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Reincidentes impunes

2026-02-20 - 05:33

Fue un experimento sencillo. En 1969 el reputado sociólogo de la Universidad de Stanford Philip Zimbardo abandonó dos coches iguales y sin matrícula: uno en el Bronx, barrio neoyorquino pobre e inseguro, y otro en el californiano Palo Alto, zona rica y segura. El vehículo del Bronx fue destrozado en pocas horas mientras que el de Palo Alto permaneció intacto. La siguiente prueba consistió en romper una ventana del coche de Palo Alto y el vehículo entonces fue destrozado en poco tiempo. De ahí nació la llamada “teoría de las ventanas rotas”, que en criminología vincula los signos de vandalismo y la impunidad en los pequeños delitos con los comportamientos delictivos de mayor envergadura. La fórmula fue ensayada en Nueva York con aparente éxito por el polémico alcalde Rudy Giuliani en un momento en que la ciudad sufría un alta sensación de inseguridad. Los policías de Giuliani actuaron con extrema dureza contra los delitos menores incluyendo a los indigentes que poblaban las calles de la Gran Manzana. El problema fue que a los detenidos no se les ofreció alternativa habitacional alguna ni programas de rehabilitación, se limitaron a esconderles bajo la alfombra. La aplicación populista que aquel alcalde hizo de la “teoría de las ventanas rotas” no debería restarle interés a la fórmula en lo que se refiere a la necesidad de que los pequeños hurtos y delitos de menor importancia queden impunes. En el pleno del Congreso se produjo la semana pasada una insólita votación que juntó los apoyos del PSOE a los del PP, PNV, Junts y Vox. Con esa inusual fortaleza fue aprobada una reforma del Código Penal para endurecer el castigo a los multirreincidentes en robos y hurtos de poca monta. La iniciativa establece penas de hasta tres años de cárcel para quienes cometan este tipo de delitos si hubiere tres condenas previas y aunque lo sustraído no alcance los 400 euros. La reforma incluye el mismo trato penal para los casos de estafa y la posibilidad de vetar a los delincuentes frecuentar los barrios y zonas donde han hostigado a su vecindario. Es probable que esta reforma del Código Penal no la hubiera defendido el PSOE de no partir de Junts, formación con la que trata de recuperar el diálogo perdido, pero lo cierto es que el PSC de Salvador Illa viene defendiendo desde hace meses medidas contra la multirreincidencia. Para Sánchez no resultaba fácil porque sus socios de gobierno la rechazan al entenderla ineficaz y considerar que proyecta ideas fascistas y racistas, como expresó en la Cámara el diputado de Sumar Enrique Santiago. Llama sin embargo la atención la postura que mostró en ese debate ERC, notable excepción entre los socios progresistas. Su diputada Pilar Vallugera dijo que su grupo se abstendría porque "aunque la realidad actual no se cambia a golpe de Código Penal sino poniendo medios para desatascar la justicia y apostando por la rehabilitación", los alcaldes de Esquerra les habían pedido medidas para frenar la proliferación de los pequeños delitos en sus municipios. Esa percepción de sus alcaldes está muy extendida, es muy transversal y carece de tintes ideológicos. La sensación de que los pequeños delincuentes campan por sus respetos porque los delitos que cometen nunca llegan a sufrir castigo alguno es compartida por los vecindarios de muchos pueblos y ciudades. Que la mayoría de los hurtos y robos menores no se denuncian al entender que la Policía ni se molesta porque saben que quienes los cometen entran por una puerta y salen por otra. La impunidad además de empoderar al delincuente le incita a cometer delitos mayores.

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