"Mi mejor versión": la derrota de hablar de nosotros mismos como si fuéramos un iPhone
2026-03-25 - 06:20
“He logrado mi mejor versión”. “He tocado mi peak”. “Estoy en mi prime”. En inglés todo suena mejor, y hay expresiones que están calando porque dan el regustillo de creer que estamos en nuestro mejor momento. Y las tuiteamos, las instagrameamos, las tiktokeamos. Que se sepa cómo nos superamos para cumplir las expectativas de perfección a las que nos animan los cánones que proyectan las redes sociales y los medios. Más curioso es como, por lo general, las personas que públicamente celebran haber llegado a su “mejor versión” siempre reducen este estado de excelencia a un físico de póster para ser deseado (posando sin camiseta) o a un éxito profesional (posando en un afterwork). La alegría de la serenidad es más difícil de posturear en un mundo en el que la felicidad se resume en copular o amasar dinero. Aunque forniques mucho y no sientas nada. Aunque tengas billones en la cuenta corriente y solo termines siendo el más rico del cementerio. La Revuelta, con las preguntas clásicas de David Broncano, dibuja un buen retrato de los baremos del triunfo social desde las risitas de la adolescencia persistente. Incluso pasados los treinta. El problema se acrecienta cuando los que fardan de estar “en su prime” se olvidan de que inevitablemente no paramos de crecer mientras seguimos vivos, así que deberán encontrar nuevas metas para que su “prime” de ayer sea peor que el “prime” de mañana. O, de lo contrario, la frustración asomará. Consecuencias de una sociedad que nos pone a competir todo el rato. Hasta con nosotros mismos. Hay que ser productivo hasta cuando nos escapamos a "descansar" de vacaciones. O demuestras muchos planes, o no parecerá que estás en "tu prime". Serás un “loser”, palabra que hace diez años era muy común. A menudo, era un síntoma de tener entrenado el sentido del humor que hace más llevaderas las pifias que nos pasan. Ahora “loser” está más en desuso, pues no es trending. Perder no es una opción. Hay que venderse. “Prime”, “Mejor versión”: hablamos de nosotros mismos como si fuéramos el nuevo IPhone. O, directamente, sonamos a detergente. “Ariel, fórmula mejorada”. La sociedad nos quiere eternamente jóvenes y “dándolo todo” para ser aceptables. Agotador. Sin embargo, los más astutos son los que no se reducen a un mero producto: los que no lo dan todo y se quedan algo para sí mismos y sus lealtades. Son los que entienden que mientras respiremos será nuestro momento. La superficialidad del debate público, también en la manera de hablar en la política, en la televisión y en las redes sociales, nos lleva a creernos con la capacidad de corroborar en primera persona del presente de indicativo cuándo y cómo estamos en el “prime” de nuestra existencia. Quizá porque da igual que sea verdad o mentira. Quizá porque hemos aprendido que más importante que lo que somos es lo que vendemos que somos. Pues qué pena.