Pamela Anderson vuelve a escandalizar a la crítica durante el Festival de Berlín: así es 'Rosebush Pruning'
2026-02-17 - 15:33
Al salir del Berlinale Palast donde se proyectó Rosebush Pruning, la nueva película del brasileño Karim Aïnouz, muchos plumillas se preguntaban por qué se ruedan este tipo de películas. Parece obvio que lo que se ha llamado “cine de la incomodidad” por el respetado Geoff King tiene su público. Es un subgénero que supura una más que evidente misantropía construido con elementos reconocibles: unas gotitas de escatología, otro poquito de crueldad sanguinolenta y un mucho de familias disfuncionales formadas por personajes autistas. Con esos mimbres han cimentado Yorgos Lanthimos y Ruben Östlund su prolífica y exitosa carrera, y con ellos una recua de imitadores busca repetir sus glorias. La más evidente y entregada de sus seguidoras es Emerald Fennell, de cuyo Saltburn este Rosebush Pruning podría ser tranquilamente una segunda parte (si hubiera quedado alguien vivo de la primera). Sus personajes pertenecen al mismo estrato social y, como ellos, se encuentran enclaustrados en un espacio que mantiene sus depravadas pulsiones controladas, hasta que un personaje viene a romper el precario equilibrio, desencadenando un baño de sangre. El filme se vende como un remake de la primera película de Marco Bellocchio, Las manos en los bolsillos, de 1965, pero la presencia de Efthimis Filippou, el guionista habitual de Lanthimos, es demasiado poderosa como para permitirlo. Puede que la película tenga un mismo aire de familia: un progenitor y cuatro huérfanos, relaciones incestuosas, pulsiones homicidas, pero el resultado final es otra cosa. Recapitulemos. En vez de en la Toscana, la familia se pega la vida padre en Cataluña, confirmando todos nuestros prejuicios y justificando el odio que le tenemos a los expats. Otra pandilla que va a reventar el mercado inmobiliario porque a la madre le gusta la arquitectura de Gaudí y a los hijos la ropa de Balenciaga. Son tan decadentes como guapos y vagos: el padre es Tracy Letts, la madre Pamela Anderson (en sáfica relación con Elena Anaya), y los retoños Jamie Bell, Callum Turner, Riley Keough y Lukas Gage. Solo el tecnazo de Matthew Herbert y Dave Clarke nos despierta de su abulia existencial. Hasta que Jamie decide enamorarse de Elle Fanning (otra vividora sin oficio ni beneficio), y estallan las depravadas pulsiones familiares ante la amenaza exterior. Ed, el personaje interpretado por Callum Turner, obsesionado por los zapatos de la marca Sebago, es el encargado de contarnos la historia. La fotografía de Hélène Louvart, colaboradora habitual de Alice Rohrwacher y de la última de Carla Simón es de lo más instagramable. Pero estando por medio Filippou, importa más que sea tiktokeable o, lo que es lo mismo, realmente incómoda, algo que consigue en más de una ocasión, con parafilias difícilmente olvidables de puro desagradables: de la menstruofilia a la dentífricofilia, pasando por el exhibicionismo más académico, aunque el momento más divertido del filme es una cena familiar que es puro Canino (Yorgos Lanthimos, 2009). Provocaciones de mesa camilla que indignan a los veteranos, pero entusiasman a la juventud. En esa disparidad generacional está lo más interesante de Rosebush Pruning. Bellocchio, comunista confeso, tenía la intención en su filme de atentar contra la familia como epicentro del capitalismo burgués, en un momento en el que estaba a punto de estallar el espíritu del 68. Aïnouz y Filippou buscan simplemente que odiemos a los privilegiados. Y a fe que lo consiguen. Si la original era la expresión de una generación hastiada, esta parece la expresión de una generación simplemente aburrida.