Pagar más a quienes educan
2026-02-25 - 05:33
Hace unos días, el algoritmo, o lo que sea, me trajo una reflexión de Pep Guardiola que me parece brillante y que viniendo de alguien del mundo del fútbol es aún más valiosa. Pedía pagar más a los profesores. Su reivindicación es llamativa, especialmente cuando, en el mundo del fútbol, vemos salarios desorbitados para deportistas muy jóvenes que, en demasiadas ocasiones, carecen de las herramientas necesarias para gestionar bien tener todo ese dinero en la cuenta. Gente a la que se le paga sueldos de muchos ceros por jugar al fútbol. Algo válido pero que genera debate o, al menos, una reflexión. La respuesta de Guardiola surgió ante la pregunta de un periodista sobre cómo frenar la preocupante ola de racismo, violencia ultra y discursos de odio que está calando con fuerza, especialmente entre los más jóvenes. Su fórmula fue tan sencilla como revolucionaria: invertir en educación. Pagar mejor a quienes tienen la misión de formar y moldear a nuestros hijos. Sería lo justo. Al fin y al cabo, pasan con ellos gran parte de su vida, muchas horas cada día, formándolos, moldeándolos, despertando su curiosidad, descubriendo sus habilidades, haciéndoles mejores personas, personas que sepan razonar, pensar, cuestionarse las cosas, tener hambre de aprender, de escuchar, de respetar otras opiniones... Vaya por delante que esto, lo tenemos claro, no exime de la responsabilidad de cada padre y madre en construir ese camino con los mejores pasos, con las mejores experiencias, con los mejores consejos porque, al fin y al cabo, ellos serán los adultos que, en un futuro, tengan que decidir qué sociedad queremos ser, cómo será nuestra convivencia. Tenemos claro que no delegamos en los profesores o escuelas su formación. Eso es evidente. Pero es que en los últimos años el reto se ha vuelto más complejo. Ya no basta con dar buenos consejos en casa, con enseñarles valores. Hoy es necesario también supervisar qué es lo que ven y consumen en redes, controlar el algoritmo. ¿Qué tipo de contenidos les llega?, ¿quiénes les hablan?, ¿qué les cuentan?, ¿cómo los adoctrinan o intoxican con noticias falsas? La reflexión de Guardiola nos recuerda que una sociedad que no valora a sus maestros es una sociedad condenada a la impulsividad y al prejuicio. Invertir en el profesorado no es solo una cuestión de salarios, sino de dignidad institucional y de defensa propia frente a la intolerancia. Si queremos proteger a las nuevas generaciones del ruido tóxico de las redes y del odio que se propaga en los estadios y en las calles, debemos empezar por fortalecer el aula. Porque un niño que aprende a pensar por sí mismo bajo la guía de un maestro valorado y motivado es, sin duda, un adulto que difícilmente se dejará arrastrar por la violencia o el miedo al diferente.