Nadie quiere cuidar, nadie quiere ser cuidado
2026-02-17 - 04:35
Pertenezco a una generación que empieza a mirar la vejez sin romantizarla. Las personas mayores del futuro no queremos convertirnos en una carga para nuestros hijos. No porque no confiemos en ellos, sino porque creemos en la responsabilidad personal y en el derecho a no imponer cuidados como una obligación moral heredada. Queremos autonomía, decisión y dignidad hasta el final. Al mismo tiempo, observamos a esos hijos crecer en una cultura que ha hecho del autocuidado un valor central, pero que ha descuidado, paradójicamente, el cuidado de los otros. Les hemos enseñado a ponerse límites, a proteger su bienestar emocional y a priorizar su proyecto vital, pero poco a sostener, acompañar y cuidar cuando la fragilidad aparece. El resultado es una ecuación inquietante: no queremos que nos cuiden y ellos, legítimamente, no quieren cuidar. ¿Hacia dónde nos conduce este desencuentro generacional? A una crisis social de los cuidados que ya está aquí. Una población cada vez más longeva y más numerosa no puede sostenerse sobre modelos familiares agotados ni sobre sacrificios invisibles, casi siempre femeninos. El cuidado no puede seguir siendo un asunto privado ni una deuda emocional. Necesitamos cambiar la mentalidad: pasar del 'quién cuida' al 'cómo cuidamos como sociedad'. Profesionalizar, comunitarizar y dignificar los cuidados. Apostar por modelos preventivos, tecnologías al servicio de la autonomía, redes de apoyo vecinal, servicios accesibles y una corresponsabilidad real entre Estado, mercado y comunidad. El futuro del cuidado no es obligar a cuidar ni resignarse a la soledad. Es construir sistemas que permitan cuidar sin romper vidas y ser cuidados sin perder libertad. Ese es el verdadero reto generativo de nuestro tiempo.