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¿Oro, bonos o energía? Los refugios que sí funcionan y los que no en el ataque a Irán

2026-03-07 - 07:13

Cuando estalla una crisis internacional, los inversores reaccionan casi de forma automática. El dinero busca refugio. Oro, bonos, petróleo, dólar. Los mismos activos de siempre. El problema es que en esta ocasión el mecanismo no está funcionando exactamente como muchos esperaban, y el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán está poniendo a prueba algunos de esos refugios tradicionales. El ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán ha introducido un shock energético que cambia las reglas habituales del juego. El petróleo vuelve a superar los 85 dólares por barril y varios bancos de inversión ya contemplan escenarios por encima de los 100 dólares si el conflicto afecta al estrecho de Ormuz, la ruta por la que circula cerca del 20% del petróleo mundial. Ese movimiento tiene una consecuencia inmediata. La energía empuja a la inflación. El problema de los bonos cuando la inflación vuelve Durante décadas la deuda pública ha sido el refugio más evidente en momentos de tensión geopolítica. Cuando aumenta la aversión al riesgo, los inversores suelen vender bolsa y comprar bonos soberanos. Sin embargo, esa lógica se complica cuando la crisis viene acompañada de inflación energética. En los últimos días la rentabilidad del bono español a diez años ha pasado del entorno del 3% al 3,26%. En Estados Unidos el Treasury a diez años también ha repuntado hasta la zona del 4,05%. A primera vista podría parecer una buena noticia. Pero en realidad refleja justo lo contrario. Cuando las rentabilidades suben es porque los precios de los bonos están cayendo. El mercado está descontando que si el petróleo mantiene la presión sobre la inflación, los bancos centrales tendrán menos margen para recortar tipos de interés. Y los bonos a largo plazo son especialmente sensibles a ese tipo de cambios. Por ese motivo algunos gestores están reduciendo duración en sus carteras y concentrándose en deuda de corto plazo o en instrumentos monetarios, que reaccionan menos a los movimientos de tipos. El oro también puede fallar Si hay un activo asociado a las crisis internacionales, ese es el oro. Durante décadas ha funcionado como refugio frente a la inflación, las crisis financieras y la incertidumbre geopolítica. Pero incluso ese papel tiene matices. En las últimas semanas el metal precioso ha rondado los 5.000 dólares por onza tras haber marcado máximos históricos. Sin embargo, el movimiento no ha sido tan limpio como cabría esperar en un contexto de tensión militar. Una parte de la explicación está en el dólar y los tipos de interés. En momentos de tensión global muchos inversores prefieren refugiarse directamente en la moneda estadounidense. El dólar se ha fortalecido frente al euro hasta la zona de 1,16 dólares por euro, su nivel más alto en aproximadamente un mes. Además, el repunte de las rentabilidades de los bonos estadounidenses aumenta el coste de oportunidad de mantener oro en cartera. A diferencia de la deuda pública, el metal precioso no paga intereses. El refugio que sí se beneficia de esta crisis En esta ocasión el activo que más directamente está reaccionando al conflicto no es el oro ni la deuda. Es el petróleo. Cada escalada de tensión en Oriente Medio suele trasladarse de forma inmediata al precio del crudo. Y cuando el petróleo sube con fuerza, las empresas energéticas tienden a mejorar sus resultados. Según explica Lale Akoner, analista de eToro, cuando el Brent se mantiene por encima de los 80 dólares por barril el flujo de caja de muchas petroleras mejora de forma significativa, lo que suele traducirse en un mejor comportamiento bursátil frente al resto del mercado. No significa que la energía sea un refugio perfecto. Si el conflicto se prolonga demasiado y termina afectando al crecimiento global, la demanda de petróleo también podría resentirse. Pero en las primeras fases de un shock petrolero suele ser uno de los activos que mejor se comporta. Defensa y materias primas ganan protagonismo El aumento de las tensiones internacionales también suele beneficiar a otro sector concreto. El de defensa. Las crisis geopolíticas tienden a traducirse en mayores presupuestos militares. Según eToro, los periodos de alto riesgo geopolítico suelen mejorar la visibilidad del gasto en defensa a medio plazo, lo que favorece a las empresas del sector. Algo parecido ocurre con otras materias primas. Cuando el petróleo sube, las expectativas de inflación también lo hacen. Y en ese entorno los inversores tienden a aumentar su exposición a activos reales. El refugio perfecto no existe La conclusión que se repite entre muchos gestores es que en esta guerra no existe un activo completamente blindado. Los bonos pueden caer si la inflación repunta. El oro puede verse presionado por un dólar fuerte o por el aumento de las rentabilidades. La energía depende de la duración del conflicto. La bolsa sigue siendo extremadamente sensible al coste del dinero. Por eso, en episodios como el actual, la protección del patrimonio rara vez depende de un único activo. Depende mucho más del equilibrio entre varios de ellos.

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