¿Necesitan los gatos de interior llevar jersey o abrigo cuando hace frío?
2026-02-12 - 06:55
Si uno busca en internet ‘jerséis para gatos’ el resultado son miles de imágenes adorables con felinos envueltos en abrigos de punto, lana o algodón. La estética atractiva es innegable, pero la pregunta importante es si realmente lo necesitan. Especialmente cuando hablamos de gatos que viven en el interior y no están expuestos directamente al frío del exterior. Los gatos domésticos cuentan con un sistema muy eficaz de autorregulación térmica y con un abrigo natural, su propio pelaje, que cumple precisamente esa función. Aun así, en los últimos años se ha normalizado el uso de ropa para animales por motivos muy diversos y lícitos, desde protegerlos del frío hasta evitar que se laman una herida. Cómo regulan su temperatura El cuerpo del gato está diseñado para conservar el calor. Su pelaje atrapa aire caliente cerca de la piel y actúa como aislante térmico, mientras que la piel y la musculatura participan activamente en la regulación de la temperatura corporal. El ‘problema’, por decirlo de alguna manera, de poner un abrigo a un gato, tal como explican veterinarias a la web especializada PetMD, es que cubrir ese sistema con una prenda puede interferir en su funcionamiento normal. En gatos con pelo y un historial saludable, añadir una capa extra puede favorecer el sobrecalentamiento, incluso en ambientes que a los humanos nos resultan tirando a frescos. A diferencia de nosotros, los gatos no sudan para regular su temperatura y dependen de su fisiología y de su comportamiento, buscando o evitando fuentes de calor según lo necesiten. Riesgos de poner ropa a un gato Más allá de la incomodidad evidente, el uso de jerséis o abrigos puede entrañar riesgos físicos y emocionales. Uno de los principales es la restricción del movimiento. Un jersey mal ajustado puede engancharse, desplazarse o dificultar saltos y aterrizajes, aumentando el riesgo de accidentes incluso dentro de casa. También está el factor del estrés. Los gatos son animales extraordinariamente sensibles cuando se trata de su propiocepción y muchos toleran mal cualquier elemento que limite su movilidad o altere la percepción de su cuerpo. Como señala la etóloga y consultora felina Mieshelle Nagelschneider, de la Universidad de Purdue, ese estrés puede manifestarse en conductas poco visibles pero relevantes como micciones fuera del arenero, inmovilidad excesiva, intentos persistentes de quitarse la prenda o cambios de humor. Y, por último, nunca debe olvidarse un principio básico aplicable a cualquier animal: un gato con una prenda de ropa puesta no debe quedarse sin supervisión. Si intenta liberarse y se queda atrapado, el riesgo aumenta considerablemente. Excepciones: cuándo un jersey está justificado Aunque la norma general es que los gatos no necesitan ropa para protegerse del frío, existen situaciones concretas en las que puede ser útil. Los gatos sin pelo o con pérdida parcial, como los sphynx, los peterbald o el lÿkoi, pierden calor con mayor facilidad. Incluso así, la mayoría de especialistas coinciden en que no necesitan jerséis si la temperatura del ambiente interior es adecuado. Solo tendría sentido en entornos especialmente fríos. Otro caso habitual es el postoperatorio. Tras una cirugía, cuando se ha rasurado parte del cuerpo, los profesionales veterinarios pueden recomendar el uso de camisetas o bodis quirúrgicos para mantener el calor y evitar que el animal lama la herida. También puede darse tras sesiones de peluquería en gatos mayores a los que se les ha retirado mucho pelo. En todos estos casos, la prenda debe ajustarse correctamente, no presionar ni quedar holgada, y retirarse en cuanto deje de ser necesaria. ¿Y si el gato parece estar cómodo? Que un gato no se mueva o no proteste no significa necesariamente que esté cómodo. Algunos se quedan inmóviles como respuesta al estrés. Por eso, incluso cuando un gato parece aceptar una prenda, los especialistas recomiendan introducirla de forma gradual, durante periodos cortos, y observar atentamente su lenguaje corporal. Jugar con él mientras la lleva puesta puede ayudar a valorar si se mueve con normalidad o si, por el contrario, su comportamiento cambia de forma significativa. Antes de vestir a un gato, conviene hacerse la pregunta “¿es por su bienestar o por nuestra percepción del frío?” Casi siempre, mejorar el ambiente será la respuesta más respetuosa con su naturaleza felina.