Qué hacer si paseando con tu perro os encontráis con un jabalí
2026-02-04 - 06:15
En los últimos días, Sara Duarte, titular del golden retriever Lucas, compartía en sus redes sociales cómo el perro había sido atacado por un jabalí en Galicia, un episodio que terminó con el animal herido de gravedad tras recibir varias cuchilladas de los colmillos en el pecho y necesitar puntos de sutura. Tal como explicaba después en una entrevista en la TVG, hasta ese momento los jabalíes se acercaban con frecuencia a la zona y nunca habían mostrado comportamientos agresivos. El problema llegó cuando el encuentro se produjo con crías de por medio, momento en el que los suidos salvajes se vuelven especialmente protectores y cualquier aproximación, real o percibida, puede desencadenar un ataque fulminante. Tras lo ocurrido, Sara tomó una decisión que ahora repite como recomendación: salir siempre con Lucas atado. Los jabalíes, recuerda, tienden a evitar a las personas, pero un perro suelto puede interpretarse como una amenaza directa, sobre todo si se acerca a una hembra con rayones. Encuentros cada vez más frecuentes La presencia de jabalíes en entornos urbanos y periurbanos ya no son la excepción. Desde hace unos años, distintas comunidades autónomas y ayuntamientos han alertado del aumento de avistamientos en parques, urbanizaciones y zonas limítrofes con el monte. La facilidad para encontrar un alimento que cada vez escasea más en sus hábitats, la ausencia de depredadores naturales como el lobo debido a su caza, la presión humana y su enorme capacidad de adaptación han hecho el resto. En la mayoría de los casos, estos encuentros terminan con la huida del animal. El jabalí no busca el conflicto y, si puede evitarlo, lo hace. El problema aparece cuando se siente acorralado, sorprendido o cuando hay crías cerca. Si además hay un perro implicado, sobre todo si va suelto, el riesgo se multiplica, ya que algunos perros ladran, se acercan por curiosidad, inician una persecución o incluso pueden intentar atacarlo aunque carezcan de experiencia en la caza, escenarios todos ellos donde el jabalí va a responder con una defensa extremadamente eficaz. Cómo actuar Las recomendaciones de las administraciones públicas coinciden en que la prevención empieza mucho antes del encuentro. Evitar dejar comida al aire libre, controlar los restos que puedan atraerlos y no alimentar nunca a estos animales son medidas básicas para reducir su presencia en zonas habitadas. Si el encuentro se produce, es esencial mantener la calma. No conviene hacer movimientos bruscos ni intentar ahuyentarlo con palos u objetos, ya que eso puede interpretarse como una amenaza. La distancia es nuestra mejor aliada, por lo que cuanto mayor sea, menos probable será una reacción defensiva. Alejarse despacio, mejor hablando en voz alta, ayuda a que el animal identifique nuestra presencia y se retire. Cuando vamos con un perro en zona de jabalíes, la mejor recomendación es llevarlo siempre sujeto. Soltarlo para que huya puede provocar justo lo contrario, que se acerque al jabalí o que este lo embista. Hay que tener especial cuidado al amanecer, al atardecer y durante la noche, las franjas horarias en las que estos animales están más activos. Lo que nunca debe hacerse Hay una serie de errores que se repiten y que conviene desterrar. Obviamente, no hay que acercarse para hacerle fotos, ni intentar tocarlos, ni mucho menos interactuar con los adultos, y aún menos si hay crías (rayones). En el caso de encontrarse con una hembra con jabatos, nunca debe uno situarse entre ella y sus crías, porque la respuesta protectora de la madre será inmediata. Tampoco es buena idea correr si el animal está cerca, ni agacharse, ni intentar acorralarlo. Aunque su imagen se asocie a la torpeza, un jabalí es extraordinariamente rápido, potente y tiene una mordida capaz de causar heridas muy graves tanto a personas como a perros. En los machos, los colmillos, conocidos como navajas, pueden desgarrar tejidos y provocar hemorragias severas en cuestión de segundos. Señales de ataque Insistimos en recordar que el primer impulso de un animal no es atacar, sino evitar el enfrentamiento, por lo que expresará una serie de señales claras de estrés con el objetivo de que tomemos distancia y le dejemos tranquilo. Erizan el pelo del dorso y producen un característico chasquido con los dientes, similar al sonido de cascar nueces. Si se observan estos signos, la única