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Ni Karla Sofía Gascón ni Chalamet: este es el actor que perdió su Oscar por cometer el mayor pecado

2026-03-11 - 13:13

La reciente polémica protagonizada por el nominado al Oscar por Marty Supreme nos recuerda a la acontecida hace tan solo un año, cuando la actriz de Emilia Pérez vio cómo sus posibilidades de ganar la estatuilla se esfumaban por unos tuits ofensivos publicados en el pasado. La carrera por alzarse con estos premios es un privilegio que trae consigo una enorme responsabilidad; suponiendo un difícil equilibrio sostenido por publicistas, representantes y una maratoniana promoción que operan de manera precisa para asegurar la mayor visibilidad. Algo que, paradójicamente, puede ser contraproducente, ya que el nivel de exposición aumenta también las posibilidades de meter la pata. Cualquier carrera se presta a una mirada en retrospectiva y al sucesivo juego de adivinaciones. En qué momento se disparó la trayectoria de este actor es fácil: el detonante suele estar en su propio currículo. Sin embargo, es más complicado precisar cómo se vino abajo una filmografía. Y, aunque la del Russell Crowe actual no sea precisamente la de Eric Roberts, sobre todo con Núremberg aún en los cines de España, algo pasó. Ese algo fue en realidad un sumatorio de “algos”: uno de ellos es puramente cinematográfico. Ciertos proyectos prometedores, como Un buen año, Red de mentiras o, sobre todo, Robin Hood (todas de Ridley Scott), no cumplieron con las expectativas y abocaron a Crowe a títulos menores. Pero si podemos fijar con exactitud un día, un momento, un instante en el cual el neozelandés pasó de acariciar la gloria de los más grandes a una lenta e interrumpida caída en picado es el siguiente. Y empieza con un poema. Las agonizantes tenazas del tiempo Este es el último verso del poema Santidad, de Patrick Kavanagh, poeta y novelista irlandés al que recitó Russell Crowe en la ceremonia de los BAFTA en 2002 en el discurso de agradecimiento por haberle otorgado el premio a mejor actor. La película era Una mente maravillosa, con la que acumulaba galardones y que lo orientaba a una olímpica fraternidad: la que mantendría con Tom Hanks, único intérprete en la historia de Hollywood en ganar el Oscar a mejor actor protagonista en dos años consecutivos. En su caso, venía de la estatuilla por Gladiator. Si el poema Santidad nunca lo escuchamos (tampoco el posterior agradecimiento a John Nash, al que encarna Crowe en Una mente maravillosa) fue por una cuestión de tiempo. El productor de los BAFTA, para cuando llegó Crowe al escenario, lidiaba con un programa que superaba en media hora la duración esperaba y sacó las tijeras. Crowe, al enterarse de que su lirismo se había considerado prescindible, montó en cólera. La ira llegó a oídos de Sting, que se aproximó al productor de los BAFTA y lo advirtió: Russell Crowe lo andaba buscando y lo mejor es que no lo encontrase. El productor no tuvo esa suerte. Dos días después (y pese a que fue la BBC, y no los BAFTA, la que lo obligó a cortar al neozelandés), Crowe dio con el aterrorizado hombre, lo arrinconó contra una pared y estuvo (al parecer) muy cerca de darle una paliza. Para entonces, el temperamento agresivo de Crowe era notorio: se sabía, por ejemplo, que le gustaba ir a bares e iniciar peleas, que solía zanjar a cabezazos, un movimiento que se le daba especialmente bien. El problema de este encuentro con el productor (y su inmediato salto a prensa) es que se produjo en medio del periodo de votación de los Oscar y la disculpa de Crowe, muy tibia, cuando las urnas ya se habían cerrado. En consecuencia, Una mente maravillosa ganó el Oscar a mejor película, mejor director, mejor guion adaptado y mejor actriz de reparto, mientras que la estatuilla a protagonista fue para Denzel Washington (por Training Day), al que Crowe había arrebatado, esa campaña, el Globo de Oro o el SAG, entre otros premios. No es que Washington no mereciese el Oscar por su inolvidable Alonzo, pero es evidente que en su otorgamiento influyó el incidente del BAFTA. ¿Y si a Russell Crowe le cortaban el discurso y decidía recordarle al director de los Oscar que él, antes de dar vida a un matemático, había sido gladiador?

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