Por qué nos interesan tanto las elecciones del 8/F
2026-02-06 - 05:05
Ocho partidos en liza. Un aspirante que sería el primero del PP en repetir mandato como presidente en la historia de Aragón; una candidata del PSOE que es la primera ministra de Pedro Sánchez en someterse a la prueba de fuego de las urnas; una izquierda fragmentada frente al auge de las fuerzas de derecha; los partidos aragonesistas, entre el avance y la desaparición... Los aragoneses están llamados a votar este domingo en la comunidad que ignora qué es una mayoría absoluta. Y los resultados anticiparán, como siempre ha sucedido, los de las elecciones generales. Estas son algunas de las claves que lo explican. Pieza de seguridad El regeneracionista Joaquín Costa, jurista y político, resumió el cómodo encaje de Aragón -en el cuadrante del nordeste de España y rodeada por pujantes vecinos y frontera con Francia- al escribir que los aragoneses, por serlo, son doblemente españoles. "Pocos, pero no poco", suelen decir también para explicar las aspiraciones de su población, algo más de un millón trescientos mil habitantes repartidos en un extenso territorio -47.770 kilómetros cuadrados-. Aragón es una comunidad perfectamente ensamblada en España y, a la vez, profundamente reivindicativa de la igualdad entre ciudadanos y territorios. Igual que su paisaje es muy variado -va desde las nieves del Pirineo hasta la estepa-, es políticamente diversa y pluripartidista políticamente desde las primeras elecciones autonómicas y no solo por obligación, también por su ligazón con el derecho, siempre pactista. El Ohio español Los aragoneses no son de voto cautivo. La comunidad y Zaragoza, concretamente, la ciudad que concentra más de la mitad de la población, marca y anticipa los cambios de ciclo, lo que ha valido a la comunidad la comparación con el estado de Ohio, donde se produjo la misma dinámica durante muchos años. Andalucía, Extremadura o la Comunidad Valenciana siguieron durante años fieles a PSOE o PP mientras cambiaban los inquilinos de La Moncloa. En Aragón, el vencedor autonómico ha coincidido siempre con el que gana a nivel nacional, si bien no necesariamente haya sido el que ha ocupado la presidencia: de trece gobiernos, once han sido en coalición. Tierra de pactos y moderación La comunidad ha cultivado la geometría variable de la mano de un multipartidismo adaptable. Desde el aragonesismo del PAR, que nació agrario y conservador, con la bandera del anti-trasvase del Ebro, y gobernó varias legislaturas con el PSOE y con el PP, hasta el nacionalismo de izquierdas de CHA. Más recientemente, Teruel Existe, que puso en apuros desde su nacimiento en 2000 tanto al PP como al PSOE, se ha convertido a nivel autonómico en Aragón Existe, hace bandera contra la despoblación y actúa transversalmente a la hora de pactar. Los pactos más variados han formado parte del paisaje (el socialista Javier Lambán gobernó en cuatripartito con Podemos, CHA y el PAR) y las carambolas han propiciado que Aragón sea una comunidad con récord de presidentes, hasta diez. La campaña como termómetro Si en algo Aragón no está en la media, es en las expectativas económicas. El candidato Jorge Azcón, que adelantó las elecciones tras su ruptura con Vox, cifra en 800.000 millones las inversiones que van a llegar a la comunidad en los próximos años, lo que sitúa las previsiones de crecimiento en seis décimas por encima de la calculada para España. Los proyectos se vinculan a los centros de datos –nuevo gran sector económico junto con la automoción, la agroalimentación y la logística-, relacionados con el despliegue de las energías renovables. Los retos que estos proyectos plantean han sido también ejes de la campaña: vivienda, servicios públicos, afecciones de las renovables al medio rural, falta de personal cualificado, financiación autonómica insuficiente. Así que la campaña ha sido nacional, pero también aragonesa. El fervor en los mítines de Vox; la opción del PSOE por recintos pequeños y controlados; la visita de líderes nacionales del PP, volcados con Azcón, y la evidente fragmentación de la izquierda apuntan en lo que dicen los sondeos: triunfo del PP, ascenso fulgurante de Vox y dura derrota de la socialista Pilar Alegría. Cosas inéditas (o casi), que pueden pasar el 8-F Por ejemplo, que el PAR (fundado como Partido Aragonés Regionalista, luego Partido Aragonés a secas) se quede sin su único diputado, tras haber dado a Aragón dos presidentes, Hipólito Gómez de las Roces, también diputado en el Congreso, y Emilio Eiroa, y haber estado presente en la diez de los trece gobiernos de los casi cincuenta años de autonomía. El partido, que llegó a tener en su mejor momento 19 diputados, fue apartado del poder por el PSOE con una polémica moción de censura en 1993 lo que no impidió —vaivenes de la política aragonesa— que apoyara a los socialistas en 1999, dando la presidencia a Marcelino Iglesias. También puede pasar que el PSOE obtenga o roce sus peores resultados autonómicos (igual o peor que Lambán y los 18 escaños de 2015, solo que entonces Podemos tuvo 14), y que la suma de las derechas se acerque al 60% de los votos... aunque el PP podría quedar lejos de su aspiración de no depender de un Vox crecidísimo, según los sondeos. Muy previsible, pero hasta ahora inédito, es que Jorge Azcón se convierta en el primer presidente del PP en repetir mandato –negociación mediante-, lo que lo consagraría como uno de los ‘barones’ de referencia en su partido. El reparto final de los 67 escaños –con la batalla en Teruel hasta el último voto- y los restos de la Ley D ́Hondt escribirán el domingo el guion definitivo.