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Migrantes, papeles y papeletas

2026-02-03 - 12:15

La anunciada regularización de unos 500.000 inmigrantes que viven y trabajan en España ha llegado como maná caído del cielo para la ultraderecha en pleno ciclo electoral. Al discurso xenófobo y racista de Vox sólo le faltaba que el Gobierno pretenda dar derechos y dignidad a estos migrantes, además de obligaciones fiscales y estabilidad laboral a los sectores que dependen de ellos, para elevar el tono y reafirmarse en su delirante teoría de la 'sustitución' de la población autóctona del país por extranjeros que vienen a dinamitar nuestras costumbres y forma de vida. Más disparatado es aún que el PP le acompañe en tan peligroso camino para la convivencia. Núñez Feijóo lleva tiempo coqueteando con el racismo de los de Abascal relacionando delincuencia y migración o discriminando a los llegados por su origen. El PP llegó a votar en 2024 a favor de la toma en consideración de la Iniciativa Legislativa Popular (ILP) que pedía la regularización de los extranjeros residentes en España pero el pasado octubre su presidente dio un vuelco a su posición, olvidando las regularizaciones masivas aprobadas en su día por José María Aznar. Feijóo propuso el visado 'por puntos' para primar a los latinoamericanos frente a africanos o asiáticos endureciendo las exigencias para entrar en el país con un examen "reforzado de conocimiento institucional, legal, cultural e histórico", además de un nivel de B2 de castellano. "Ser español no es sólo vivir en España, es compartir una historia, unos valores y un destino", sentenció. De entonces a acá el aliento electoral de Vox se percibe más cercano y acuciante en el PP cada elección que se convoca y cada sondeo que se publica, y en Génova no han querido dejar de subirse a este nuevo carro que conduce la ultraderecha. Lo inquietante es que, en esta ocasión, además, se ha puesto en juego nuestro sistema electoral en base a una fabulosa mentira, la de que lo que pretende el Gobierno con la regularización es meter medio millón de nuevas personas en el censo para que voten a Sánchez en 2027. ¿Cómo es posible que sabiendo que los trámites de nacionalización para poder votar en las generales requieren, por ley, varios años el PP se haya apuntado a semejante bulo? Isabel Díaz Ayuso es quien más fervorosamente se ha sumado a propagar la patraña arrastrando a Feijóo a darle pábulo. No parecen haber hecho mella en Génova los aplausos de la Conferencia Episcopal a la medida, ni el apoyo de la CEOE, aunque haya querido matizar que debería aprobarse en el Parlamento al tratarse de una decisión de tan alto calado. El todo vale contra el Gobierno está llegando a límites casi irracionales. Pedro Sánchez, por su parte, consigue varios objetivos con la luz verde a la regularización. Complace a sus socios de izquierda, que llevaban tiempo reclamándosela, y vuelve a enarbolar de cara a sus electores la bandera de la resistencia progresista mundial. Justo cuando nos llegan las imágenes de las indiscriminadas redadas y de los asesinatos a sangre fría de la policía migratoria de Trump en Minneapolis, el Gobierno de España se presenta como el que acoge y legaliza a sus propios inmigrantes convirtiéndose en referente y noticia en todo el mundo. Ya ocurrió con el genocidio de Gaza, o con la negativa a dedicar el 5% del PIB en gasto de defensa como exigía el presidente estadounidense a los países de la OTAN. Sánchez abrillanta su traje de líder progresista mundial siempre que puede. No podemos saber quién gana más electoralmente con este nuevo frente: si Sánchez, buscando reconciliación con socios y electores, o Feijóo, disputando votos a Vox en su propio caladero. Las recientes elecciones en Extremadura han vuelto a mostrar un PSOE a la baja frente a un PP en máximos que depende cada vez más de un Vox en desenfrenado ascenso. Este domingo tendremos el diagnóstico de las de Aragón, cuyos sondeos señalan un escenario no muy distinto y aún quedan más citas por delante. Habrá que escuchar con atención lo que nos dicen estas próximas urnas, pero los derechos más básicos de quienes conviven y trabajan con nosotros en nuestros barrios, vengan de donde vengan, deberían quedar al margen de sus veredictos.

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