Overbooking en el gimnasio: "Reservar las clases es como comprar la entrada de un concierto"
2026-01-25 - 21:05
A las cinco y media de la mañana, cuando Madrid todavía bosteza y muchas persianas siguen cerradas, Ángela Casado ya está despierta. Enciende la luz, prepara el primer café y degusta la prensa nacional. Un ratito después, entrando el barrio ya tímidamente en ebullición, se embala hacia el Centro Deportivo Municipal Sportrade, en Cuatro Caminos. A sus 81 años, Ángela despacha una energía que desarma cualquier prejuicio sobre la edad. Y quienes la reciben cada día como un marine, dispuesta para todas las actividades que le son posibles, ven su admiración convertida en un deseo: ojalá estar así a su edad. Desde que el centro abrió sus puertas, Ángela no ha faltado a sus autoimpuestas obligaciones gimnásticas. "Del gimnasio, como tal, me gusta todo", dice sin rodeos tras haber agotado una clase de zumba mañanera. Su agenda deportiva impresiona: aquagym, aquafit, aquapilates, zumba, gimnasia y movilidad activas... Cansa sólo de oírlo. "Lo voy compaginando", explica. Ama de casa, madre, abuela y, durante 48 años, investigadora del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Ángela es de esas personas que no ha perdido el tiempo. "Cuando me jubilé decidí que ya era época de hacer otras cosas". Hace unas semanas ganó el reto de natación organizado por el centro. Llegó hasta el final, superando a otros lozanos a los que superaba en una década al menos. "Esto me da vidilla", comenta. Las clases colectivas se han convertido en un producto altamente demandado en los gimnasios, atrayendo público muy alejado del usuario tradicional de este tipo de instalaciones, que han resultado un espacio un tanto hostil para perfiles como el de Ángela durante años. Ahora, el enorme éxito de este tipo de clases está llevando a que reservar plaza exija reflejos y planificación, casi como comprar una entrada para un concierto. En las salas y en la piscina, Ángela, se mezcla con universitarias, profesores de instituto, catedráticas, investigadores y amas de casa con hijos ya mayores. "El espectro demográfico es muy amplio", resume. También el de edades. "Yo creo que soy de las mayores, pero no me ha influido nunca". Aquí nadie pregunta cuántos años tienes; lo importante es si has conseguido reservar plaza. Porque las clases están llenas. A veces, demasiado. Algo que, de cara a este enero, repleto de promesas con ADN motivacional, promete ser incluso peor. Un espacio intergeneracional Lo que vive Ángela no es una anécdota aislada, sino el reflejo de una tendencia generalizada. La industria del deporte y el fitness atraviesa uno de sus momentos de mayor expansión en España, impulsada por una conciencia social creciente sobre la salud, el envejecimiento activo y el bienestar físico y mental. Según el Informe OBS sobre la industria del deporte y el fitness, el sector ha experimentado un crecimiento sostenido en los últimos años, tanto en número de centros como de usuarios. El gimnasio ha dejado de ser un espacio asociado casi exclusivamente a la musculación para convertirse en un punto de encuentro social, intergeneracional y comunitario. Dentro de ese crecimiento, las clases dirigidas se han consolidado como uno de los principales motores de fidelización. Zumba, body pump, pilates, yoga, entrenamiento funcional o actividades acuáticas atraen perfiles muy diversos y mantienen a los usuarios activos durante más tiempo. El software para estudios de fitness, gimnasios y entrenadores personales Virtuagym apunta que este tipo de entrenamiento en grupo ha vuelto "con fuerza" tras la pandemia y seguirá creciendo al menos hasta 2026. No sólo por razones físicas, sino porque entrenar acompañado mejora la motivación y reduce el abandono. En la práctica, engancha. Y ese enganche empieza a generar un fenómeno cada vez más común: listas de espera, reservas exprés y sensación de overbooking. Gimnasios convertidos en plazas públicas David Garzón, gerente del Centro Deportivo Municipal Sportrade de Cuatro Caminos, lo confirma con cifras. El centro abrió en febrero y lleva apenas diez meses funcionando. "La acogida en el barrio ha sido bastante importante", explica. En los picos de septiembre y octubre han llegado a registrar hasta 3.500 accesos diarios. De ese volumen, entre el 35% y el 40% de los usuarios acuden con la intención expresa de participar en actividades dirigidas. "El uso es mixto —piscinas, sala fitness, clases—, pero las colectivas tienen muchísimo peso". Para evitar la saturación, el centro ha implantado sistemas de reserva anticipada, límites por usuario y políticas de cancelación. Aun así, la presión existe. "Preferimos mantener la calidad y el confort antes que crecer sin control", señala David, que no descarta listas de espera generales a corto plazo. Más que una moda pasajera, apunta a un cambio de fondo. "No es que haya un boom de clases colectivas, es que hay un boom del uso deportivo en general. La sociedad ha integrado por fin la necesidad de hacer ejercicio". Y las clases ayudan: "Dinamizan, hacen más apetecible venir. Tienen música, estructura, una programación profesional. Para quien viene por salud o por obligación, lo hacen más accesible". Cristina Malpartida lo vive desde otra perspectiva. Es escenógrafa y hasta hace no tanto el deporte no formaba parte de su rutina. "Hacía 20 años que no hacía ejercicio", reconoce. Empezó el gimnasio, perdió peso y ganó constancia. Hace body pump "obligada", dice entre risas, pero donde disfruta de verdad es en zumba y baile. "Bailar es lo que me gusta". No busca necesariamente socializar, pero sí reconoce el valor de la actividad dirigida. "Te obliga un poco", admite. Te marca el ritmo, el horario y el compromiso. Como un concierto Cristina también ha notado el cambio en la demanda. "Antes no había problemas para reservar. Ahora empieza a costar". Tanto, que ya pone alarmas en el móvil. "Es casi como un concierto". Su percepción coincide con los datos del sector y con lo que observa el propio centro. Las actividades acuáticas para personas mayores están muy demandadas, el trabajo de fuerza ha crecido —especialmente entre mujeres— y todo lo relacionado con cuerpo-mente, como yoga y pilates, vive un momento de enorme popularidad. "La gente se ha concienciado de que no todo es sudar", explica David, "también hay que parar, trabajar la movilidad, la respiración y la postura". Más allá del ejercicio, los gimnasios se están consolidando como nuevos espacios sociales. En un contexto de hiperconexión digital y cierto aislamiento cotidiano, ofrecen algo tan simple como compartir tiempo y esfuerzo con otros. "En las estadísticas, la motivación social suele ser el tercer motivo para hacer deporte", señala el gerente. Por eso los centros fomentan retos, actividades colectivas y dinámicas que favorecen el encuentro. "La gente es más fiel cuando se siente a gusto", resume. Ángela lo dice sin teorizar. "Aquí hay buen ambiente. La gente es amable". Para su generación, añade, eso importa. Mucho. Y aunque Cristina venga "sólo" a ponerse en forma, acaba formando parte de esa coreografía colectiva de reservas, sudor y horarios compartidos. El futuro apunta a más demanda y más control. El reto no será atraer usuarios, sino gestionar la saturación sin perder calidad. Si quieres contactar con 20minutos, realizar alguna denuncia o tienes alguna historia que quieres que contemos, escribe a pablo.rodero@20minutos.es. También puedes suscribirte a las newsletters de 20minutos para recibir cada día las noticias más destacadas o la edición impresa.