TheSpaineTime

Qué quedará de nosotros de Eduardo Sacheri (Alfaguara, 2025)

2026-03-22 - 10:50

Siempre que leo a Sacheri me emociona. Qué quedará de nosotros, publicado en España por Alfaguara a finales del año pasado, es una de las mejores novelas que he leído en los últimos meses. Ya venía preparado con la habilidad del argentino para gestionar la emoción de la historia atrapada. Leí Nosotros dos en la tormenta, los años de López-Rega, el brujo, Isabelita, los montoneros, los troscos, los cenetistas, el primer trabajador, muerto y enterrado, disparos y secuestros. El reloj descontando antes de las doce. El juicio final, la familia, el padre y su fábrica, una fábrica de manufactura, humilde, con familias a su cargo. Y el secuestro, las estampitas, el fútbol, los setenta, pesados, muy pesados. Si les gusta Qué quedará de nosotros, les animo a acercarse a Nosotros dos en la tormenta. ¿Recuerdan “El secreto de tus ojos?”, La academia, Avellaneda, el clásico, Franchella bebiendo whisky malo del tirón, las golondrinas de la Plaza de Mayo... todo aquello te deja en el comienzo de la pesadilla. El Proceso. Videla. Galtieri. Massera. Y cuando ya no pueden aguantar más el delirio, la borrachera... invaden las Malvinas. Lo canta Daniel Melero, con Los Encargados. El primer grupo tecno de la Argentina. Después del discurso, en Plaza de Mayo, junio del 82, no queda mucho para el Mundial, por fin juega el Diego. Galtieri, completamente borracho. «Si quieren venir, que vengan». Ve tú, valiente. En Las Malvinas, la historia atrapada, «Nueces para el amor», parece que vamos ganando. Los que saben de historia militar dicen que, en un momento dado, estuvieron a punto. Se pensaron que los ingleses no se movería, que estaba demasiado lejos. Pero Margaret Thatcher, también encendida de crisis y escocés, no lo iba a permitir. Lo que les costó llegar, decía mi padre, cuando hablaba de Las Malvinas. En 2002, cuando llegué a Buenos Aires, había Patacones y aniversarios, había mapas en la escuela, en la facultad, en la UBA, con las Malvinas. Daba un poco de pena. Más bien de risa. Tan lejos, tanto frío, tanta miseria. Malvinas argentinas, Gibraltar español. Pero no estamos aquí para hablar de historia, estamos para hablar, escribir, leer, esta historia, esta novela, lo más emocionante que he leído en lo que vamos de año. Los niños, los pibes, desde Santiago del Estero, desde Córdoba, Tucumán, Corrientes, Entre Ríos, el interior, Misiones, muy lejos de Palermo, del tango, lejos de todo, lejos de los boliches donde toca Spinetta las canciones de Kamikaze o bailan los hermanos Moura canciones lúdicas mientras las pesadillas llegan, recordando que su hermano se lo llevaron, las morsas y los halcones. La turbia realidad de la Dictadura, el proceso, un patriotismo demente (la operación en Gibraltar, entre torturadores y montoneros, cutre, bastarda, pero siempre argentina...). Las derechas militares en Latinoamérica, las derechas, simples, en Europa. El vampírico Pinochet, con sus colmillos, ofreciendo a la dama férrica sus territorios y su nafta. ¿Pero qué se nos ha perdido ahí, piensan? Desolación, un puñado de casas, las miradas agrietadas de los habitantes de las Falklands, los puñeteros pingüinos, la carne dura de oveja, los militares argentinos, más valientes que válidos, los tenientes, los sargentos, abrazando a esos niños, Los ingleses, “I ́ll keep ossie”, el IRA, la serie de The Crown, cómo se cabrean los argentinos con la pobre agente Scully... la extraña cuestión de la soberanía. La única culpa, otra vez, es de los locos que mandaron a los chicos al matadero. Pero, de nuevo, no estamos para hablar ni juzgar, estamos para señalar que este libro es emocionante y lírico, pero también que se lee con avidez, porque Sacheti es un novelista salvaje y mágico, un tipo que sabe lo que son las letras, las frases, los personajes. Empatía literaria, tristeza de la ciudad, como la canción de los recién juntados Los Abuelos de la Nada. Las Malvinas, un lugar donde no haría falta que nadie viviera, que hace todavía más absurdo todo el conflicto, toda la muerte. Charly sabía que podían bombardear Buenos Aires. En el estadio de Ferro, en el verano austral de final de año, con un traje rosa. Todos los niños, las quintas del biberón, del 63, como el título del primer disco solista de Fito Páez. Fito que estaba a punto de entrar a tocar en la banda de Charly García. Charly volvía de Brasil, disolvía Serú Girán, grababa Clics Modernos. Ya había publicado “Yendo de la cama al living” En Clics Modernos estaban “Los dinosaurios”, su letra hablaba de los generales locos y borrachos que mandaron a unos niños a pelear al infierno, al lugar donde solo había ovejas, viento, frío, odio. Niños que no escuchaban rock (porque solo había rock y en español en las emisoras), que querían perder el virgo, tener un laburo, salir a comer pizza y birra y faso con sus amigos, niños que habían soñado con ser futbolistas y, ahora, todavía campeones del mundo, imaginaban que si a Kempes y Passarella, Bertoni, Ardiles y Fillol se les juntaban Maradona, Barbas y Valdano (que estaban en el Zaragoza, yo tenía cuatro años, mi padre iba todos los domingos a la Romareda, a verlos), qué podría ir mal. El pitillo de Menotti. Menotti aguantando. En el final de la novela, 13 de junio de 1982, naranjito, en el Camp Nou, Argentina-Bélgica. Para la siguiente fecha, para el partido contra Hungría, Argentina había rendido Las Malvinas. Ninguno de los apellidos coincide. Un olimpo, un garaje, gritos, todos consumidos por el patriotismo y la tristeza, todos agotados por el hambre y el frío. Y es que, otro de los grandes méritos de esta novela, es la manera en la que se acerca a los días del conflicto, cómo traspiran las páginas el sudor del miedo, el mal sueño de la espera, diplomacia, barcas, comandos ingleses con sus boinas rojas, el poder militar, los bombardeos, la pólvora, el pecho que explota y deja una flor de sangre, que ahoga la juventud de unos soldados, unos pibes. No hay magia, no hay gloria, es todo frío, gente sin piernas, bombas, minas. Tierra, solo tierra, tierra enferma de sangre, ceniza y frío, la tierra no es de nadie, ni de Argentina ni de Inglaterra. Y la juventud, la pérdida, las canciones, son de todos... hasta de los padres que se quedaron sin gente a la que abrazar. No hay brazos, ni piernas... esté todo tan lejos que el viento se tendría que llevar la bandera. Imagen preguntar a la gente que vive en Malvinas, no hay muestra que extraer, es toda la población, para preguntar, qué me dice usted, ¿aún se acuerda de aquello? Chapa y ovejas, conducir por la izquierda, la derecha, solo son un sueño de Buenos Aires. Tierra sin gente, gente sin tierra... ¿Qué creció en la tierra presa de sangre argentina después de toda aquella muerte y pólvora? Nada. Un recuerdo. Una novela maravillosa.

Share this post: