bienestar del alumno ni en la repetición de curso. Los tamaños del efecto observados son próximos a cero , en consonancia con la evidencia internacional. En esta misma línea, no se identifican lo que se llaman «islas de impacto». Esto es, que la bajada de las ratios tampoco repercute en determinados subgrupos, como aquellos alumnos que tienen un nivel socioeconómico más bajo. Que haya menos alumnos por clase tampoco cambia los resultados en una determinada asignatura ni en colegios con unas características concretas. Por tanto, este estudio, que ha sido elaborado a partir de datos académicos de la Comunidad de Madrid desde 2016 a 2019 y que emplea encuestas a estudiantes, docentes, familias y directores, sirve para cuestionar uno de los mantras más repetidos del universo educativo. Según el autor del informe, José Montalbán, que es investigador asociado de Oportunidades y Movilidad Social de Esade, los datos son perfectamente extrapolables al resto de España, dada la heterogeneidad de los perfiles que se pueden encontrar en la región analizada, así como el tamaño significativo de la muestra. Si bien los resultados de los estudiantes no cambian, las clases más pequeñas sí mejoran de forma limitada las dinámicas en el aula. Por ejemplo, reducir en cinco alumnos el tamaño reduce en cuatro puntos porcentuales la probabilidad de que la interrupción sea un problema moderado o grave, un efecto que se concentra en centros con mayor conflictividad. Asimismo, se incrementa en un punto la probabilidad de revisar deberes y en cuatro la enseñanza en pequeños grupos. Por este motivo, se entiende que la bajada de ratios solo quedaría justificada en determinados centros con necesidades específicas. Además, se ha visto un cuestión interesante en torno a los padres, que modifican su comportamiento ante clases más reducidas, lo que podría enmascarar su potencial efecto positivo. Según Esade, alumnos y familias relajan ligeramente su esfuerzo cuando las clases son más pequeñas, pero estos ajustes son demasiado modestos para explicar la ausencia de mejoras educativas: ocho minutos menos a la semana de tiempo promedio dedicado a los deberes; los padres se implican menos; y disminuye el uso de profesores particulares y academias (un punto porcentual menos sobre el 14,5%). Es decir, en aulas más grandes, «los padres buscarían 'compensar' la falta de individualización con más refuerzo de particulares o mayor control de los deberes en casa». De hecho esta es una de las tres hipótesis que Montalbán aporta para explicar por qué reducir el tamaño de la clase no mejora el rendimiento académico, la repetición o el bienestar del alumnado. Aunque este profesor asistente de Economías de la Universidad de Estocolmo señala otras dos hipótesis explicativas. De un lado, Montalbán refiere a este diario que el efecto directo del tamaño de la clase puede variar entre distintos tipos de estudiantes dando lugar a efectos heterogéneos. En este caso, la bajada de la ratio no afectaría al estudiante medio, pero existen ciertos subgrupos de estudiantes, donde sí es efectivo y, por lo tanto, se obtienen efectos heterogéneos. Esto es: de media, algunos efectos positivos quedarían compensados, invisibilizados. La última de las explicaciones tiene que ver con el clima del aula pues, aunque haya menos interrupciones en clases más pequeñas, el efecto de esta mejora es tan pequeño que no se traduce en una mejora de los resultados académicos de los alumnos.