Olivos en el Ártico: España lleva semillas a la gran bóveda mundial contra el apocalipsis agrícola
2026-02-22 - 16:23
En una montaña helada del Ártico, a más de 3.000 kilómetros de los olivares andaluces, el futuro del aceite de oliva se escribe a temperaturas bajo cero. Por primera vez en la historia, semillas de olivo español serán depositadas en la gran caja fuerte vegetal del planeta, la Bóveda Global de Semillas de Svalbard, el mayor almacén mundial dedicado a conservar la diversidad agrícola frente a guerras, catástrofes naturales o los efectos del cambio climático. El pasado mes de febrero, una delegación del Consejo Oleícola Internacional viajó al archipiélago noruego de Svalbard para realizar este primer depósito histórico. La instalación, situada en la isla de Spitsbergen y gestionada por el NordGen, funciona como una copia de seguridad global de los bancos de germoplasma del mundo. Las semillas se almacenan a unos −18 grados y, aunque fallara el suministro eléctrico, el permafrost ártico mantendría el frío necesario para su conservación durante décadas o incluso siglos. El futuro del olivar Gracias a esta iniciativa, el olivo, uno de los cultivos más antiguos y emblemáticos de la cuenca mediterránea, entra en el sistema internacional de respaldo que ya protege millones de muestras de trigo, arroz o maíz provenientes de todo el mundo. Lo hace en un momento delicado, pues como consecuencia del cambio climático, la globalización y la pérdida de biodiversidad, la agricultura mediterránea se enfrenta a sequías cada vez más frecuentes, olas de calor extremas y nuevas plagas, como ha demostrado la expansión de la bacteria Xylella fastidiosa en el sur de Europa en la última década. El proyecto es fruto de un acuerdo tripartito firmado en 2024 entre la FAO, el COI y el Ministerio de Agricultura de España. Ese acuerdo reconoce oficialmente la Colección Internacional de Germoplasma de Olivo de Córdoba dentro del marco del Tratado Internacional sobre los Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura, que establece un sistema multilateral para facilitar el acceso y la conservación de cultivos clave para la seguridad alimentaria. La colección cordobesa, gestionada por la Universidad de Córdoba en colaboración con la Junta de Andalucía, es una de las más importantes del mundo. Alberga más de 900 variedades procedentes de más de 20 países. Allí conviven acebuches silvestres y variedades cultivadas de Albania, Argelia, Chipre, Croacia, España, Francia, Grecia, Italia, Marruecos, Portugal, Siria, Túnez o Turquía, entre otros Estados miembros del COI. Es, en la práctica, un atlas vivo de la diversidad genética del olivo. Hasta ahora, esa riqueza se conservaba en campo, mediante árboles plantados y cuidados en parcelas experimentales. Pero el olivo cultivado se multiplica sobre todo por vía vegetativa, mediante esquejes, lo que complica la creación de copias de seguridad en forma de semilla. Precisamente por eso este depósito en Svalbard tiene un valor añadido; obliga a seleccionar cuidadosamente semillas representativas de la mayor diversidad posible. De la aceituna al sobre hermético El proceso ha sido largo y minucioso. Las semillas proceden tanto de ejemplares de la colección ex situ del banco cordobés como de acebuches recolectados por la Universidad de Granada en distintos linajes silvestres de la península ibérica. Cada aceituna ha pasado por laboratorio; primero se extrae el hueso, después se libera la semilla interior y se somete a un proceso de desecación controlada en la Universidad de Córdoba para garantizar su viabilidad a largo plazo. Posteriormente, el Centro de Recursos Fitogenéticos ha realizado ensayos de germinación para comprobar que el material mantiene su capacidad de brotar. Solo entonces las semillas se introducen en sobres herméticos especiales, etiquetados con información detallada sobre su identidad y origen. Esos sobres viajarán hasta Longyearbyen, la pequeña capital del archipiélago ártico, antes de ser depositados en las galerías subterráneas excavadas bajo el hielo y la roca. El depósito de estas semillas no implica cesión de propiedad. Cada banco conserva la titularidad de sus muestras. Svalbard actúa únicamente como copia de seguridad. Además, una réplica exacta del material enviado al Ártico permanecerá en España como duplicado. Un cultivo estratégico ante el cambio climático No se trata tan solo de garantizar la viabilidad de un cultivo, de su paisaje y su cultura. Según datos de la FAO, el cultivo del olivo ocupa más de diez millones de hectáreas en el mundo y sostiene la economía de millones de agricultores, especialmente en la región mediterránea. España es el primer productor mundial de aceite de oliva, con campañas que en años favorables superan el millón y medio de toneladas. Sin embargo, la uniformización varietal y la intensificación agraria han reducido la diversidad genética en muchos territorios. Esa diversidad es la materia prima con la que los investigadores buscan variedades más resistentes a la sequía, a nuevas enfermedades o adaptadas a sistemas de plantación modernos. Perderla supondría limitar la capacidad de respuesta ante un clima cambiante. En ese contexto se enmarca también el proyecto europeo Gen4Olive, financiado por el programa Horizonte 2020, que ha trabajado en la caracterización de centenares de variedades y genotipos silvestres para facilitar su uso en programas de mejora. La copia de seguridad en Svalbard refuerza ese esfuerzo científico y le añade una capa de protección global. Cooperación frente a la incertidumbre El depósito de semillas de olivo en la bóveda ártica es un ejercicio de cooperación internacional. Participan universidades, centros públicos de investigación como el CSIC y el INIA, organismos multilaterales y administraciones nacionales. En un momento en que la geopolítica y la crisis climática generan incertidumbre, la imagen de variedades mediterráneas conservadas en el norte helado adquiere una importante dimensión internacional. La conservación en frío no sustituye a las políticas agrarias, ni evita por sí sola la desertificación o las plagas, pero ofrece una red de seguridad. Si un desastre natural, un conflicto o un fallo técnico destruyera colecciones enteras, siempre quedaría una copia capaz de restaurar esa diversidad.