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Premios Oscar 2026: no hubo guerra entre 'Los pecadores' y 'Una batalla tras otra'

2026-03-16 - 11:33

Los Oscar de este año era una cosa de dos, como el ping-pong, y la partida se la jugaban 'Una batalla tras otra' y 'Los pecadores', aunque pusieron allí otras ocho películas para que diera la impresión de que en vez de ping-pong se jugaba otro deporte más nutrido de competidores. El juego de ping-pong lo ganó 'Una batalla tras otra', de Paul Thomas Anderson, con seis premios, a la película, al director, al guion adaptado, al actor de reparto, casting y montaje. Y 'Los pecadores', de Ryan Coogler, obtuvo cuatro, mejor actor, guion original, fotografía y banda sonora. Es decir, más y 'mejores' Oscar para 'Una batalla tras otra'. Entre las ocho películas que no estaban en esa partida de dos, había varias que se merecían un sitio en la mesa principal (de ping-pong), como la excelente 'Sueños de trenes', ' Valor sentimental ', ' Hamnet ' o 'Bugonia', y cada cual tendrá sus propios comensales preferidos. Pero la batalla estaba claramente definida entre esas dos obras tan inclinadas ideológicamente y tan diáfanas en lo político y lo racial. Ganó la visión algo pueril de la lucha contra el 'trumpismo', la causa revolucionaria y la erosión de esos 'ideales' que pretenden hacer un mundo mejor a base de pistolas y bombas, y sin reflexionar apenas en lo mucho que se parecen el 'trumpismo' y el 'antitrumpismo'. Y no ganó 'Los pecadores', una fábula algo más sutil y compleja sobre cuestiones raciales y musicales, con un boquete metafórico en su mitad por el que se cuelan los vampiros y convierte la película de Ryan Coogler en una entretenida 'tarantinada', aunque se deja también por reflexionar lo mucho que se parecen el racismo de lo blanco hacia lo negro y el de lo negro hacia lo blanco. En fin, dos películas que cumplen a la perfección la corriente actual, que es la contracorriente, obras 'anticosas' contra las que ahora no tienen nada que hacer otras de gran verdad dramática y narración suprema como 'Sueños de trenes' o 'Valor sentimental'. No choca. Pero sí choca, por ejemplo, que el Oscar de actor secundario se lo den a Sean Penn por un personaje grotesco, al borde de la caricatura ridícula, el del coronel majara de 'Una batalla tras otra', y el Oscar de actor principal a Michael B. Jordan por su doble papel (y un poco indistinguible) en 'Los pecadores' en una interpretación llena de músculos y que no parece tener dentro esa variedad de especias y matices humanos y actorales que ponían en ello, por ejemplo, Spencer Tracy, Brando o Newman. Pero, para ser sinceros, aquí Michael B. Jordan competía con un Leonardo Di Caprio con la bata pulgosa de Jeff Bridges en 'El gran Lebowski' o con esa antipatía ignorante que se esfuerza en provocar Timothée Chalamet en 'Marty Supreme' y en general. Donde sí estaba esa intensidad dramática era en las interpretaciones de todos los actores de 'Valor sentimental' y todos nominados, Renate Reinsve, Elle Fanning, Inga Ibsdotter Llilleaas y Stellan Skarsgard, pero no han ido por ahí los tiros ni los premios, aunque la película ha tenido la recompensa de ese Oscar a la mejor internacional, tal y como todo el mundo o la sensatez cinematográfica esperaban, incluso los responsables de 'Sirat'. El premio a la mejor actriz cantaba hace semanas el nombre de Jessie Buckley, por su intenso y trabajado personaje como mujer de Shakespeare en 'Hamnet', y probablemente su último tramo en la película, angustioso y revelador, fue lo que le hizo ganar a sus competidoras, Rose Byrne, machacada en 'Si pudiera, te daría una patada', y Emma Stone, maravillosa, intrépida y escalofriante en 'Bugonia'. Una fiesta de los Oscar que pasó sin sorpresas, a no ser que queramos considerar como sorpresa el hecho de que Javier Bardem gritara sus consignas o llevara la chapa de los Goya.

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