Qué hacer para proteger tu patrimonio ante la guerra de Irán según un experto
2026-03-11 - 07:33
Todo conflicto bélico tiene sus consecuencias económicas y lo más sensato para proteger tu patrimonio en caso de guerra es mantener la calma, analizar el conflicto en cuestión y mirar al pasado para buscar datos que puedan ayudar a predecir el futuro. En el caso de la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán, los mercados financieros han recogido el conflicto con caídas. Incluso el oro, tradicionalmente un activo refugio, ha retrocedido, aunque eso también se debe a la gran subida previa que arrastraba. Con este panorama, la duda es cómo proteger tu dinero ante el desenlace del conflicto. Y para verlo, hay que tener en cuenta lo que puede pasar y lo que ha sucedido en el pasado. Posibles salidas al conflicto Las consecuencias económicas de la guerra entre EE.UU. e Irán dependerán de cómo evolucione el conflicto. En este punto todavía se observan dos escenarios principales: Un final rápido que permita un cambio de régimen más afín a Occidente, que era el inicialmente previsto inicialmente por Israel y EE.UU. Una guerra más larga de lo previsto, como ha sucedido con Ucrania, que termine convirtiéndose en una guerra de guerrillas y afecte al tránsito en el estrecho de Ormuz, por donde circula el 20% del petróleo y del gas natural que consume el planeta (principalmente la parte asiática). El segundo es el menos deseado y afectaría a los precios globales, aunque sobre todo a países como India e Irán, que dependen del petróleo iraní. Por el contrario, Estados Unidos no notaría inicialmente este impacto porque actualmente es autosuficiente en materia energética, a diferencia de otras guerras. Mientras, Europa se abastece principalmente de Noruega, Rusia y EE.UU., aunque en España y Portugal hay una mayor dependencia de Argelia. Qué nos dice la historia: qué hacen los mercados en guerra Aunque la historia no se repite, normalmente rima y por eso es interesante saber cómo se comportan los principales activos de inversión durante y, sobre todo, después de los conflictos bélicos. Javi Linares, asesor financiero certificado y divulgador financiero, ha analizado en su canal de YouTube el comportamiento del S&P 500, el oro y el petróleo a lo largo de más de 100 años de guerras, desde la I Guerra Mundial. Y los datos son claros: en un 73% de los conflictos el S&P 500 estadounidense está en positivo en un periodo de 12. Además, el rebote desde la caída inicial suele producirse en 3 meses. Este es el comportamiento del S&P 500 antes y después de los conflictos: Curiosamente, la volatilidad media en los mercados cae durante la guerra en comparación con los periodos de paz. En la única ocasión en la que ha habido una corrección grabe en el mercado bursátil fue en la Guerra del Yonki Pur, donde también participó Israel. Ahí la bolsa cayó más de un 48% y el petróleo se disparó un 300% debido también al embargo impuesto a EE.UU. que creó un periodo de estanflación al otro lado del Atlántico. Mientras, el oro subió un 115%. Qué hacen el resto de activos El oro, por su parte, “tiende a subir antes del estallido del conflicto por el aumento de la incertidumbre, como hemos visto”, explica el experto. Después, corrige al inicio de la guerra y, de nuevo, si la guerra es corta, mientras que vuelve a subir si el conflicto se enquista y suben los precios de la energía. Con esto en mente, Javi Linares habla de un primer patrón general: “en los conflictos cuando el petróleo sube, causando inflación, el oro tiende a subir mucho y la bolsa a hacerlo peor, aunque en la mayoría salvo el del Yonki Pur y Afganistán, que se juntó con la crisis de las punto.com, las bolsas terminaron en positivo”. Y por la parte de la renta fija, “también hay un doble escenario”. En conflictos intensos, pero donde el precio de la energía está controlado, puede ofrecer muy buenos retornos porque los tipos de interés tienden a estar controlados. Mientras, si hay inflación por el aumento del coste energético, puede sufrir más ante eventuales subidas de tipos de interés. Por último, el dólar tiende a beneficiarse en momentos bélicos, igual que los bonos estadounidenses. Qué hacer con tus inversiones Lo primero y más claro: "evita tomar decisiones en pánico y siempre piensa dos o tres días antes de cambiar la estructura de tu cartera de inversión". A partir de ahí, "si piensas que la guerra puede alargarse, el oro puede ser un buen activo para protegerte", mientras que "si esperas que acabe rápido, la renta variable es una buena opción". De hecho, aunque la guerra se alargue, la bolsa tiende a subir en todos los conflictos. Por último, Javi Linares menciona Bitcoin como un activo refugio no tradicional, ya que su valor no sube durante tiempos de incertidumbre, pero sí que permite tener liquidez adicional por dos motivos. Por un lado, porque su mercado nunca cierra. Está abierto cuando las bolsas no lo están y permite operar 24 horas al día los siete días de la semana. Por otro lado, permite movilizar el capital para quienes necesitan salir del país, algo que no es posible con otros activos como las acciones o el oro si está en el banco. En cualquier caso, el experto recuerda la importancia de tener una cartera de inversión diversificada ante este y cualquier otro evento. Cómo afectará el conflicto a tu bolsillo en el día a día Por último, una cosa es lo que ocurre en los mercados financieros y otra cómo afecta todo esto a tu bolsillo. De nuevo, las consecuencias dependerán en buena medida de cómo sea la resolución. Si el conflicto se alarga y afecta al estrecho de Ormuz, podemos esperar inflación y un repunte de precios por otras tres vías: El precio de la energía, que afecta a todos los precios en general. Es decir, generaría inflación estructural. El precio de determinados alimentos, dado que afectaría a productos como fertilizantes o alfalfa. El sector textil, por posibles cortes en la cadena de suministro. En definitiva, el conflicto aumenta los costes de las empresas por el mayor coste energético y cambios en las rutas de transporte, lo que tarde o temprano se termina trasladando al consumidor en forma de inflación.