Oliver Laxe, un guerrero en el baile, frágil en el amor: "Soy hijo de obreros y arrastro mucha rabia dentro"
2026-02-27 - 12:43
Oliver Laxe, director de la película que representará a España en los Oscar, Sirat, se ha sincerado sobre la imperfección, la danza, la muerte e incluso del propio sentido de la existencia en una entrevista en ELLE. El cineasta es conocido por sus disertaciones existencialistas, algo que no solo muestra en su obra, sino cada vez que sale a la luz una de sus charlas. Laxe reflexiona sobre su forma de bailar midiendo casi dos metros: "Tengo muchísima energía, casi la de un guerrero, y durante mucho tiempo me costó asumir mi propio físico, porque en el fondo soy una persona frágil y sensible". Su manera de danzar, que por su forma de describirlo y su talla bien podría asemejarse a la de un vikingo invadiendo la Inglaterra del siglo VII, la muestra en alguna de sus tan representativas raves, que se han convertido en uno de los elementos más característicos de su filme. Su relación con ellas (las raves) también es tema de conversación: "Soy hijo de obreros y arrastro mucha rabia dentro; esa energía necesita una salida", y acudir a esas fiestas clandestinas para Oliver se convierte en una forma de canalizarla. La vida, como el viaje del que versa su obra, tiene un final y Laxe ya ha decidido cuál quiere que sea su desenlace. Dice que vive "frente a un bosque de castaños centenarios" y como tal quiere morir "anónimamente, cayendo al pie de uno de ellos". Para él, este destino es "volver a la raíz, entender que no somos nada y que esa nada también es parte de todo". Sobre la imperfección humana también versa su cine. Cree que asumirla es "fundamental". "Nuestro mayor miedo es engañarnos a nosotros mismos, y vivimos en una época en la que hacerlo es fácil", afirma. Su visión de la libertad, en cambio, es algo desesperanzadora. No cree que el ser humano sea libre. La única forma de que lo sea, para el director, es darse cuenta de su propia esclavitud a "algo que trasciende" y a "algo que está por encima". El artista también ha hablado de la fragilidad que encierra, de amar desde ella. Dice haber tardado "40 años" en aprender a hacerlo. "Todos los niños se neurotizan, atraviesan pequeños abandonos. En mi caso, un corte temprano generó una máscara: la huida hacia un mundo interior, la idealización de la realidad para no tocar el dolor. Con el tiempo he tenido que aprender a quedarme, a no escapar, a sostener lo que duele y a estar más blando", reflexiona. Toda esta espiritualidad contrasta con las necesidades más banales y capitalistas de la actualidad. Sobre su trabajo, ha dicho que le gusta, pero que "es un peligro" porque "no deja de ser una herramienta". "El éxito profesional está bien, pero no es lo esencial, yo necesito intimidad, cuidar y ser cuidado", afirma.