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Por qué dormir bien es tan importante para mitigar los efectos de la transición hormonal en la menopausia

2026-02-25 - 06:13

La menopausia no solo provoca cambios a nivel físico y hormonal. También afecta al cerebro. Un amplio estudio publicado en la revista Psychological Medicine y dirigido por la científica Barbara Sahakian, de la Universidad de Cambridge, ha analizado datos de más de 125.000 mujeres para comprender cómo la transición hormonal influye en la salud neurofisiológica. Entre sus conclusiones destaca cómo el sueño se altera durante esta etapa y pasa a ser un factor clave para proteger el bienestar emocional y cognitivo. Según explica la doctora Sofía Rodríguez Moroder, experta en patología dental del sueño de la Clínica Craneosalud, la calidad del descanso tiene un impacto directo en la capacidad del cerebro para recuperarse. "El ciclo hormonal de las mujeres en la menopausia es mucho más inestable y, del mismo modo que aparecen síntomas ampliamente conocidos —como los cambios bruscos de temperatura, los picos de hambre o las alteraciones del estado de ánimo—, también se produce una modificación en la arquitectura del sueño", asegura. Alteraciones del descanso durante la menopausia El trabajo liderado por Sahakian señala que la transición menopáusica está vinculada a cambios en el volumen de la materia gris en áreas relacionadas con la regulación emocional y la memoria. Estos ajustes no suponen un deterioro inevitable. Se podrían considerar como una adaptación del cerebro a una nueva etapa hormonal. Sin embargo, cuando el sueño no es de calidad, ese proceso de adaptación puede resultar más difícil. La doctora Rodríguez Moroder insiste en que el deterioro del descanso no es un síntoma aislado. A medida que disminuyen los niveles de estrógenos, aumenta la probabilidad de despertares nocturnos, sudoración o sensación de cansancio a la mañana siguiente. A esto se suma una mayor predisposición a trastornos como la ansiedad o el insomnio. La especialista recuerda que el cerebro necesita fases profundas de sueño para realizar procesos esenciales como la consolidación de la memoria o la regulación emocional, algo que puede verse alterado durante la menopausia. Además, investigaciones previas ya habían apuntado a que los cambios hormonales influyen en la producción de melatonina, la hormona que regula los ritmos circadianos. Por eso, prácticas como exponerse a la luz solar por la mañana, reducir la estimulación digital antes de dormir o incorporar técnicas de relajación pueden ayudar a restablecer un patrón de descanso más estable. "Exponerse a la luz natural, bajar el ritmo diario y practicar la meditación tienen una repercusión en el descanso mucho mayor de lo que solemos imaginar", señala la especialista. El sueño como prioridad biológica a partir de los 45 años Uno de los aspectos en los que insiste la doctora Rodríguez Moroder es que, durante la perimenopausia, hábitos que antes parecían secundarios adquieren un peso determinante. A los 30 años, una cena tardía o copiosa puede pasar factura al día siguiente sin mayores consecuencias. Sin embargo, a partir de los 45, ese mismo patrón puede elevar los niveles de cortisol y alterar el sueño, lo que dificulta la recuperación nocturna. La higiene del sueño cobra entonces aún más importancia. Mantener horarios regulares, evitar estímulos intensos antes de acostarse o revisar posibles trastornos respiratorios se vuelve especialmente relevante. La caída de los estrógenos se asocia con un aumento de la apnea del sueño y del bruxismo, dos patologías que pueden pasar desapercibidas pero que afectan directamente a la calidad del descanso y, a largo plazo, a la salud cognitiva. Desde la patología dental del sueño, el enfoque se dirige a la prevención. Detectar de forma temprana problemas como la apnea obstructiva o la tensión mandibular permite proteger esa estructura cerebral que el estudio de Cambridge pone en el centro del debate. Dormir bien, lejos de ser un lujo, se convierte así en una herramienta de cuidado integral que influye en la memoria, el estado de ánimo y la capacidad de adaptación a esta nueva etapa vital.

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