Ocio, otra asignatura pendiente en los jóvenes con discapacidad intelectual: "Los padres nos convertimos en sus amigos y no es justo"
2026-03-27 - 06:50
La adolescencia es una etapa de cambios, y no solo físicos. Es la etapa en la que los niños y niñas empiezan a buscar su espacio y su autonomía al margen de sus padres, y empiezan a querer hacer planes con sus iguales, al margen de la familia. Esto es algo que, aunque puede que algo más tarde, también ocurre a los niños con discapacidad intelectual. La diferencia es que ellos tienen muchas menos opciones de poder hacerlo. "El ocio es una parte del tiempo libre que cada persona dedica a hacer actividades que le gustan y con las personas que quiere: tan importante es lo que se hace como con quién se hace", asegura Beatriz Vega, responsable del proyecto de Ocio inclusivo de Plena Inclusión España. Álvaro tiene 13 años y una discapacidad intelectual derivada de una mutación en el gen TBR1, un gen implicado en el neurodesarrollo que puede provocar además rasgos autistas, epilepsia y trastornos del lenguaje, como es su caso. Hasta la etapa de la Primaria, ha estado en un colegio ordinario con apoyos, porque sus padres valoraban mucho que estuviera con sus iguales, pero como al finalizar esta etapa, en la ESO, los apoyos se desploman, decidieron escolarizarlo en educación especial. "Su colegio le aporta también un montón de cosas, pero se han resentido sus relaciones sociales", asegura su madre, Mercedes. Lo que necesita ahora es ocio fuera del colegio, algo que su madre asegura que le está siendo muy difícil. "Desde muy chico, incluso antes de tener el diagnóstico, fue a terapias, a logopeda, a fisio, a terapia ocupacional, musicoterapia, terapia con caballos, terapia deportiva... pero todo tiene la etiqueta 'terapia'. Yo he intentado que haga actividades con otros niños, pero no hay nada. En estas actividades o directamente no lo cogen o no ponen los medios para que esté bien", se queja. Como reconoce Beatriz Vega, "muchas personas con discapacidad intelectual se encuentran barreras para desarrollar su ocio porque sigue habiendo prejuicios sobre la discapacidad, porque muchos espacios, transportes e información no son accesibles". A todo ello se une que en la adolescencia el grupo de iguales tiene mucha importancia y las actividades suelen ser más espontáneas y poco estructuradas, lo que dificulta aún más la participación cuando una persona necesita apoyos, anticipación o un entorno más comprensible. "Por eso muchos jóvenes con discapacidad intelectual tienen menos oportunidades para relacionarse con otros de su edad, lo que limita su círculo social y, por tanto, las posibilidades de tener ocio como cualquier otro chico o chica: haciendo planes, quedando, compartiendo intereses y sintiéndose parte de un grupo". Muchas personas con discapacidad intelectual se encuentran barreras para desarrollar su ocio porque sigue habiendo prejuicios sobre ellas Mercedes es consciente de que conseguir eso con Álvaro es complicado, pero le gustaría que, al menos en actividades programadas, tuvieran en cuenta que existen chicos con necesidades especiales. "Me gustaría que se planteara reservar plazas para niños con necesidades. Soy consciente de que hay algunas que va a ser difícil que haga por su discapacidad, pero hay otras muchas que sí podría con un poco de apoyo, pero no existen", lamenta. Al final, todas las actividades disponibles para él, no dejan de ser terapéuticas. "Si quieres natación, o es terapéutica o no tienes opciones. Y lo mismo con actividades como caballos, deporte adaptado...”, asegura. Además, para encontrarlas, especialmente en fin de semana, tienen que estar organizadas por entidades relacionadas con la discapacidad. "Funcionan muy bien y son maravillosas, pero no son inclusivas, porque aunque admitan a personas con o sin discapacidad, a la hora de la verdad casi nadie apunta a su hijo sin discapacidad a una actividad inclusiva. Como mucho es el hermano de un niño con discapacidad el que va. Las familias no llevan a sus hijos a una actividad en la que hay chicos con discapacidad, pero porque no han crecido con ellos, no normalizan la situación. De hecho, cuando llevo a mi hijo a alguna actividad, yo veo como el resto lo mira raro por cómo habla, cómo se comporta... y lo excluyen". Se trata, como reconoce Beatriz, de una queja es muy frecuente que refleja una dura realidad: "Muchos jóvenes con discapacidad intelectual no pueden participar en los recursos de ocio generales que usan otras chicas y chicos de su edad. Y esto no ocurre porque ‘necesiten algo distinto’, sino porque el entorno social y los espacios de ocio ordinarios no están preparados para incluirles, no están pensados para personas diversas". A Álvaro, por ejemplo, le encanta el fútbol, se queda embobado cada vez que ve a chicos de su edad entrenar y le pide a su madre que lo apunte, pero no ha conseguido que ninguna escuela de fútbol lo admita o le garantice que va a tener un mínimo del apoyo que necesita. "Me da pena, porque es él quien me lo pide, pero no es posible. Al final, somos los padres los que acabamos siendo los mejores amigos de nuestros hijos, y es muy injusto para ellos". Desde Plena Inclusión creen que hacer los espacios y actividades de ocio inclusivas y accesibles cognitivamente es perfectamente factible. "Se puede elaborar información para anticipar las actividades, explicado cómo se desarrollan, dando estrategias para participar, dar formación a los profesionales de ocio para que sepan promover la participación de forma natural y fomentar las relaciones sociales entre los jóvenes con y sin discapacidad, que sepan orientar y acompañar sin sobreproteger... Y que desde los espacios de ocio se presten apoyos para que todas las personas puedan disfrutar de un ocio pleno... Pero la inclusión real requiere cambios estructurales, no solo buena voluntad". A la hora de la verdad nadie apunta a su hijo sin discapacidad a una actividad inclusiva El acceso al ocio es, o debería ser, un derecho, pues influye de manera directa en el bienestar y la salud mental de las personas con discapacidad intelectual, así como a su bienestar físico, a su desarrollo personal y a su autonomía. Además, en estas edades el grupo de iguales y la relación con otras personas es muy importante. “Un informe del observatorio de la soledad no deseada recoge que el 25,5% de los jóvenes españoles entre 16 y 29 años se sienten solos actualmente. Y la soledad en las personas con discapacidad suele ser más frecuente y más persistente, como se refleja en el estudio sobre soledad no deseada y discapacidad, que además señala que el grupo de edad al que más afecta la soledad es el de jóvenes con discapacidad, donde el porcentaje se eleva hasta el 65,7%. Es importante que los jóvenes con discapacidad desarrollen al máximo su autonomía y su autodeterminación y ofrecerles oportunidades para conocer a más personas y probar diferentes actividades de ocio para tener un ocio más rico y pleno", insiste Beatriz. Mercedes, de momento, solo ha conseguido que admitan a Álvaro en la escuela de música que hay en su pueblo, donde toma clases de batería, pero, una vez más, se debe a la buena voluntad y la sensibilidad de su profesor. "No tiene formación específica sobre discapacidad, pero está muy involucrado, lleva tres años con él y es una maravilla. Dependes, como en todo, de la sensibilidad y la voluntad de la gente con la que te encuentres, y eso no debería ser así", lamenta.