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Miguel Rellán: "La libertad no es hacer lo que te dé la gana, es ser feliz dentro de unos límites"

2026-02-27 - 09:43

Arranco la entrevista y es él quien me pregunta. Tiene un periodista dentro, es curioso y sí, hasta tiene cara de periodista. Podría serlo, pero también profesor o médico. De hecho, empezó a estudiar la carrera y solo le quedan un par de exámenes; quizá la remate. Miguel Rellán, a sus 83 años, se siente un eterno aprendiz, aunque su edad y sus papeles en el cine lo conviertan, muchas veces, en un mentor, como en El Cautivo, la película dirigida por Amenábar y por la que está nominado a mejor actor de reparto en los Goya: "Charles Chaplin, que era muy listo, decía que en esta vida solo da tiempo a ser aprendiz. Y pobre del imbécil que piensa que se lo sabe todo". Es uno de los actores más mayores en activo. "Yo no he trabajado en mi vida, me he dedicado a hacer lo que me gusta y me pagan. Soy actor y malditas las ganas que tengo yo de salir al escenario, pero sales al escenario, y supongo que te pones como en el quirófano, te pones a hacer tu oficio y se te pasa", me dice, con sorna. Es socarrón, inteligente, irónico y libre, aunque no siempre ha hecho lo que ha querido: "La libertad no consiste en hacer lo que te da la gana... La libertad es saber cuáles son tus límites, ser feliz dentro de esos límites y comprenderlos". El eterno actor de reparto que mañana podría hacerse con otra estatuilla. Ya ganó el Goya, en esta misma categoría, por la película Tata Mía. "La ilusión por los premios, con el tiempo, se matiza. Cuando te dan muchos premios, y yo tengo ya muchos, te das cuenta, en primer lugar, de que muchos no me los merezco, la mayoría. Y, cuando me los he merecido, ni me han nominado". Ha trabajado con los más grandes: José Luis Garci, Fernando Fernán Gómez, José Luis Borao y José Luis Cuerda, entre otros muchos. Ha encarnado cientos de personajes y vivido cientos de ficciones y, después de todo eso, esta realidad que vivimos es lo que más le sorprende: "La realidad supera la ficción, no lo pensé nunca... Tú imagínate que no existe y se nos ocurre Trump, un presidente de gobierno de Estados Unidos que lleva una especie de tortilla francesa en la cabeza". A pesar de todo esto, es positivo. "Creo que hay que ser optimista, ser pesimista es reaccionario... Esta sociedad actual, y me pongo estupendo, confunde el placer con la felicidad, que son dos cosas distintas. El placer es momentáneo: tienes sexo, tomas agua, el coito, el orgasmo es momentáneo. Y después está la felicidad, que es continua", me dice, rotundo. Una felicidad en la que a veces hay que empeñarse, y que no proviene solo de uno, se completa con el resto: "Tu colega, Iñaki Gabilondo, me dijo una vez 'tu oficio, Miguel, como el mío, es igual que el de un cirujano; el importante es el paciente'. No vale nada que yo salga al escenario, que tú hagas una entrevista estupenda... que yo me vomite, me tire al suelo, me desnude, sin el espectador, sin el paciente". Algo que tiene claro cada vez que se sube a unas tablas, que interpreta un papel o reúne a lo más granado del teatro y el cine para sus propios proyectos, aquí, entre estas paredes del Ateneo de Madrid. Seguirá dando guerra y, quizá algún día, acabe la carrera de medicina y se lo encuentren tras la mesa de una consulta. No tengan duda de su diagnóstico, les dirá: 'Vivan todo lo que puedan'.

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