Olvida la báscula y coge la cinta métrica: la grasa abdominal predice mejor el fallo cardíaco
2026-03-17 - 20:20
Durante décadas, el Índice de Masa Corporal (IMC) ha sido la métrica más socorrida para medir nuestra salud, pero la cifra que marca la báscula puede ser un espejismo. Una nueva investigación presentada en el último congreso de la Asociación Americana del Corazón (AHA) sugiere que, cuando se trata del corazón, lo que realmente importa se mide en centímetros , y más concretamente de cintura. El exceso de grasa acumulada en el abdomen, también conocida como grasa visceral es un predictor mucho más potente del riesgo de sufrir insuficiencia cardíaca que el peso corporal. El hallazgo ayuda a resolver un enigma clínico: por qué hay personas con un peso aparentemente saludable que acaban desarrollando patologías cardíacas graves. La clave no está en cuánta grasa se tiene, sino en dónde se almacena. Según el estudio, la grasa abdominal actúa como una «fábrica» de inflamación sistémica que daña progresivamente el tejido del corazón. De hecho, los investigadores estiman que la inflamación explica entre una cuarta parte y un tercio de la relación directa entre la barriga y el fallo cardíaco. El cardiólogo Szu-Han Chen, autor principal del estudio e investigador en la Universidad Nacional Yang Ming Chiao Tung de Taiwán, destaca que este enfoque cambia la forma de vigilar a los pacientes . «Esta investigación ayuda a entender por qué algunas personas desarrollan insuficiencia cardíaca a pesar de tener un peso que parece saludable», explica Chen. Para el taiwanés, el control del perímetro de la cintura y de los marcadores de inflamación en sangre permitiría a los médicos «identificar a personas con mayor riesgo de forma más temprana y centrarse en estrategias de prevención antes de que aparezcan los síntomas». A diferencia de la grasa que se acumula bajo la piel en otras partes del cuerpo, la grasa visceral que rodea los órganos internos es metabólicamente activa . Esta actividad libera sustancias que alteran el sistema inmunitario y dañan los vasos sanguíneos, favoreciendo la aparición de cicatrices en el miocardio que impiden al corazón bombear sangre con eficacia. En el seguimiento realizado durante siete años a casi 2.000 adultos, las medidas de la cintura y la relación entre cintura y altura mostraron una conexión clara con la enfermedad, mientras que un IMC elevado, por sí solo, no resultó ser un indicador tan fiable . La comunidad científica insiste en que estos datos obligan a replantear la consulta de atención primaria. La doctora Sadiya S. Khan, profesora de epidemiología cardiovascular en la Universidad Northwestern (EE. UU.) y portavoz de la AHA, recalca la importancia de integrar estas mediciones en la rutina preventiva. «Comprender los factores que impulsan el riesgo, como la adiposidad central , es fundamental para reconocerlo y modificarlo», afirma Khan, subrayando que el lugar donde se deposita la grasa es un factor determinante en el desarrollo de la insuficiencia cardíaca. Aunque los autores señalan que aún es necesario investigar si estos resultados afectan por igual a todos los subtipos de la enfermedad, el mensaje para el ciudadano es nítido : para cuidar el corazón, a veces es más útil vigilar el cinturón que obsesionarse con los kilos. Reducir esa inflamación invisible, ya sea mediante el ejercicio o la dieta, se presenta como la mejor defensa para un órgano que no entiende de estética, sino de diámetros .