Montserrat convierte las nubes de su vía crucis en preludio del Viernes Santo
2026-03-14 - 22:43
La Semana Santa está ya presente por todos los rincones donde miremos. A falta tan sólo de dos semanas, no hay coordenada de la ciudad que permanezca ajena a lo que está por llegar. Basta darse un paseo por el Centro y oler la fragancia de los primeros naranjos cuajados de azahar o acercarse a Triana y ver como quienes esperan en la cola del besamanos de la Estrella contemplan a unos chavales que hacen cambios con un pasito en miniatura camino de Rodrigo de Triana, uno de ellos clarinete en mano. Sevilla no piensa ya en otra cosa que no sean los pasos en la calle. Si a las cuatro de la tarde de este sábado brillaba un sol de justicia que inundaba la calle San Jacinto, a escasos minutos de las seis y media, las nubes se habían adueñado del cielo. Una brisa curiosa comenzaba a sacudir las ramas de los árboles y estremecía a los que iban menos abrigados en la plaza de la Magdalena. Ciertamente había una atmósfera de Viernes Santo cuando la cruz de guía de plata labrada de Montserrat echó a andar por la calle Cristo del Calvario. La personalidad de las cofradías que salen en la tarde de la jornada en la que murió Cristo es tal que se impregna hasta de la propia meteorología. Un cortejo de hermanos con cirio tiniebla salía de la capilla con la solera que dan 425 años de historia, que no son pocos. Al final de la comitiva, la escolanía salesiana María Auxiliadora marcaba la línea musical que habría de seguir la feligresía de la Magdalena en las siguientes horas, tal y como ocurrió en aquel recordado Vía Crucis de las Cofradías de 2019. Pasaban cinco minutos de las seis y media cuando el imponente Cristo de la Conversión del Buen Ladrón se encontraba con los sevillanos. Su cruz iba en posición erguida, como aquel primer lunes de Cuaresma de hace siete años en el que esta corporación estableció el nuevo canon de salida para los crucificados en este tipo de cultos. Todo era colosal y grandioso, desde la expresiva y dinámica talla de Juan de Mesa hasta los retorcidos pero esbeltos candelabros de la Purísima de la Algaba, y también la masa de fieles ávidos de cofradías que rodeaba a las andas. El monte de flores silvestres en tonos anaranjados sumaba un extra de dramatismo a la escena, que se completaba con los serios semblantes de esfuerzo de los costaleros. Barroco en estado puro en la ciudad barroca por excelencia. La tarde caía y las temperaturas hacían lo propio mientras el extraordinario cortejo de Montserrat , al igual que su titular cristífero, avanzaba con un ritmo tan hondo como pausado por las callejuelas del Museo mientras se producía el rezo de las estaciones, cada una a cargo de una hermandad vinculada a la que celebraba su efeméride, desde las de su feligresía hasta el resto de las del Viernes Santo. Si la salida de la Virgen por la milenaria abadía barcelonesa fue para el disfrute de unos cuantos afortunados, la del Señor tuvo alrededor una buena legión de codrades. Entre el público destacaban las familias con bebés. Muchos de ellos contemplaban por primera vez al Cristo de la Conversión, que parecía buscarlos con su mirada compasiva. El juego de luces y sombras de la fachada del Bellas Artes sobre el crucificado mesino conmovía como sólo lo logran las grandes tallas de la Semana Santa de Sevilla. La de este cuarto sábado de Cuaresma fue otra tarde plagada de vía crucis y traslados, todos muy bien arropados por los cofrades. De San Martín salió el Cristo de la Lanzada en posición inclinada. Una hora y media bastó a la corporación del Miércoles Santo para que el crucificado de Illanes recorriera como cada año las calles de su collación. Esta vez se estrenaba en este culto la capilla musical de la Paz de Málaga, la nueva banda de la Virgen del Buen Fin, que puso sus sones en el vía crucis junto al cuarteto vocal Al Guadaíra. También salió a las calles de San José Obrero el Señor de la Caridad. La talla de Fernando Aguado, con su cruz a cuestas y vestido con túnica bordada, salió al encuentro de los fieles de esta hermandad del Sábado de Pasión cuyo templo cerrará durante unos meses por obras a finales de mayo. Especial era la expectación que habia en los alrededores de la parroquia de San Bernardo al filo de las nueve de la noche. Multitud de personas aguardaban al final de la misa para ver al Cristo de la Salud adentrarse por el interior de la Fábrica de Artillería en su vía crucis, escenario recuperado por la hermandad en la procesión eucarística del pasado mes de septiembre y que ahora volvía a hacer suyo el crucificado. Con un recogimiento mucho más acentuado que en ocasiones anteriores, los fieles y curiosos se disponían a ambos lados del hermoso carril central de Artillería mientras el Cristo de la Salud avanzaba portado por sus hermanas y hermanos dejando estampas dignas de la mejor dirección de fotografía. Después, la imagen rodeó el recinto dejando a un lado el puente y buscando la vieja calle Ancha de San Bernardo. La noche terminó en Santa Marina, desde donde saldrán dos cofradías esta Semana Santa. Por la puerta ojival del templo entraba la Virgen del Amor de la Resurrección a las nueve, culminando el vía crucis de esta corporación, y una hora después avanzaba por la calle San Luis el cortejo de la Hiniesta. Los cofrades de San Julián , nómadas forzosos esta Cuaresma, continuaban de esta forma su peregrinar tras el cierre de urgencia de su sede canónica por las obras en la techumbre. A un ritmo más que pausado y sosegado llegaron hasta la que será su casa de forma provisional los próximos meses la comitiva formada por las andas del Cristo de la Buena Muerte, la Hiniesta Dolorosa icónicamente vestida de hebrea y la Gótica. La plaza, aforada, recibió con numeroso público a la hermandad de la Hiniesta, cuyo desembarco culminó pasadas las diez y media en una noche fría y cerrada. En poco más de dos semanas volverá a salir del templo, con sus túnicas y antifaces celestes, camino de la Catedral. Sobre la fecha de regreso a San Julián, sin embargo, se ciernen las mismas nubes que estuvieron presentes durante toda la tarde noche del cuarto sábado de Cuaresma en la capital hispalense.