opción segura es aumentar la distancia de inmediato, sin gestos bruscos y manteniendo al perro bien controlado. En espacios cerrados o urbanos, como jardines o patios privados, la situación se complica todavía más. El animal puede sentirse atrapado y reaccionar de forma imprevisible. En estos casos, la recomendación de los expertos es no intentar resolver la situación por cuenta propia y avisar a las autoridades competentes a través del 112. La gestión varía según el municipio, pero suele priorizarse la expulsión del animal hacia el medio natural o su captura mediante dardos anestésicos. Qué hacer si el perro resulta herido Cuando un jabalí alcanza a un perro, la prioridad absoluta es sacarlo de la situación y evitar que siga recibiendo los golpes del suido salvaje. Una vez a salvo, hay que evaluar la o las heridas con rapidez y, dentro de lo posible, en un entorno limpio. El primer objetivo es controlar las hemorragias. En la mayoría de los casos, la presión directa con gasas, compresas o cualquier tejido limpio como nuestra ropa es la medida más eficaz. Se debe mantener esa presión hasta llegar a una clínica veterinaria. Tras frenar el sangrado, se recomienda limpiar la herida con abundante agua y jabón para eliminar tierra y restos que puedan favorecer una infección. Si es posible, hay que recortar el pelo alrededor lo que ayuda a mantener la zona más limpia. Es importante aclarar que en ningún caso estas maniobras sustituyen la atención veterinaria, solo se trata de medidas de emergencia para ganar tiempo. Torniquetes: solo en situaciones extremas El experto en emergencias y protocolos de evacuación con animales Juan Luis de Castellví Guimerá explica en su libro Cuida a tu perro: Manual de primeros auxilios y bienestar canino que el uso de torniquetes debe reservarse para amputaciones de extremidades o heridas muy sangrantes y cuando la presión directa no sea suficiente. En esos casos, la primera opción sigue siendo aplicar presión con apósitos limpios, gasas estériles siempre que sea posible, y añadiendo más capas sin retirar las anteriores. Si la hemorragia no se controla puede considerarse un torniquete específico para perros, preferiblemente de goma elástica, ya que los de tipo molinillo no funcionan bien en animales por su anatomía y el pelaje. El torniquete se coloca por encima de la herida, se aprieta hasta detener el sangrado y no debe retirarse bajo ningún concepto hasta que lo haga un profesional veterinario. Es una maniobra muy dolorosa para el perro, por lo que conviene utilizar algún tipo de bozal, aunque sea improvisado, para prevenir un mordisco a causa del dolor y el miedo. El traslado urgente a una clínica veterinaria es innegociable. Ante heridas abdominales, recomienda Juan Luis de Castellví, hay que cubrirlas y si hubiera evisceración, es decir, salida de los órganos internos al exterior, nunca intentaremos reintroducirlos; los cubriremos con un apósito estéril y lo vendaremos para llevar al perro inmediatamente a un hospital veterinario. Si un colmillo del jabalí se ha partido y se ha quedado clavado, tampoco lo sacaremos, es algo que tendrá que hacer el veterinario en el quirófano. Por otro lado, si la herida está en el tórax, especialmente si apenas sangra y/o deja ver el pulmón, salvo que tengamos con qué hacer un parche torácico nos limitaremos a controlar la hemorragia mediante presión. En todos estos casos el traslado a un centro veterinario con quirófano es imperativo y, nos recuerda el especialista, muy aconsejable llamar antes para que sepan el caso que les va a llegar y tengan todo el instrumental preparado. Atención a las secuelas que no se ven Más allá de las lesiones visibles, un encuentro violento con un jabalí puede dejar secuelas que no se aprecian a simple vista. Tras un ataque o una situación de estrés extremo, algunos perros pueden desarrollar respuestas de miedo persistente, hipervigilancia, rechazo a salir al exterior o reacciones exageradas ante ruidos, olores o entornos similares al del incidente. Son conductas compatibles con un trauma, especialmente si el animal ha sufrido dolor intenso o una experiencia de indefensión a la que no está acostumbrado. En estos casos, además del seguimiento veterinario a las heridas físicas, puede ser necesaria una intervención a nivel conductual, siempre guiada por profesionales, para ayudar al perro a recuperar la seguridad y evitar que ese episodio condicione su bienestar a largo plazo.