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Por qué no se debe beber agua del grifo cuando viajamos a muchos países: "Las infecciones pueden llegar a ser muy graves"

2026-02-05 - 05:15

El creador de contenido español Alejandro Cereceda tuvo recientemente que ser hospitalizado durante cuatro días tras beber de una botella mal sellada (probablemente rellenada con agua del grifo no tratada) en la isla indonesia de Bali y sufrir una severa infección gastrointestinal. Su caso, que compartió con sus seguidores a través de sus redes sociales, es un ejemplo extremo de una de las molestias más comunes para quienes viajan a destinos exóticos o tropicales: la diarrea del viajero, nombre con el que se conoce colectivamente a una serie de infecciones mayoritariamente leves pero potencialmente graves que se contraen a través del agua y los alimentos contaminados. "El acceso al agua potable, es decir, aquella que puede ser consumida directamente del grifo sin riesgo es desde el punto de vista de la salud pública la acción más eficaz en términos de coste-beneficio, solo comparable con las vacunas", explica Xavier Vallès, investigador de la Fundación Lucha contra las Infecciones, en declaraciones a 20minutos. "El agua contaminada (y específicamente por aguas fecales) es un vector potencial de muchas enfermedades. En lugares donde los sistemas de potabilización son deficientes, o donde hay filtraciones entre los circuitos de aguas residuales y aguas de consumo, hay riesgo de que se transmita una infección". "Pueden ser muy graves y requerir hospitalización" Y es que a pesar de que, incide Vallès, la provisión de agua potable se trata de "una de las acciones en salud pública más sencillas, relativa y conceptualmente", en amplias zonas del mundo aún no existen infraestructuras adecuadas para ello. "En algunos países las condiciones sanitarias no son adecuadas y el agua no está debidamente tratada", coincide Gema Fernández Rivas, portavoz de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (SEIMC), en respuesta a este medio. "Al no haber un tratamiento adecuado, las aguas se pueden mezclar con aguas que contengan bacterias, virus o parásitos que pueden producir infecciones gastrointestinales, dando lugar a diarreas y cuadros de gastroenteritis que pueden llegar a ser muy graves y requerir hospitalización". Este tipo de enfermedades, que suponeen una enorme carga de salud pública en países de bajos recursos y densamente poblados, se conocen en conjunto como "diarrea del viajero" cuando afectan a turistas de países desarrollados que se desplazan a estas regiones. De hecho, comenta Fernández Rivas, constituyen "la principal causa de consulta o de molestia" en estas personas. La experta detalla que, entre los virus, "los más frecuentes a nivel mundial son algunos como el norovirus, que produce gastroenteritis con muchos vómitos, diarreas y febrícula”. Por su parte, continúa, "las bacterias más frecuentes son algunas cepas de Escherichia coli, que producen diarreas por toxinas, o la Shigella, que produce una diarrea que puede incluir sangre y moco en las heces debido a daño en el intestino". En parásitos, la portavoz de la SEIMC menciona la Giardia y la Entamoeba histolytica, "que puede producir úlceras en la mucosa intestinal". Claves para la prevención El riesgo no se limita a beber un vaso de agua directamente. Los expertos consultados coinciden en señalar múltiples posibles vías de contagio que los viajeros suelen pasar por alto. "Aparte del agua, hay que tener cuidado con las frutas que puedan haber sido lavadas con ese agua; o con las bebidas, como zumos que pueden llevar agua del grifo", señala Fernández Rivas. Incluso, gestos más anodinos podrían entrañar riesgo. "Algo que parece muy tonto es lavarse los dientes. El reflejo es mojar el cepillo o enjuagarse la boca con agua del grifo, y esto también puede ser un problema", advierte. Por ello, "se recomienda lavarse los dientes con agua embotellada". Vallès añade a la lista elementos como "poner hielo que no sabes de dónde viene, o tomar helados", ya que pueden estar elaborados con agua no tratada. "En medicina tropical, hay una regla de oro: 'peel it, boil it or forget it' (o lo pelas, o lo cueces, o lo olvidas)", expone Fernández Rivas, que afecta fundamentalmente a "ensaladas, frutas y alimentos crudos". Vallès por su parte argumenta que aunque en "viajes cortos y turísticos, la recomendación es la máxima precaución", en estancias largas "es la norma que tarde o temprano se tenga un episodio diarreico, pero que suele ser banal". Ambos especialistas hacen hincapié en la importancia de acudir a una Unidad de Salud Internacional y Consejo al Viajero antes de cualquier desplazamiento a zonas de riesgo. "Allí se explican muchas claves y te dicen cómo actuar. La prevención es lo más importante", insiste