¿Quién triunfa como presentadora o presentador de televisión?
2026-03-21 - 07:20
La historia de los medios de comunicación nos confirma una realidad: quien triunfa como presentador no ansió ser presentador. Y diréis, ¿qué quiere decir este? Pues que quienes triunfan como presentadores son aquellas personas que nunca quisieron dar solo paso a vídeos, que nunca ansiaron ser bustoparlante, que nunca desearon ser un decorado iluminado con luces de colores. Su ego animaba su seguridad escénica, sí, pero no era lo más esencial. Los grandes maestros de ceremonias de los 70 años de la televisión en España atesoraban el ideal del periodista, la curiosidad del actor, la emoción del cantante.... La mayoría, llegaba a la tele después de muchas horas aprendiendo a interpretar. Curtiéndose en la interpretación. No solo en la forma de actuar en escena, sino también en el arte de interpretar la realidad. Para poder entender como primer paso para que te entiendan. Resultado: los grandes rostros de la tele en España no eran meros presentadores, eran comunicadores. Y, por eso mismo, una de las grandes escuelas de la televisión ha sido la radio. Porque en una sociedad que se mira tanto el ombligo, más todavía hoy -con las redes sociales animándonos todo el rato a creernos autosuficientes, la radio es el trabajo en equipo que te obliga a aprender a escuchar. No es nada nuevo. Nadie lleva bien los mandos de una emisión televisiva si es incapaz de prestar atención a su entorno. Ya hace siete décadas, la primera presentadora de TVE, Laura Valenzuela, sorprendió en su primer casting catódico porque mientras la mayoría de los candidatos hicieron discursos engolados a cámara, ella directamente conversó con un espectador que aún no tenía ni siquiera tele. Se dirigió a él. Y a ella. Incluso preguntó qué les parecía la actuación que iban a disfrutar desde casa. Valenzuela no sabía muy bien qué era aquel invento llamado televisor, pero sí conocía el cabaret que trataba al público de tú a tú. La tele aprendía del teatro y cine, grandes escuelas del trabajo en colectividad. Cada miembro del equipo debía poner una pieza. Y todos, juntos, sabían que el buen improvisador es el que ha ensayado mucho. Tanto que ha aprendido a observar más que a hablar. De ahí que las grandes presentadoras de nuestra tele suelan ser de barrio o pueblo. De Jesús Hermida a María Teresa Campos, de Paloma Chamorro a Ramón Garcia. Los que viven en urbanizaciones de lujo con su servicio peripuesto suelen tratar con condescendencia al personal, los que han crecido mezclándose en las plazoletas de la cotidianidad entrenan la empatía. Curtidas en esa plaza pública en la que no bastaba con tener una presencia, había que destacar por la sensibilidad del carisma que se para en el rincón que otros pasan de largo. Hoy, en la edad de oro de las redes sociales, hemos interiorizado que con solo un móvil ya podemos comunicar y véndernos ante el mundo. Pero cuando no estás solo en tu habitación y estás rodeado de cámaras, focos e invitados te percatas de que la vida es la congregación de aprender unos de otros y terminar dándonos cuenta que comunicar no es predicar. Al contrario, es dialogar. Es celebrar la escucha.