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'Proyecto Salvación': por qué la odisea espacial de Ryan Gosling es la mayor oda al trabajo en equipo de Hollywood

2026-03-24 - 06:10

"Una película de: mucha gente", reza el crédito inicial de la primera película de Phil Lord y Christopher Miller. La excelente Lluvia de albóndigas, debut en el cine del dúo de directores, fue un largo proceso de aprendizaje para ambos. Recién salidos del mundo de las sitcoms televisivas, el par de veinteañeros enfocaron la película como una comedia absurda y anárquica sin núcleo emocional o narrativo de ningún tipo, con la única intención de hacerse reír el uno al otro. Fueron despedidos. La productora Amy Pascal, sin embargo, vio algo en ellos; y, dándose cuenta de que el proyecto no iba a salir adelante en otras manos, volvió a contratarlos. Bajo una única condición: "Quiero una historia", les dijo. "Esta película no puede centrarse en un personaje. Tiene que centrarse en una relación". La carrera entera de Lord y Miller como cineastas, de ahí en adelante, gira alrededor de ese consejo. La condición de Pascal no solo influyó en la película final (centrada en una dinámica paternofilial tras una reescritura completa), también en la forma en la que el dúo enfocaba su proceso. Y, de forma inevitable para dos personas tan propensas a recurrir a elementos metarreferenciales en sus proyectos, esto empezó a alimentar también todas sus tesis. Y es por ello que todos sus proyectos como directores a partir de Lluvia de albóndigas (cuya absurdidad siguen describiendo como "lo más cercano a cocaína pura en nuestra filmografía") parecen centrar su trasfondo en una sola cosa: su propia colaboración como directores. Lord y Miller, en colaboración La Lego película, que escribieron y dirigieron a cuatro manos, es quizá el ejemplo más claro: una especie de Los siete samuráis para todos los públicos acerca del proceso creativo en sí mismo, en la que su protagonista aprende poco a poco a forjar y dar rienda suelta a su capacidad para crear mediante una unión gradual a su comunidad. Hasta la inicialmente paródica tonadilla ineludible lo subraya: ¡todo es fabuloso si trabajas en equipo! Pero el díptico formado por Infiltrados en clase e Infiltrados en la universidad, comedias de culto protagonizadas por Jonah Hill y Channing Tatum, tampoco se queda atrás. Bajo todas sus capas satirizando los reboots ochenteros y riéndose de las secuencias de acción modernas (¡esa ridícula secuencia del camión de gallinas, alabada en su día hasta por el director de Arma fatal!) reside una saga acerca de dos excompañeros de clase complementando sus diferencias para lograr colaborar... una que origina de dos excompañeros de clase que empezaron a colaborar en la propia universidad. Esa misma colaboración, tras ya casi tres décadas, alcanza su extremo más puro en Proyecto Salvación. Y es que la elección de Lord y Miller de adaptar a la gran pantalla el libro de Andy Weir no parece casual por múltiples razones. La primera es que el dúo lleva ansiando el blockbuster espacial mucho tiempo. Corrieron ríos de tinta acerca de su despido de Solo: Una historia de Star Wars, pero la conclusión principal fue que su proceso colaborativo (que también suele implicar altas dosis de improvisación con sus actores) no le sentó bien a su guionista original, Lawrence Kasdan. No es la única vez que esto ha pasado: el rol de ambos como guionistas y productores en la querida saga del Spider-Verso dejó escaldados a múltiples animadores, que aunque admitían las buenas ideas del dúo, acabaron frustrados con la forma de aplicar su proceso improvisacional a un arte tan gradual y complejo de re-elaborar como la animación. Curiosamente, la adaptación de Proyecto Salvación parece haber aprendido de esto, limitando la improvisación cómica a un par de secuencias (entre ellas una fantástica escena en la que su protagonista trata de elegir una voz digital para su compañero espacial) y ciñéndose con firmeza el resto del tiempo al guion de Drew Goddard, también responsable de adaptar al cine The Martian de Weir. La cumbre 'Proyecto Salvación' Sin embargo, en todos los demás sentidos, Proyecto Salvación parece la culminación de la obra de Lord y Miller hasta el momento. Para empezar, todo el bagaje que ambos directores se han ido forjando en el medio animado (desde sus cortometrajes universitarios tales como Man Bites Breakfast o Sleazy Goes to France, pasando por su divertidísima serie animada Clone High) se aplica a cada decisión visual que toman en esta adaptación literaria, que a menudo también da la sensación de ser la reinvención cósmica de esas sitcoms de compañeros de piso con las que empezó su carrera. Y claro, resulta obvio que ese aspecto visual se ve ensalzado por la dirección de fotografía del brillante Greig Fraser, recién salido de las Dune de Denis Villeneuve, que convierte esta odisea espacial en un refrescante caleidoscopio en plena era del blockbuster gris. Pero las propias decisiones de Lord y Miller como directores (esa especie de 'persecución' espacial entre naves, quizá el gag visual bobalicón más caro del cine moderno) forman un equipo perfecto con el trabajo del legendario director de foto australiano. Y eso nos lleva, al fin, a la razón más importante por la que el dúo parece haber escogido el libro: el Proyecto Salvación de Weir es una oda a la colaboración. Y si estos cineastas empezaron su carrera con metanarrativas acerca de su propio trabajo en equipo, resulta hasta natural que su ambición como narradores les haya terminado llevando hasta aquí, a un relato en el que la relación entre Ryland Grace (un carismatiquísimo Ryan Gosling) y Rocky (al que da vida a las mil maravillas James Ortiz, marionetista de la Jim Henson Company) no salva la producción de una película... pero sí el universo entero. Proyecto Salvación es un crowdpleaser de manual, una obra desvergonzadamente optimista acerca de nuestro propio futuro como especie y nuestro deber en el cosmos. Pero también es el cénit absoluto de las tesis recurrentes de sus responsables acerca de unir fuerzas para lograr ese futuro en cuestión, tenga la forma que tenga. Y sí, es cierto que su secuencia de créditos finales concluye con "Una película de: Phil Lord y Christopher Miller". Pero justo después, antes de que rueden el resto de los créditos, un gracioso pero acertado "...y también de..." cubre la pantalla entera.

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