Por qué no ha funcionado 'Horizonte' a la hora de 'El Hormiguero' y 'La Revuelta'
2026-02-05 - 08:25
Mediaset necesita movimientos arriesgados y se ha atrevido a lanzar su exitoso Horizonte a la hora donde más miran los ojos de la feroz competencia televisiva: a las diez de la noche. A priori, el programa de Iker Jiménez y Carmen Porter cuenta con un público complementario al de La Revuelta y podía morder algún espectador de El Hormiguero. Aunque su gran rival, por estatus de canal, es El Intermedio de El Gran Wyoming. No obstante, al contrainformativo satírico de La Sexta no le afecta tanto: sus afines no concuerdan ideológicamente con el enfoque de la apuesta de Cuatro. Pero Iker Jiménez ha construido una gran comunidad de público que no suele fallar. Maneja el suspense como los grandes narradores de la historia. De Orson Welles a nuestro Chicho Ibáñez Serrador. De hecho, este último le hubiera señalado varios cambios que requería la nueva ubicación de su programa en el nuevo horario. La puesta en escena de Horizonte favorece la intimidad de la confidencia a las once de la noche de los jueves, pero es demasiado oscura para el tramo de First Dates. En esa franja, la audiencia demanda un tono más rítmico de programa de actualidad. Aunque es lógico que Jiménez haya intentado probar lo que le funciona desde la era de Cuarto Milenio: el tú a tú del cómplice que te despierta el sentimiento de orgullo por llegar a ver donde otros no creen. Lo que genera un lazo todopoderoso cuando hablamos de fantasía y, también, cuando necesitamos enemigos fáciles en la actualidad si es vivida como un reality show. Porque hasta cuando nos creemos informados elegimos estar entretenidos. Quizá porque es más reconfortante. Cuatro está marchando por esta línea de programas, donde todo se pone a debate con una intensidad digna de Gran Hermano. Iker Jiménez, en cambio, va por libre. Es lo que llamaría los antiguos: fiel a sí mismo. Sabe que su personalidad es su valor y cuida la escenografía que envuelve sus propuestas. Tanto que comparte decorado con El Tiempo Justo y el mismo plató en Horizonte se ve mucho más bonito: por la calidez anaranjada de la luz, por cómo están alimentadas las pantallas con el infinito de cielo estrellado... Una nave espacial que, en cambio, más temprano puede provocar somnolencia en un público que, a las diez de la noche, tiene mucho que elegir y con mucha risa. Tampoco ayuda que, aunque intente diferenciarse, a diario no queda más remedio que tirar de la rueda de temas que se han comentado en todos los programas predecesores. El espectador a esa hora ya padece una fatiga y demanda otro prisma que es más complicado de elaborar a diario, sobre todo si no tienes un gran equipo de guionistas como El Intermedio. Así que, aquí, aunque se mantenga el tono característico de Iker, el formato termina acudiendo a la tertulia clásica de la que la tele está saturada. Una dinámica de opinión intensa que destaca especialmente en horarios más minoritarios donde las cadenas se reparten nichos ideológicos (que sobresalen en share, pero no tanto en número de espectadores). En cambio, la misma fórmula del Sálvame de la tertulia pincha en el instante en el que las grandes cadenas buscan la congregación transversal de públicos, donde se traspasa el millón de espectadores y, por tanto, se logra la poderosa rentabilidad comercial. Como sucede en el prime time, que se inicia con el fenómeno de Pasapalabra. De ahí que el compás de Horizonte funcione mejor en late night, donde siempre brillan más los cuentacuentos de las pasiones encendidas en ese instante que solo se prende la mesilla de noche. Los que se sienten incomprendidos ahí se encuentran menos solos. Incluso más listos que los demás, conspirando sobre lo que no sabemos e incluso lo que creemos saber sin saberlo.