Fernández Rivas. Se debe tener también en cuenta que existen vacunas disponibles capaces de proteger contra algunas de estas enfermedades y que es más que recomendable recibirlas cuando una persona se dispone a desplazarse a zonas del mundo con infraestructuras deficiente de canalización de aguas. "Hay dos gérmenes importantes, la hepatitis A y la fiebre tifoidea, que pueden prevenirse con vacunas" asevera Vallès. "En el caso de la hepatitis A, una persona bien vacunada está muy bien protegida, y la inmunización dura toda la vida. La de la fiebre tifoidea tiene una protección limitada que al cabo de 3 años se desvanece”. Una tercera vacuna, contra la polio, solo se recomienda para "regiones muy remotas" donde aún circule el virus. Cómo actuar y cuándo ir a un médico A pesar de todas las precauciones, un alto porcentaje de los viajeros sufre episodios de esta clase de patologías o entra en contacto con estos microbios. "Aunque no todo el agua contaminada va a dar síntomas", arranca Fernández Rivas, "los síntomas normalmente son dolores abdominales, vómitos y diarrea". Vallès recuerda que, en casos de cuadro simple, "suelen ser autolimitados". En estas instancias, el centro del tratamiento es la rehidratación. "Lo ideal es rehidratarse, porque se pierde mucha agua. Se recomienda llevar suero oral en sobres, reconstituirlo con agua embotellada”, afirma la experta de la SEIMC. Vallès corrobora el consejo de recurrir a soluciones de rehidratación oral y compensar la pérdida de electrolitos, junto con optar por alimentos fáciles de digerir, "como pan tostado". "No aconsejamos casi nunca la toma de medicamentos astringentes como Fortasec", añade el especialista. "La diarrea es un mecanismo de defensa del cuerpo... Poner un astringente evita un sistema fisiológico de defensa”, argumenta. Si no existen síntomas más preocupantes, la primera actuación debería consistir en "hidratarse y dejar que la diarrea pase". Con todo, sí hay señales de alarma que requieren atención médica. "Si la diarrea dura más de tres días y hay sangre o moco, puede ser necesario un antibiótico. En ese caso, un médico debe valorarlo. Nunca hay que automedicarse", advierte Fernández Rivas. Vallès, que especifica que se debe consultar ante "diarrea que se acompaña de fiebre, es muy acuosa, dura más de lo esperado o se acompaña de sangre (disentería)". En casos extremos de deshidratación, puede ser necesaria la "administración de fluidos endovenosos". Zonas de riesgo y la situación en España Aunque en el mundo son muchas las áreas en las que las infraestructuras de agua corriente pueden ser insuficientes para garantizar que sea segura, hay algunas que presentan especial riesgo teniendo en cuenta condiciones como la densidad de población o el elevado tránsito de viajeros que registran. "El lugar de donde nos vienen más viajeros con diarrea es todo el sur y sudeste asiático, especialmente India, Bangladesh y Pakistán. Sobre todo India, por la densidad de población, sistemas de saneamiento limitados y fenómenos como inundaciones", afirma Vallès, aunque matiza que "eso de ninguna forma debe disuadir de viajar; son problemas menores que se manejan bien". Fernández Rivas coincide en apuntar a regiones como "el sudeste asiático, África o Sudamérica". Por su lado, ambos especialistas destacan a España como un país muy seguro en este sentido. "El agua que sale del grifo en España es completamente segura. Está super controlada a todos los niveles, químico y microbiológico", sentencia Fernández Rivas. Vallès corrobora esta afirmación: "No tengo ninguna percepción ni noticia de que haya ningún lugar particularmente peligroso, ni mucho menos. El agua del grifo es igual de segura que el agua embotellada en nuestro país. El control del agua potabilizada es muy grande”. Una cuestión de salud pública global Más allá de los consejos para el viajero, los dos expertos vuelven a poner en el foco el peso que el correcto tratamiento de las aguas tiene en la salud pública de estos países, muchas veces tan densamente poblados. "Es importante señalar el extraordinario beneficio de tener acceso a agua potable", reflexiona Vallès. "En nuestro país había cólera y otras infecciones transmitidas por el agua hace un par cientos de años, pero han desaparecido". "Se calcula que hay alrededor de 2.000 millones de personas sin acceso regular a agua potable. Esto contribuye enormemente a la carga de enfermedad", prosigue. Esta falta de acceso, subraya, es un factor que debilita a las poblaciones como la infantil "más vulnerables a otras enfermedades como la malaria". "El acceso al agua potable es una cuestión de salud pública de primer orden y, junto con las vacunas, es lo mejor que se puede hacer en salud pública. No hay nada comparable", concluye.

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