Pierre Lemaitre, eficacia sin ambición
2026-03-02 - 12:43
Pierre Lemaitre ha conseguido convertirse en uno de los más populares autores de la actual narrativa francesa gracias una exitosa trayectoria que ha ido oscilando entre la novela negra y la novela histórica . Ambos subgéneros están presentes, aunque no en la misma medida, en 'Grandes promesas', con la que el autor cierra la tetralogía 'Los años gloriosos', centrada en la evolución de la sociedad francesa de mediados del siglo XX. Como en las anteriores entregas, ficción y realidad se unen al presentar las peripecias de los diferentes miembros de la familia Petellier , que se insertan sobre un marco histórico a través del que se muestra un mundo en permanente cambio, que, superado el trauma de las guerras mundiales, avanza a pasos agigantados hacia la modernidad a través del crecimiento de las ciudades o la popularización del automóvil . No es baladí, aunque sí quizá algo pretencioso, que la obra esté dedicada a Víctor Hugo y Alejandro Dumas, pues Lemaitre se reconoce heredero confeso de ambos, como se evidencia en algunos de los guiños que se van diseminando en la obra, y, sobre todo, en su concepción folletinesca, manifestada tanto en la forma como en el fondo. Alejada de cualquier complejidad, la lectura es amable y amena , con trucos de enganche y giros perfectamente diseñados para mantener la atención y sorprender, mientras que la historia, enrevesada, llena de vericuetos y con ciertos toques melodramáticos, entretiene pero carece de profundidad. Es, en consecuencia, una novela tremendamente eficaz a la quizá cabría pedir algo más de ambición literaria. No queda claro, sin embargo, si esa es la intención de Lemaitre, pues parece -y de ahí la coherencia que rezuma la obra y todo el proyecto en el que se inscribe- que ha hecho exactamente lo que quería: un folletín contemporáneo para todos los públicos, que podría decirse que carece de pretensiones si no fuera porque resultar atractivo para cualquiera es, en sí, una gran pretensión. De las diferentes tramas argumentales que se van planteando, resulta especialmente interesante la de François y su hermano Jean, estructurada a partir de una investigación criminal atravesada por el interesante dilema ético que provoca ser consciente de que la resolución de un misterio puede implicar consecuencias personales que no se desean afrontar. Frente a ella, otras se antojan más vacuas por la estereotipación con la que están diseñados los personajes o por la trivialidad de los asuntos en que andan inmersos. La aparente omnisciencia del narrador -que al final de la novela, en una última vuelta de tuerca, termina por no ser tal- permite ir contando lo que les sucede a unos y otros, generando pasajes especialmente brillantes como el de la anécdota del armario, relatada a través de la perspectiva de sus dos protagonistas. Lemaitre confirma en episodios como esos su maestría como escritor, evidenciada en su forma de dominar los ritmos de la narración y la forma de transmitir la información al lector. La misma superficialidad de la que adolecen los personajes se observa en la recreación de los espacios, convertidos en decorados de cartón-piedra que representan una época pero no profundizan en sus complejidades. Da la impresión de que el autor podría haber sacado más partido al retrato de la transformación social que proyecta, que finalmente acaba convertida en simple escenario de las aventuras y desventuras de los Pelletier. De ahí que la novela, finalmente, se adhiera a la máxima horaciana de «enseñar deleitando» , típica de la narrativa histórica, preocupándonse más por lo segundo que por lo primero.