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Roberto Espinosa, físico y experto en luz roja, sobre por qué vivir en interiores te enferma: «Nos comunica con el entorno; es una señal biológica»

2026-03-11 - 12:33

El uso terapéutico de la luz roja se ha puesto más de moda que nunca en las plataformas digitales. Desde que varios rostros conocidos pregonaran de aquí para allá que las bondades de la fotobiomodulación forman parte de su día a día estas terapias han empezado a colarse en la vida cotidiana de muchos. Reducción de la fatiga visual, disminución de los dolores de cabeza y migrañas y una mejora del sueño y de la claridad de la imagen son los beneficios que cada vez más empresas promulgan sobre esta nueva tendencia. No obstante, muchas veces el respaldo científico es todavía algo limitado. Durante gran parte de la historia de la humanidad, habríamos obtenido estos beneficios directamente del sol. Pero ahora pasamos más tiempo en interiores, a menudo con iluminación de tonos fríos. Y así lo advierte el físico y divulgador Roberto Espinosa, fundador de Mitofit-X y experto en fotobiomulación, que recientemente estuvo presente en uno de los episodios del pódcast La Hoguera. «Igual que tenemos déficits en alimentación, ejercicio o sueño, ahora descubrimos que sufrimos una carencia lumínica», explica el especialista en esto de la luz roja e infrarroja cercana. Él junto a otros expertos del tema coinciden en que esta luz, clave en la evolución de la vida, atraviesa tejidos y hueso para potenciar directamente las mitocondrias, las 'centrales energéticas' de nuestras células. El resultado: más producción de ATP, menos inflamación sistémica y avances en memoria a corto plazo y enfermedades neurodegenerativas como Alzheimer o Parkinson. Según palabras de Espinosa, la luz solar -incluyendo roja, ultravioleta e infrarroja- impulsó las primeras formas de vida y aún activa mecanismos biológicos en nuestras células. El experto denuncia una disrupción moderna: «pasamos el 90% del tiempo en interiores», según un estudio en Nature, lo que nos priva de espectros vitales como el infrarrojo cercano y la luz roja. «Los vidrios filtran estos rayos por aislamiento térmico, agravando la carencia pese a la iluminación artificial rica en azul de los LED, diseñados solo para visión, no para biología», apunta el experto, que critica que «la vida moderna nos ha desconectado de nuestra mayor fuente de energía». La terapia de luz roja consiste en, literalmente, exponer nuestra piel a luces de color rojo o en frecuencias infrarrojas para conseguir una serie de beneficios. Este tipo de terapias utilizan luz con una longitud de onda muy larga -la mayor eficacia está probada en frecuencias de entre 630 y 660 nanómetros y entre 810 y 880 nanómetros- que tiene mayor facilidad para penetrar en la piel y estimular las mitocondrias de las células dérmicas. ​«La luz no es solo para ver. Es un tipo de comunicación entre nosotros y el entorno. Es una señal biológica», afirma en el pódcast. Desde el UVB para vitamina D hasta el infrarrojo que penetra tejidos -incluso el feto lo recibe primero en el vientre materno-, estos espectros mejoran el metabolismo celular y la energía mitocondrial. Espinosa urge compensarlo con exposición solar o terapia de luz roja, como 'suplemento de sol', para restaurar equilibrio perdido en entornos cerrados. Este problema, «equiparable a fallos en nuestra alimentación o rutinas de ejercicio», demanda acción: «¿No nos habíamos planteado que tenemos un problema con la luz? No es un lujo sino una necesidad, por eso, es necesario replantear las rutinas para poder recuperar ese espectro infrarrojo que la biología demanda a gritos para no oxidarse», concluye. En cualquier caso, cabe destacar que el uso excesivo o la utilización de máquinas no verificadas por las entidades sanitarias puede tener efectos negativos; y lo aconsejable, en cualquier caso, es utilizarlas bajo consejo o con el seguimiento de un profesional.

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