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Réquiem por el mundo occidental

2026-03-04 - 05:03

Hubo tiempos en que el conocido como 'mundo occidental' era la referencia. No sólo porque, a priori, era donde se podía vivir mejor de todo el planeta, sino porque dentro de su perímetro se respetaban los derechos básicos, la política se imponía a la violencia y la ley suponía el límite frente al que había que cuadrarse. Hoy, tal como nos sorprende el calendario cada día, habrá que guardar ese mundo en un mapa de los recuerdos. Aunque el fin de la Segunda Guerra Mundial y la creación de la ONU no hayan garantizado una seguridad internacional completa, en los privilegiados países 'occidentales' nos hemos sentido desde entonces confiados en que las guerras eran cosa de otros países, conflictos regionales que nunca llamarían a nuestra puerta. La Guerra Fría no llegó a salir fuera de la nevera y si Estados Unidos, el jefe y guardián de las democracias que preservan nuestro orgulloso 'occidentalismo', se metía en algún lío bélico lo percibíamos lejano y delimitado, aunque sus consecuencias económicas siempre nos alcanzaran. El asalto al Capitolio de 2021 podría ser visto como el preámbulo del desmoronamiento de ese mundo 'occidental' que tan eficaz resultaba para los intereses de los países bajo su abrigo como tranquilizador para quienes lo habitamos. Aquello, nunca visto, dio paso a un débil y fugaz mandato de Joe Biden tras el que los norteamericanos volvieron a votar, incluso con más fuerza, a Donald Trump para dirigir los destinos de su país y, por ende, de 'Occidente'. El rápido indulto del presidente a los asaltantes condenados por tamaña agresión al símbolo del orden democrático ya nos avisaba, sin paños calientes, de lo que se avecinaba pese a que todavía nos resistamos a creerlo. Esta semana nos levantamos sobresaltados con la guerra iniciada por Estados Unidos e Israel contra Irán en mitad de unas engañosas negociaciones para contener el desarrollo nuclear del país de los ayatolás. Sin consulta ni autorización de Naciones Unidas, ni tampoco siquiera del mismísimo Congreso norteamericano. Poco antes había ocurrido en Venezuela, donde Estados Unidos secuestraba a su presidente saltándose cualquier legalidad internacional e imponía sus condiciones para un cambio de régimen a un debilitado gobierno. Y antes en Gaza, donde el atroz genocidio perpetrado por Israel se ha apoyado en el beneplácito de Washington mientras Trump dibuja el mapa de un mundo nuevo a su capricho. Incluso con la europea Groenlandia ya ha hecho saber que pretende apropiársela y sólo parece haber pausado sus intenciones para atender otras urgencias. Ni ley ni orden democrático ni lealtad siquiera con sus aliados europeos. Para qué. El principal constructor del liberal y pluralista 'Occidente' se afana ahora en destruirlo a pico y pala. Los dirigentes o los regímenes de los países agredidos podrán resultarnos abominables en nuestro civilizado orden político, pero los misiles no suelen resultar eficaces más que para sembrar muerte y desolación. En la Casa Blanca parecen haberse olvidado de las experiencias de Irak o Afganistán. Y en Europa, de que la UE nació para ser más fuertes, para tener algo que decir frente a Estados Unidos y también para preservar determinada ética política y unos precisos valores de convivencia. Mientras Alemania, Francia y Reino Unido se preparan para incorporarse a esta incierta guerra contra Irán de consecuencias mundiales imprevisibles, el Gobierno de Pedro Sánchez se mantiene en la posición más crítica de toda la UE contra el intervencionismo bélico de Washington, al igual que ya hizo con la destrucción israelí de Gaza. Me permito estar orgullosa de ello. Nunca se sabe a quién dará la razón la historia, pero lo que ya está sucumbiendo ante nuestros ojos es la visión del mundo que orgullosamente proyectamos durante décadas desde Europa o Estados Unidos. Habrá que buscar dónde agarrarse en tiempos tan oscuros.

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