Qué fue de Gabino Diego: 'Torrente presidente' rescata al actor de 'Cuco' que llevaba 8 años desaparecido del cine
2026-03-21 - 07:40
Desde hace varios días, la película Torrente presidente revoluciona las salas de cine de nuestro país, donde solo en su primer fin de semana consiguió recaudar cerca de siete millones de euros. En esta sexta entrega de la saga elaborada por Santiago Segura, el zafio protagonista, siempre convencido de ser un héroe nacional de España pese a su ineptitud, es persuadido para meterse en política y, con su estilo vulgar y demagógico, logra erigirse en líder de un grupo político populista que parece caricaturizar al partido liderado por Santiago Abascal. Como todos los filmes de la saga, Torrente presidente está plagado de cameos y actores de renombre. Y esta en concreto vuelve a colocar en el foco a gente como Gabino Diego, especialmente recordado por su papel de ayudante lelo del protagonista en Torrente 2: misión en Marbella (2001). Hijo de padres cubanos exiliados en Madrid, el Diego niño pasó por varios colegios en los que solía suspender casi todo y más de una vez le dijeron que iba para 'fracasado'. "Yo tenía mucho complejo porque en una época de joven no sabía qué iba a ser de mi vida, si me iba a dedicar a la delincuencia o a vender droga de tanto que me decían a mí y a mi madre que era un desastre", dijo. "Eso me pasó con mucha gente que conocí en el colegio, que acabó vendiendo droga porque nunca se les valoró ni se les dio la oportunidad de desarrollar su talento". En realidad, él siempre tuvo la idea de dedicarse al espectáculo, de una forma u otra. Su sueño se empezó a convertir en realidad cuando con 16 años superó unas pruebas que le hicieron en el colegio para intervenir en la película Las bicicletas son para el verano (1984), un drama sobre las miserias de la guerra civil dirigido por Jaime Chávarri y basado en una pieza teatral de Fernando Fernán Gómez, de quien según ha comentado aprendió el oficio de actor. "Mi debut en el cine tuvo unas críticas horribles: me fui a Australia y estuve a punto de quedarme allí", contaría una vez. Tras Las biciclet as son para el verano, Diego se puso a estudiar arte dramático en la escuela de Cristina Rota. Con 19 años participó en su primera obra de teatro, y después mostró su rostro en series como Segunda enseñanza y en cintas como El viaje a ninguna parte (1986), Amanece, que no es poco (1989), ¡Ay, Carmela! (1990) —por la que obtuvo su primer y único Goya—, Belle Époque (1992), Two Much (1995), o El amor perjudica seriamente la salud (1996), estrenada dos años antes de que Santiago Segura lo convirtiera en uno de los atracadores de su cinta Torrente, el brazo tonto de la ley (1998), un producto que arrasó en taquilla y hasta le valió un Goya al desaparecido Tony Leblanc. Además de buen actor, Diego es un melómano confeso. Cuentan que atesora en casa varios miles de álbumes, entre vinilos y cedés, y alguna vez ha dicho que siendo un chaval llegó a ponerse a tocar en el Metro con un amigo. Eso sí, no es verdad que ser cantante sea su profesión frustrada, como algunos han dicho. "Es verdad que lo hubiera dado todo por ser músico de talento, la música es mi pasión", aclaró al diario El País. "Lo bueno de ser actor es que hacemos muchas cosas, vivimos muchas vidas. He trabajado de aparcacoches y no tengo ni el carnet de conducir,... Es la magia de la interpretación. Lo importante, hagas lo que hagas, es que sea dignamente". Al madrileño todavía le seguía sonando el teléfono en los primeros años del nuevo milenio. De hecho, en esa época salió en varias comedias ibéricas para espectadores poco exigentes como El oro de Moscú (2003), dirigida y escrita por Jesús Bonilla, o Desde que amanece apetece (2006), de Antonio del Real, a quien el programa de Radio Intercontinental La Terraza otorgó un premio honorífico hace unos días. "Hice muchas películas muy importantes, ahí están, y estuve cuatro años nominado a los Goya, que ya estaba harto de estarlo porque para mí el premio era un buen papel y que mi trabajo quedara para toda la vida en una película", ha comentado un hombre al que su apariencia jovial y su particular físico condicionaron los papeles que ha interpretado. De un tiempo a esta parte, nuestro protagonista ha centrado sus esfuerzos en distintos proyectos de teatro, un arte que le apasiona y que en determinadas etapas le ha permitido llenar la nevera. Por poner solo un ejemplo, durante años estuvo recorriendo los escenarios con Una noche con Gabino, un monólogo en el que contaba sus experiencias y que concluía que éxito y fracaso son relativos. "Es curioso que un día te pongan a parir y diez años después, por esa misma historia que habías hecho, te digan que eres genial", comentó el actor, a quien el teatro le ha brindado una estabilidad laboral que no le concedió el cine. No en vano, en el momento del estreno de Torrente presidente llevaba ocho años sin intervenir en ninguna película, principalmente por una falta de ofertas interesantes, y venía de participar en una comedia teatral de enredos titulada Pijama para seis. Su anterior filme había sido Tiempo después (2018), escrito y dirigido por José Luis Cuerda, ambientado en un futuro postapocalíptico, del que Carlos Boyero escribió que cuenta con una serie de chistes políticos, religiosos, filosóficos, sociológicos "indesmayables y acelerados en boca de personajes con trazo surrealista y vocación de absurdo". Cuando en 2024 un periodista de El Mundo le preguntó qué siente uno cuando ve que los productores de cine han dejado de llamarle, el actor de 59 años (que tiene una hija casi treintañera) le quitó hierro al asunto y dijo estar agradecido por todas las oportunidades recibidas. "Podría sentirme mal, me lo dice mucha gente, pero es que cuando hice esas películas fue un regalo del cielo. A lo mejor estoy destinado a hacer teatro y las películas ya vendrán. No renuncio a hacer cine, pero no me voy a frustrar porque no me llamen. Después de todo lo que he hecho sería muy injusto que me quejara de que no me llamen".