Por qué la industria del entretenimiento convirtió el sufrimiento de Paris Hilton y Britney Spears en negocio
2026-01-29 - 11:50
A sus 44 años, y una nueva visión de la vida que solo la puede dar el tiempo, Paris Hilton ha decidido hablar sobre una de las épocas más oscuras de su vida. Ha sido durante una entrevista concedida a EFE, con motivo del inminente estreno en cines de nuevo proyecto, Infinite Icon: A Visual Memoir, donde la empresaria ha lanzado un dardo a la industria que la vio nacer: "En la década del 2000 eran tan crueles... Era como una forma de entretenimiento el hecho de humillar a las mujeres. Me atacaron a mí y muchas otras jóvenes de la industria". Esta confesión no se trata únicamente de un mal recuerdo, sino que es la denuncia a todo un sistema que alentó y monetizó el colapso emocional de toda una generación de mujeres jóvenes. Hilton, a la que hace 20 años se la etiquetó como una "heredera frívola", rememora como tanto ella como muchas de sus amigas fueron atacadas sistemáticamente por ser jóvenes, famosas y ricas. No fue un error de la prensa de la época, sus sufrimiento vendía, y lo hacía mejor que cualquier otra cosa. Esta dinámica de crueldad recreativa no solo tuvo a Paris en el punto de mira. Famosas como Britney Spears, Jessica Simpson y Lindsay Lohan también pasaron por lo mismo hace dos décadas, cuando la prensa las convirtió en productos de usar y tirar, donde su valor en el mercado crecía cada vez que su estabilidad emocional se desmoronaba. Mientras los tabloides batian récords de ventas, estas estrellas pagaban un alto precio en su salud mental, teniendo que lidiar también con un estigma que ahora la sociedad está empezando a comprender. "Cuando yo crecí, nadie mencionaba la palabra salud mental, ni siquiera existía", afirma la empresaria. Quizás, Paris Hilton fue la primera en comprender que el mundo quería verla como una 'rubia tonta' y actuó en consecuencia, creando un personaje y convirtiéndolo en un escudo. Se dio cuenta que la única forma de sobrevivir en un mundo que quería verla hundida era dándole exactamente lo que quería ver. La sociedad y la industria querían castigarla por su privilegio, por mostrarlo sin pudor, por lo que, con una inteligencia que pocos reconocieron en su momento, creó una nueva versión de sí misma, la de una heredera despreocupada, de voz aguda y mirada ausente. Como reveló recientemente, ese tono de voz infantil y su aparente falta de intelecto eran, en realidad, una personalidad artificial, creada para protegerse, ya que, si el mundo se burlaba de ese personaje, no podía dañar a la auténtica Paris. Sin embargo, esta estrategia se convirtió en un arma de doble filo y, lejos de ver el juego, la industria del entretenimiento utilizó estas actitudes como justificación de su crueldad, usando la imagen de 'mujer privilegiada que lo tiene todo sin esforzarse' para castigarla. Los juicios que tuvo en el 2007 sirvieron para alimentar esa sed de 'revancha social', vendiendo esta humillación publica como una especia de justicia poética. La prensa no buscaban su redención, sino monetizar su caída del pedestal y la confrontación con la vida real, porque vieron que la degradación de la imagen de "mujer perfecta" generaba un sentimiento de satisfacción entre la gente que se terminaba traduciendo en audiencias millonarias y quioscos vacíos. Britney Spears, el colapso de la Princesa del Pop El caso de Britney Spears es uno de los más trágicos de la industria. De ser una de las grandes promesas de la música, y siendo bautizada como Princesa del Pop, la cantante cayó en desgracia cuando no pudo cumplir con las expectativas y el mito de pureza que la rodeaba, demostrando que ella también era humana. Los medios descubrieron que nada generaba más ingresos que su degradación pública, convirtiéndose en el producto más lucrativo de la década, pagado por su salud mental. Durante el 2007 y 2008, la vida de Britney de pertenecerle, pasando de mano en mano en una subasta permanente, desde su imagen pública —que pasó a ser propiedad de la prensa— hasta su propia autonomía, que fue controlada por su padre y pudo recuperar en el 2021. Desde su cabeza rapada hasta aparecer descalza en gasolineras, su colapso fue ampliamente documentado con una precisión quirúrgica y una falta absoluta de compasión. No buscaban comprender el agotamiento de una mujer que llevaba años trabajando sin parar bajo una presión inhumana desde pequeña y sin poder de decisión sobre su vida y su carrera, sino sacar dinero de una salud mental que no hacía más que deteriorarse. En aquel momento, la prensa no fue una observadora de sus crisis, sino uno de los principales activos que las provocaban. En aquella época, los paparazzi no esperaban que Britney hiciera algo que se convirtiera en noticia, sino que la acorralaban con sus coches, la cegaban los los flashes en mitad de la calle y la insultaban solamente para fotografiar y grabar su reacción. Este morbo engordaba las cuentas de los tabloides y disparaban las audiencias de las televisiones, mientras Spears se hundía en una espiral de autodestrucción para evadirse y salir de ahí. Para la industria de los medios de comunicación de la época, la vida de una famosa caída en desgracia valía mucho menos que la exclusiva de su decadencia. Por suerte, estos tiempos quedaron atrás y, como dice la propia Paris en la entrevista, "un periodista ni siquiera haría preguntas ni hablaría como lo hacían algunos de ellos en su época". Sin embargo, estas heridas emocionales siguen sin sanar del todo, en mujeres que la sociedad destrozó por no ser perfectas y a las que todavía se les debe una disculpa.