'Pim, Pam, Pop', entre el brillo y la dentellada
2026-03-24 - 13:00
Es 'Pim, Pam, Pop' una colectiva visualmente rotunda en Opera Gallery, de escenografía cuidada y con algunas obras verdaderamente memorables. Propone una experiencia intensa y, por momentos, francamente gozosa, pero no aspira ni a redefinir el canon del 'Pop Art' ni a ofrecer una lectura restrictiva del término. Más bien lo expande hasta volverlo poroso: junto a nombres históricamente indisociables del Pop, aparecen otros que se aproximan a ese territorio desde lugares laterales, derivados o incluso problemáticos, como las últimas piezas de Luis Gordillo, las fotos de Cristóbal Hara o el aparatoso diálogo entre Pedro Almodóvar y Jorge Galindo. En cualquier caso, dicha amplitud no es necesariamente un defecto: las exposiciones también sirven para forzar vecindades, activar resonancias y mostrar que las categorías de la Historia del Arte nunca han sido tan nítidas como a veces se pretende. En el caso del pop histórico –gestado en la Gran Bretaña de los años cincuenta y consolidado internacionalmente en los sesenta–, además, su legado se deja sentir con persistencia en el arte de las décadas posteriores. El ensayo central del catálogo, firmado por Enrique Juncosa, recuerda que, ya desde sus orígenes, el Pop no constituyó un bloque homogéneo: sus distintas poéticas, ligadas a las imágenes de la cultura de masas y al rechazo del ilusionismo tradicional, desarrollaron formas diversas de figuración atravesadas por la ironía, la parodia y la provocación. Juncosa subraya además que, en el ámbito europeo –y de forma especialmente visible en España–, el Pop pudo asumir una inflexión política más marcada. El recorrido más estimulante de la cita reside, precisamente, en aquellas obras en las que deja de ser un simple repertorio formal y se convierte en un modo de leer, tensar e incluso impugnar la cultura visual de su tiempo. Ahí Equipo Crónica impone el tono con 'Pim-Pam-Pop' (1971), una escena de carga policial que da título a la muestra, acompañada por espléndidos trabajos coetáneos de Isabel Oliver, Rafael Canogar, Luis Gordillo o Juan Genovés. En el tramo internacional deslumbra el conjunto escultórico de Niki de Saint Phalle, así como unas estupendas piezas de Warhol, Lichtenstein o Indiana, artistas que aportan por sí solos un capital visual e histórico suficiente para sostener buena parte del recorrido. También están presentes los muñecos de Yayoi Kusama y de Takashi Murakami, más previsibles que inquietantes o incisivos, aunque siempre más interesantes que las estereotipadas imágenes de Julian Opie, reducidas a una fórmula gráfica sin espesor. El principal valor discursivo de la muestra no reside en ofrecer una definición ni exhaustiva ni concluyente del Pop, sino en poner de manifiesto su elasticidad, su desgaste histórico y, al mismo tiempo, su persistente capacidad de supervivencia. 'Pim, Pam, Pop' plantea que el Pop no fue solo una estética de superficies brillantes, formas nítidas e iconos reconocibles, ni tampoco su traducción banalizada en el diseño y en cierta cultura visual de consumo rápido. El Pop fue también una estrategia de intervención sobre las imágenes circulantes para tensarlas desde dentro, cuyos procedimientos siguen operando en distintos discursos del arte actual. Y en ese punto, deja de ser una manoseada etiqueta y pasa a desplegar toda su complejidad. También, por supuesto, su dentellada.