OPINIÓN | La discapacidad y las risas, por Melisa Tuya
2026-02-26 - 06:13
Durante demasiado tiempo, el humor y la discapacidad no casaron demasiado bien. La discapacidad era motivo de risa, de escarnio. Los chistes con cojos, con los tontos del pueblo, con los ciegos, con los enanos, no se paraban demasiado a pensar en el daño que podían causar o en la necesidad del respeto al otro. Sigue pasando y era aceptado hasta hace muy poco. No resultaba raro encontrarlo en la televisión, en horario de máxima audiencia. Y justo esta semana es noticia de nuevo la derogación del uso de personas con acondroplasia en espectáculos pensados para hacer mofa de su condición. Nunca me ha gustado el reír a costa del sufrimiento ajeno, pero sí la risa como válvula de escape, el mirar el mundo tras el prisma de no tomarse nada tan tremendamente en serio. Hay cierta sabiduría en el humor bien gestionado, en ver la vida sabiendo que hay matices y nada dura, que de todo podemos extraer una sonrisa y un chiste, mientras no dañe ni denigre. El humor cura. El humor enseña. El humor, como la esperanza, jamás debería abandonarnos.