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Oleoducto Druzhba: así es la 'tubería' soviética de 4.000 kilómetros que condiciona la guerra de Ucrania

2026-03-17 - 14:50

Han pasado más de cuatro años desde el inicio de la invasión rusa de Ucrania. Pero este territorio europeo ya no es solo motivo de preocupación por la guerra: se ha convertido en una pieza clave en muchas de las decisiones políticas del continente. Parte de ese peso se explica por su situación geográfica. Por Ucrania atraviesan infraestructuras críticas de las que dependen varios países europeos y una de ellas se sitúa ahora en el centro del debate en Bruselas. El oleoducto Druzhba se ha convertido en el último frente de negociación: el tránsito de petróleo ruso hacia Hungría es hoy una moneda de cambio para desbloquear ayudas millonarias de la Unión Europea. Una autopista de petróleo de más de 4.000 kilómetros El Druzhba es una pieza de ingeniería heredada de la Guerra Fría. Construido en los años 60 por la Unión Soviética, hace más de medio siglo, su nombre significa ‘amistad’ en ruso y es el oleoducto más largo del mundo. Lejos de ser un vestigio del pasado, continúa considerándose una de las infraestructuras energéticas más importantes del continente. Se trata de una red de más de 4.000 kilómetros que transporta petróleo ruso hacia varios países de la UE. Para entender su alcance es necesario conocer su recorrido. El Druzhba nace en Rusia y se bifurca en dos grandes ramas al entrar en Europa: una hacia el norte, que abastece a países como Polonia y Alemania, y otra hacia el sur, que llega a Hungría, Eslovaquia y República Checa. Fue así diseñado para garantizar un suministro constante de crudo a los países del bloque socialista. Desde el punto de vista técnico, funciona como cualquier gran oleoducto moderno: estaciones de bombeo distribuidas a lo largo del recorrido impulsan el crudo, manteniendo la presión necesaria para que fluya durante miles de kilómetros. El sistema está monitorizado mediante sensores y controles que permiten ajustar caudales, detectar fugas o gestionar interrupciones. No obstante, a diferencia de infraestructuras más recientes, el Druzhba combina tramos modernizados con otros más antiguos, lo que añade complejidad a su mantenimiento y a su integración con redes energéticas actuales. Por qué sigue siendo una infraestructura clave Más allá de su capacidad técnica, su funcionamiento actual está condicionado por decisiones políticas. Aunque no ha sido un objetivo directo de ataques sistemáticos, el Druzhba ha sufrido interrupciones y daños puntuales desde el inicio de la guerra. Al no ser ‘un único tubo’, sino una red de oleoductos interconectados, Ucrania ha podido limitar o interrumpir el tránsito en determinados tramos de su territorio, utilizando el control del flujo como herramienta de presión en la guerra. Uno de los motivos por los que, a pesar de la caída de la URSS hace ya décadas, la infraestructura sigue operativa es que, en muchos casos, es difícil de sustituir. Esto se debe a que no todas las refinerías pueden procesar cualquier tipo de crudo. Muchas de las que están conectadas a este oleoducto fueron diseñadas específicamente para tratar petróleo ruso, lo que hace que cambiar de proveedor no sea tan sencillo como abrir otra válvula. Adaptar esas instalaciones requiere inversiones, tiempo y, en algunos casos, rediseñar procesos completos. Por eso países como Hungría siguen dependiendo en gran medida de este suministro. Además, el transporte por oleoducto sigue siendo más estable y barato que otras alternativas como el transporte marítimo, lo que refuerza su atractivo. De esta forma es como el Druzhba ha terminado convertido en herramienta política: Ucrania tiene la capacidad de interrumpir o limitar el flujo de petróleo hacia países como Hungría. Y Hungría, a su vez, puede utilizar su posición dentro de la Unión Europea para bloquear decisiones clave, como ayudas económicas a Kiev.

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