Qué hacer cuando tu perro lo mastica todo: claves para redirigir este comportamiento natural
2026-03-02 - 07:33
Masticar y explorar con la boca es, para los perros, una forma de entender el mundo. Lejos de ser un capricho, se trata de una conducta esperable que, bien guiada, puede convivir sin conflictos con la vida doméstica. "Masticar y mordisquear son comportamientos normales del perro", explican los expertos de Dogs Trust, que recomiendan ofrecer "muchas oportunidades para hacerlo de forma segura y aceptable". Este comportamiento es especialmente en cachorros ya que "usan la boca para explorar el entorno y para jugar; a lo que se denomina mordisqueo", señalan desde la organización. Además, durante la dentición (que suele prolongarse hasta alrededor de los siete meses) la necesidad de morder se intensifica. El problema aparece cuando ese impulso se dirige hacia manos humanas o pertenencias del hogar. "Masticar las cosas equivocadas puede ser peligroso para ellos y, además, pueden hacernos daño por accidente o destrozar nuestro par de zapatos favorito". La clave, subrayan los especialistas, no es suprimir el comportamiento sino canalizarlo. "Para que tu perro deje de morder y mordisquear cosas que no quieres, deja claro lo que sí puede morder", expresan. Esta claridad se construye con prevención (retirar objetos valiosos o peligrosos y limitar el acceso a ciertas zonas) y con alternativas atractivas. Los perros, recuerdan, disfrutan de texturas variadas, y el refuerzo positivo cuando eligen el objeto adecuado ayuda a fijar el aprendizaje. Comprender la motivación también evita malentendidos. "No entienden que estén haciendo algo mal. Solo saben que morder se siente muy bien", detallan desde Dogs Trust. "De hecho, la masticación puede funcionar como válvula de escape ante el estrés". Para que tu perro deje de morder y mordisquear cosas que no quieres, deja claro lo qué sí puede morder Por eso, la gestión emocional y el juego estructurado son tan importantes como los juguetes en sí. Reconocer las señales previas al juego (aumento de energía, saltos o golpeteo con las patas) permite anticiparse y ofrecer un objeto apropiado antes de que aparezca la conducta indeseada. La interacción humana también influye de forma decisiva. Los expertos advierten que los juegos bruscos que incluyen mordiscos envían mensajes contradictorios y pueden generar frustración. Si el perro llega a usar los dientes durante el juego, la recomendación es retirar la atención de manera clara y calmada, sin reprimendas. "Regañar a un cachorro por mordisquear o masticar solo lo pondrá nervioso, y eso podría empeorar su comportamiento", advierten. Y por supuesto, el bienestar general completa el cuadro. El aburrimiento y la falta de ejercicio mental o físico elevan la probabilidad de que el perro muerda objetos inadecuados, mientras que el descanso insuficiente incrementa el mordisqueo en cachorros cansados. Con actividad, socialización y pausas de sueño, el impulso de morder encuentra salidas compatibles con la convivencia. En resumen, encauzar un instinto natural (y no castigarlo) reduce riesgos y mejora el vínculo. Con un entorno preparado, señales coherentes y alternativas seguras, el hogar deja de ser un campo de pruebas para dientes curiosos y se convierte en un espacio de aprendizaje compartido.