Qué fue del feminismo histórico
2026-03-08 - 20:43
El feminismo doctrinario que defiende la izquierda más radical, predominante en el discurso oficial del Gobierno, ya no representa aquella causa política y social, legítima por su absoluta necesidad histórica, que aspiraba a un tratamiento igualitario entre hombre y mujer en todos los órdenes. Lo que el feminismo hace hoy visible en sus manifestaciones públicas es que necesita abrazarse a otras causas para mantenerse como banderín de enganche, básicamente, de un izquierda radicalizada. Tan fuerte se hace esa vinculación que el feminismo actual ha interiorizado en su identidad el ecologismo, el transgenerismo y, visto lo visto ayer, el 'pacifismo' exigido por La Moncloa . Estas adherencias a la causa primigenia han vaciado al feminismo de su función histórica, a la que aún le quedaban muchos objetivos por alcanzar, y lo han convertido en un cascarón casi vacío que la izquierda rellena con discursos que están saturando a la sociedad española y, particularmente, a los jóvenes. De aquel feminismo que aspiraba a políticas positivas de plena igualdad de derechos –no sin grandes debates aun vigentes, como el del aborto– se ha pasado a un feminismo iracundo que se conforma con la discriminación negativa del hombre en la ley, aunque los datos de agresiones sexuales aumenten año tras año y las portavoces oficialistas sigan con los mismos lamentos de hace diez años, como si lo que pasara en España fuera ajeno a los ochos años de gobierno del PSOE. Con esa obsesión por ajustar cuentas con el hombre, el neofeminismo está destruyendo la identidad biológica de la mujer y el apoyo de la juventud. El feminismo dominante en la izquierda ha llevado su extremismo a la conversión de la condición de mujer en una mera declaración de voluntad, de manera que el sexo biológico no determina el género. Es mujer quien quiera serlo, no la que nace como tal. Esta disociación provoca lo que con acierto se ha llamado el 'borrado de la mujer', porque las discriminaciones que sufre se deben precisamente a su condición biológica. Las leyes trans están menospreciando a la mujer como lo hiciera el más lesivo de los machismos, y las mujeres feministas que denuncian estas leyes son condenadas al insulto público y la cancelación social. La segunda consecuencia de este planteamiento totalitario del feminismo de la izquierda es la pérdida del apoyo de los jóvenes. Los estudios de la Fundación FAD y de Ipsos revelan la tendencia, creciente en España, de no considerar el feminismo oficialista como la mejor solución a la violencia de género y a las desigualdades entre hombre y mujer. Ambos estudios muestran un afilado discernimiento entre los jóvenes españoles, que repudian la violencia machista y defienden la igualdad, pero reducen, respecto a años anteriores, su sentimiento feminista. Las mujeres jóvenes forman parte de esta tendencia, en la que se incluye una amplia percepción del feminismo como una herramienta de manipulación política. La izquierda seguirá equivocándose si explica estos datos por el activismo ultra en las redes sociales y si procesa su fracaso como la prueba de que todavía hay que ahondar más en unas propuestas de las que los jóvenes se están descolgando.