Rezar da ‘likes’
2026-03-24 - 05:20
España vive un giro hacia el catolicismo tras años de secularización que relegaron la religión a un segundo plano. En los años 70, el 90% de la población se declaraba católica. En la actualidad, apenas lo hace el 53%, aunque el dato que marca la nueva dirección es el de los jóvenes. Según el CIS, en 2009 solo un 9% de los menores de 29 años se consideraba católico practicante. En 2025 la cifra ha subido seis puntos, hasta el 15%. Parece que la generación Z ha encontrado un propósito en la fe. Lo cuentan las redes sociales en las que influencers, que hasta hace nada hablaban de moda, ahora hablan de Dios. También la agotadísima gira que Rosalía arranca en Madrid en plena Semana Santa, no creo que por casualidad. Su disco más espiritual –y también el más aburrido– ha dado permiso a los más modernos para hablar sin complejos de sus creencias. Aunque, para mí, el verdadero cambio es que ya nadie se toma a chufla a Tamara Falcó. La religiosidad de la marquesa de Griñón ha pasado de meme a referencia espiritual. Hay quien lo explica diciendo que los zeta crecieron delante de una pantalla que no les dio respuesta a sus necesidades espirituales. Otros creen que simplemente estamos yendo hacia atrás y el futuro no es tan progresista como se había idealizado. A mí me parece que el repunte católico tiene más de rebeldía adolescente clásica que de otra cosa. Las generaciones X y milenial crecieron llenas de prejuicios hacia la religión y los jóvenes reaccionan llevándoles la contraria. Ser católico en un país laico es punk. También hay un tema de estatus, la religión se asocia a entornos acomodados, pero, sobre todo, tiene que ver con algo más sencillo: seguir la moda. En los últimos años hemos llevado el materialismo hasta el límite y ahora el péndulo se mueve hacia el extremo contrario: la espiritualidad. Tiene pinta de que es más por necesidad de sentido que por convicción. En el fondo, el mecanismo es el mismo. Esta nueva fe funciona, sobre todo, como una moda. Dios se ha convertido en un producto más, tan vendible como lo fueron el feminismo o la salud mental. Los influencers y famosos que ahora se suben al carro de la religión son los mismos que hasta hace dos días estaban en el de la terapia como solución para todo. Antes pasaron por el del feminismo ‘motomami’, el del ecologismo, el veganismo o el bodypositive. Ahora lo que da likes y visibilidad es rezar. Hay algo que delata a todos estos nuevos conversos cuando hablan de la espiritualidad que ahora los guía. Lo hacen desde el individualismo más absoluto. Todo pasa por la experiencia personal y el bienestar propio. Hablan de Dios, pero del prójimo y del amor que hay que declararle, el núcleo del mensaje cristiano, no dicen ni media. Han convertido la religión en un vehículo más para hablar de sí mismos y explicar sus problemas vitales. Pero, bueno, que con todo y con eso, mejor la fe como propósito que la ropa de marcas de lujo. Sale mucho más barato, a ellos y a sus seguidores.